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Puerto Rico acogerá conferencia sobre ciudades inteligentes y desarrollo

Bandera de Puerto Rico. (Foto: Ilustrativa/Unsplash)

San Juan,.- Puerto Rico acogerá entre los días 4 y 6 del próximo mes de abril una conferencia sobre ciudades inteligentes y desarrollo con la presencia de expertos locales e internacionales, según informó este lunes en un comunicado la organización del evento.

El comunicado detalla que durante el encuentro se analizarán asuntos como agricultura, salud, transporte, movilidad, infraestructura, energía renovable y servicios al ciudadano, entre otros.

El evento se trata de la séptima edición de Experiencia Puerto Rico, en este año 2022 bajo el tema «Ciudades Inteligentes y Desarrollo Sustentable».

El evento está diseñado para alcaldes, legisladores municipales, regidores y concejales, además de funcionarios relacionados con los temas de desarrollo económico, turismo, obras públicas y finanzas.

Según los organizadores se espera la participación de cerca de 500 líderes de organizaciones representativas de toda Latinoamérica y Estados Unidos.

Como de costumbre el evento contará con la presencia del gobernador, los presidentes de la Federación y Asociación de Alcaldes de Puerto Rico.

El presidente de la Asociación de Alcaldes de Puerto Rico, Luis Javier Hernández Ortiz, sostuvo que se deben comenzar a mover las ciudades a través de los recursos sostenibles, para «mirar el futuro con posibilidades de afianzar lazos en entornos vanguardistas en pro a la calidad de vida de nuestros ciudadanos».

«Como presidente de la Asociación de Alcaldes y alcalde de la ciudad de Villalba considero Experiencia Puerto Rico una oportunidad de expandir e intercambiar ideas en beneficio al Puerto Rico del futuro», dijo. EFE

Biden alerta de que Rusia prepara posibles ciberataques contra Estados Unidos

(Foto: EFE/Ken Cedeno)

Washington, EE.UU.- El presidente estadounidense, Joe Biden, alertó este lunes de que Rusia está «explorando opciones» para lanzar posibles ciberataques contra Estados Unidos, y pidió al sector privado del país que actúe urgentemente para reforzar sus defensas.

Biden hizo esa advertencia al comienzo de una semana que estará más centrada que nunca en la guerra en Ucrania, ya que este miércoles viajará a Bruselas y después a Varsovia para tratar de reforzar la respuesta aliada a la invasión rusa del territorio ucraniano.

Estados Unidos temía desde hace tiempo que Rusia pudiera responder con ciberataques a las sanciones que ha impuesto a Moscú por su invasión de Ucrania, y este lunes aseguró que ha detectado «actividad preparatoria» en ese sentido.

«Tenemos información de inteligencia en evolución que indica que Rusia está explorando opciones para potenciales ciberataques», dijo Biden en un comunicado.

El mandatario urgió al sector privado estadounidense -que es el propietario y gestor de la mayoría de la considerada infraestructura clave- a «acelerar los esfuerzos para cerrar sus puertas digitales» y reforzar sus sistemas de seguridad.

«Ustedes tienen el poder, la capacidad y la responsabilidad de fortalecer la ciberseguridad y resiliencia de los servicios y tecnologías críticas de los que dependen los estadounidenses», recalcó Biden.

«PREPARADOS PARA RESPONDER»

Algunas de las medidas recomendadas por la Casa Blanca a las empresas son implementar sistemas de autenticación de múltiples factores; contratar a profesionales de ciberseguridad para que detecten vulnerabilidades; hacer copias de seguridad de los datos y encriptar la información para que no pueda ser usada si la roban.

La asesora de Biden para Ciberseguridad, Anne Neuberger, aseguró en una rueda de prensa que Estados Unidos estará «preparado para responder» si Moscú lleva a cabo «ciberataques perturbadores contra infraestructura clave» estadounidense.

A finales de febrero, la cadena NBC News informó de conversaciones en la Casa Blanca sobre la posibilidad de lanzar ciberataques contra Rusia que podrían entorpecer su capacidad de seguir adelante con sus operaciones militares en Ucrania.

El año pasado, Biden exigió a Rusia que persiguiera más duramente a los piratas informáticos que actúan en su territorio, y a los que responsabiliza de ciberataques como el que afectó a Colonial, la mayor red de oleoductos de EE.UU.; y el que golpeó a JBS, el procesador de carne más grande del planeta.

