
Desde hace 100 años en que el Dr. Carter G. Woodson creó la Semana de la Historia Afroamericana hasta la actualidad en que esa celebración se extiende a todo un mes, el objetivo ha sido conmemorar la historia afroamericana.

En el marco político, este año fue el primero en que el Caucus Hispano del Congreso (CHC) convocó una mesa redonda afrolatina del Mes de la Herencia Negra. Pretendió elevar la identidad afrolatina y examinar impactos relacionados con raza, política migratoria e inequidades estadísticas sobre las comunidades de la diáspora negra, dando lugar a voces afrolatinas.

Entre los eventos culturales, el Museo Afroamericano de Filadelfia (AAMP) ha programado exposiciones y actividades que celebran héroes y logros de la historia afroamericana, empoderando a los jóvenes para forjar el futuro.
Otro de los eventos que han tenido gran resonancia por sus significados arraigados en las raíces, fue la Fiesta del Super Bowl en Taller Puertorriqueño, donde Bad Bunny compartió el orgullo y significado de ser latino y muchos rostros negros formaron parte de ese paisaje intercultural.
¿Cómo se percibe este mes y sus celebraciones desde la perspectiva afrolatina?
La periodista afrocaribeña radicada en Filadelfia, Lixandra Díaz Portuondo, quien colabora con el Centro Integral de la Mujer Madre Tierra con su proyecto comunicativo Discursivas, considera que la comunidad afrolatina y afrocaribeña, vive, defiende y conserva su cultura todos los días en la cotidianidad, sin necesitar de días o meses específicos, que los conmemoren.

Para la joven cubana “ser afro es parte de nuestra identidad. Es un motivo de celebración en días de fiestas, pero también uno de resistencia cuando las barreras, sesgos y discriminaciones nos entorpecen los procesos de adaptación y desarrollo, algo que se extiende todo el año”.

“Por otra parte hay que tener en cuenta que celebrar la herencia negra es también reivindicar la historia, y es difícil hacerlo en un momento donde se intenta borrar. Por ejemplo, en enero se retiró la exhibición sobre la esclavitud en el Parque Histórico Nacional de la Independencia de Filadelfia y hay una lista de libros prohibidos sobre la historia negra de Estados Unidos.
En momentos como estos, celebrar la herencia negra no es solo hablar de la cultura y la música, sino recordar el valor de la población negra en Estados Unidos para evitar que su historia sea invisibilizada”, comparte en sus análisis.

La periodista presentó recientemente la ponencia “Discursos hegemónicos para la representación de mujeres afrolatinas y afrocaribeñas en medios de comunicación de Estados Unidos y su impacto en la opinión pública” en el marco de conferencias “Desde las periféricas: represiones, representaciones y resistencias de las mujeres afrolatinas, afrocaribeñas y de la diáspora” organizado por el Museo de la Mujer de la Ciudad de México, compartiendo sus hallazgos tras el análisis de treinta artículos publicados en el ecosistema de medios en Filadelfia, entre enero y junio de 2025 en los que aparecían mujeres latinas y afrocaribeñas.
Para la joven cubana “siempre que se rinde homenaje por el Mes de la Herencia Negra es importante hacerlo con la comunidad, preguntar cómo quieren hacerlo y que las iniciativas surjan de ese diálogo”.
Respecto a la efectividad de estos eventos, señala “que si se hacen con y para la comunidad sí pueden ser efectivos”. Pone como ejemplo el Festival Odunde “que, aunque lo celebramos en junio es muestra de un espacio de interacción, comunidad y aprendizaje diaspórico”. Para ella también es importante crear conocimiento “en los meses donde las noticias abordan más este tema”.
“Las bases educativas son importantes. Hay desconocimientos y estereotipos que tienen eco en la sociedad cuando no se cuenta con el bagaje de conocimiento básico para detener la información errónea. La gente suele ignorar los idiomas con sus acentos y variaciones, la alimentación, la música, la danza, el desarrollo cultural y tecnológico de los países alrededor del mundo donde hay comunidades afrodescendientes. Por eso creo que, desde la educación básica y la comunicación, hay que representar mejor a esta población y dejar que muestre y cuente su experiencia por sí misma, en vez de pretender encapsularla en lo que la mayoría supone que es ser afrodescendiente”.
Respecto a su experiencia personal como afrocaribeña en Estados Unidos, señala algunas experiencias como que “la gente ha dudado de que yo sea cubana por ser negra”, o “al visitar lugares atendidos por estadounidenses me reciben bien hasta que me ven hablar con acento o que hablo en español con quien me acompaña. Se quedan confundidos”.
Su reacción es que “insisto en aclarar quién soy como mujer cubana afrocaribeña siempre que hay oportunidad. No me gusta tampoco que la gente me revictimice cuando hago las aclaraciones, lo hago porque dejar pasar estos comentarios tampoco ayuda a que las personas perciban a mi comunidad con la diversidad correspondiente”.
Para Díaz Portuondo “reconocer de dónde venimos, respetar la herencia africana que tenemos y defender nuestra identidad durante el proceso de adaptación al país, es una brújula que nos defenderá de cualquier intento por borrar nuestra historia”.
Insiste en que “es importante no encasillar a las personas de herencia negra en actividades y épocas del año. Contar sus historias de vida y divulgar su trabajo durante todo el año y por razones más allá de lo que implica llevarlo a cabo a pesar de las barreras estructurales discriminatorias, es parte de romper discursos sesgados”.





