Verónica Pérez posa frente al jardín de la Escuela Southwark antes de entrar al plantel para desempeñarse como voluntaria. (Foto: Aleida García)

Cuando el COVID-19 puso fin a las jornadas de 12 horas de Verónica Pérez en un restaurante del sur de Filadelfia en 2020, estuvo a punto de acabar con mucho más que su empleo. Ella sobrevivió al virus, pero los problemas de salud persistentes le impidieron regresar al trabajo que la mantenía alejada de sus hijos durante gran parte del día. Seis años después, el negocio que creó desde su propia cocina —Pizca de Amor, una empresa de postres tradicionales mexicanos y servicio de catering— y que sostiene a su familia, es parte esencial de sus domingos en el Latino Market de FDR Parky la ha convertido en una líder entre los vendedores del mercado.

Vero llegó al café donde nos reunimos con una sonrisa radiante: la imagen de una mujer que reconstruyó su vida un postre a la vez.

Incluso antes de enfermarse, Pérez se preocupaba por el tiempo que su trabajo en el restaurante la mantenía lejos de casa. Su recuperación fortaleció esa determinación.

“Luché por recuperarme porque no podía dejar solos a mis hijos”, dijo.

Buscando una forma de generar ingresos desde su hogar, aprendió por sí misma a preparar todo tipo de postres tradicionales mexicanos. Al principio vendía apenas uno o dos por semana, pero no se desanimó; sabía que el esfuerzo era por sus hijos. Llamó a su negocio Pizca de Amor y comenzó a ofrecer servicios de catering para todo tipo de eventos, exhibiendo sus postres en una mesa con forma de carruaje de Cenicienta que personalizaba para cada ocasión.

Verónica Pérez en su cocina comercial preparando alimentos y postres para su negocio Pizca de Amor. (Foto: Cortesía/Verónica Pérez)

Después llegó el Latino Market en FDR Park, donde vendedores latinos ofrecen comida tradicional y artesanías todos los domingos; sus postres se han convertido en un elemento imprescindible del mercado y, en la actualidad, ella lidera el grupo de vendedores. También ha adquirido una cocina comercial para preparar sus alimentos y postres, y asegura que hoy puede vivir de los ingresos que genera su negocio. Sin embargo, la experiencia transformó sus prioridades. Según explica, las cosas materiales importan mucho menos que el tiempo compartido con sus hijos.

Aurora, hija de Verónica Pérez, posa frente a una hermosa mesa llena de postres preparados por su madre para un evento de catering.

Esa misma determinación también ha beneficiado a su comunidad. Cuando su hija Aurora López, de 11 años, y sus compañeros de la escuela Southwark denunciaron baños dañados que obligaban a los estudiantes a compartir un solo cubículo, Pérez organizó a otros padres y presionó al Distrito Escolar de Filadelfia durante más de un año. Después de que Aurora testificara ante el Concejo Municipal acerca de los baños inundados y en condiciones insalubres, el distrito acordó instalar tráileres sanitarios con lavamanos antes del inicio del nuevo año escolar y la lucha continúa.

Aurora, hija de Verónica Pérez, posa frente a una hermosa mesa llena de postres preparados por su madre para un evento de catering.

Verónica también forma parte del Comité de Trabajadores de Restaurantes de Filadelfia, donde ayuda a empleados que reciben salarios injustos o sufren acoso laboral, situaciones que conoce de primera mano tras años trabajando en la industria. Además, cultiva una parcela en el huerto comunitario Growing Together Community Garden, en la calle Reed, donde comparte orgullosamente fotografías de su reciente cosecha de remolachas.

Esta ejemplar inmigrante, afirma, que el corazón de todo lo que ha logrado nunca ha cambiado.

“Nadie me enseñó a hacer los postres ni a iniciar el negocio”, dijo Pérez. “Mi motivación siempre fueron mis hijos, y mi hija Aurora siempre ha alentado y apoyado mis ideas”.

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