Ucrania ha denunciado varios ciberataques a páginas gubernamentales y militares ucranianas que comenzaron antes de la invasión rusa, mientras que Polonia también ha constatado ese tipo de incidentes y otros países de la Unión Europea (UE) se mantienen vigilantes al respecto.

El efecto de la guerra en Ucrania en los mercados globales y las cadenas de suministro centró además una reunión de este lunes de Biden, que conversó con directores ejecutivos de varias empresas sobre cómo minimizar ese impacto, especialmente en los sectores «energético y agrícola», según la Casa Blanca.

EL VIAJE DE BIDEN

Biden también empezó a calentar motores para su viaje de esta semana a Europa, al participar en una llamada telefónica de una hora con los líderes de Francia, el Reino Unido, Alemania e Italia.

Los cinco evaluaron cómo responder a «los ataques de civiles» de Rusia en Ucrania, cómo aumentar la ayuda humanitaria a los ucranianos y cómo apoyar los esfuerzos para alcanzar un alto el fuego, indicó la Casa Blanca en un comunicado.

Biden llegará a Bruselas la noche del miércoles y el jueves participará en tres cumbres: la de líderes de la OTAN, la de la Unión Europea (UE) y otra del G7, antes de dar una rueda de prensa.

El viernes despegará hacia Polonia, donde su agenda no está demasiado clara todavía, más allá de la reunión que tiene programada el sábado con el presidente polaco, Andrzej Duda, antes de volar de vuelta a Washington.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, insistió este lunes en que no hay ningún plan de que Biden visite Ucrania, pero no descartó que pueda reunirse con refugiados ucranianos en Polonia.

«Los refugiados son una parte clave de su parada en Polonia», aseguró Psaki durante su rueda de prensa diaria.

Biden viajará acompañado del secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, cuyo portavoz, John Kirby, confirmó este lunes que el Pentágono está ayudando a recopilar pruebas de crímenes de guerra cometidos por Rusia en Ucrania.

En una rueda de prensa, Kirby explicó que lo único que hará Estados Unidos es contribuir al «proceso de investigación», ante posibles procesos en el futuro para que los autores de esos posibles crímenes de guerra rindan cuentas ante la justicia.

«Claramente, (los rusos) están causando grandes números de víctimas civiles», denunció Kirby.

Pulso de la pandemia en Filadelfia

Philadelphia Department of Public Health (Foto: Archivo/Impacto)

FILADELFIA. –  El Departamento de Salud Pública de Filadelfia informó hoy que se han administrado 9,011 dosis adicionales de la vacuna COVID-19 desde el último reporte del pasado lunes 14 de marzo de 2021. Esto eleva el número total de residentes totalmente vacunados a por lo menos 1,050,463, y el número de residentes con al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19 a 1,271,338. Actualmente, el 76.6 por ciento de los adultos de Filadelfia están totalmente vacunados, y más del 94.6 por ciento de la población adulta de Filadelfia ha recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19.

Todos los residentes de cinco años o más son elegibles para vacunarse en Filadelfia. El  34.9 por ciento de los niños de 5 a 11 años ha recibido al menos una dosis de vacuna. Entre los residentes de Filadelfia elegibles de 12 años o más, el 75.7 por ciento está completamente vacunado y el 93.3 por ciento ha recibido al menos una dosis de la vacuna COVID-19.

El Departamento de Salud informa que 69 pacientes con COVID-19 están siendo tratados actualmente en los hospitales de Filadelfia, con un total de 10 en respiradores.

En las últimas dos semanas, el 1.8 por ciento de las pruebas de COVID-19 han dado positivo. Hasta ahora, durante la pandemia,  276,267  residentes de Filadelfia han sido diagnosticados con COVID-19, y  4,955  han sucumbido al virus. Filadelfia está registrando un promedio de 59 nuevos casos de COVID-19 por día en las últimas dos semanas.

Nivel de respuesta semanal de COVID-19: El nivel de respuesta del COVID-19 de esta semana es “Todo despejado”. Esto significa que no se requiere vacuna para los lugares que sirven comida o bebida, tampoco se requiere el uso de mascarillas en lugares públicos cerrados. Tenga en cuenta que las mascarillas siguen siendo necesarias en las escuelas e instituciones de educación superior, así como en los centros de salud y el transporte público. Las empresas y otras instituciones pueden ser más estrictas que los niveles de respuesta COVID-19 de la Ciudad, por lo que algunas empresas pueden exigir una prueba de vacunación o que todo el mundo lleve una mascarilla. Los criterios y mandatos para cada nivel de respuesta COVID-19 se encuentran en línea.

COVID-19 | Recursos de Ayuda

Ayatolá Jamenei muestra apoyo a negociación nuclear de Irán

El líder supremo iraní, ayatolá Alí Jamenei, en Teherán, el 21 de marzo del 2022. Foto facilitada por el website oficial del líder supremo iraní. (Foto: Website oficial del líder supremo iraní/AP)

TEHERÁN (AP) — El máximo líder religioso de Irán manifestó el lunes su apoyo a las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán que aseguraría un relajamiento de sanciones económicas impuestas por Occidente, una referencia inusual al diálogo estancado cuando las potencias mundiales se acercan a un punto decisivo diplomático.

El ayatolá Alí Jamenei subrayó la importancia de que la economía iraní sea autosuficiente, durante un largo discurso televisado a raíz del Nouruz, el Año Nuevo Persa. Sin embargo, hizo una aclaración,

“No digo que ustedes no deberían buscar el levantamiento de las sanciones. Aquellos que están tratando y yéndose por ese camino, no hay problema”, indicó.

Jamenei, cuyos pronunciamientos son considerados cruciales dado a que él tiene la última palabra en todas las cuestiones de Estado en Irán, se ha mantenido prácticamente en silencio con respecto a las negociaciones para restaurar el pacto nuclear de Teherán con las potencias mundiales. Sus declaraciones vagas pero alentadoras dan a entender que los negociadores iraníes han mantenido un espacio y flexibilidad política.

El expresidente de Estados Unidos Donald Trump retiró a su país del acuerdo nuclear en 2018. El actual mandatario Joe Biden prometió reintegrarse. Las meticulosas negociaciones en Viena se han llevado a cabo por el último año. Irán, con su economía asfixiada, ha pedido un relajamiento de las sanciones pero al mismo tiempo pretende resistirse a las demandas de Occidente.

Las negociaciones estuvieron cerca de completarse este mes antes que Moscú exigiera que su tratado comercial con Irán esté exento de las sanciones de Occidente a raíz de su invasión a Ucrania, lo cual mandó el proceso al caos. Los negociadores aún no se han vuelto a reunir en la capital austriaca y no queda claro qué obstáculos les esperan.

Irán considera generalmente a Rusia un aliado y comparte las posturas antiestadounidenses y antioccidentales del presidente ruso Vladimir Putin.

Parejas de cine pero no de Óscar

(Foto: EFE/CAROLINE BREHMAN/Archivo)

Redacción Cultura,.- ¿Qué tienen en común Katharine Hepburn y Spencer Tracy, Elizabeth Taylor y Richard Burton o Penélope Cruz y Javier Bardem además del hecho de ser parejas en la vida real? Que cada par fue nominado al Óscar en categorías de interpretación en el mismo año. Pero nadie ha conseguido el doblete hasta ahora.

Un ansiado doblete que en esta edición podrían lograr tanto la pareja española -Penélope Cruz y Javier Bardem- como la formada por Kirsten Dunst y Jesse Plemons, estos nominados en las categorías de interpretación secundaria por «The Power of the Dog».

Estos son algunos de los casos más conocidos de parejas de actores nominadas en el mismo año:

1932. Era la quinta edición de los Óscar y ya se produjo la primera doble nominación en categorías de actuación de una pareja en la vida real. Fueron Alfred Lunt y Lynn Fontanne, ambos por «The Guardsman», pero ninguno triunfó.

1940. Vivien Leigh optaba al Óscar por «Gone with the Wind» y Laurence Olivier por «Wuthering Heights». Ella lo ganó. Él tendría que esperar a 1949, por «Hamlet». Se casaron poco después de los premios y su relación duraría hasta 1960.

1964. Rachel Roberts y Rex Harrison llegaron a la gala como candidatos por «This Sporting Life» y «Cleopatra». No lo ganó ninguno pero él lo ganaría al año siguiente por «My Fair Lady».

1967. «Who’s Afraid of Virginia Woolf?» le dio su segundo Óscar a Elizabeth Taylor, mientras que su marido, nominado por el mismo filme, se fue de vacío. Era su quinta candidatura y aún obtendría otros dos, pero es uno de los grandes talentos del cine que nunca consiguió un premio de la Academia de Hollywood.

1968. La gran Katharine Hepburn ganó su segunda estatuilla por «Guess Who’s Coming to Dinner». Lo había conseguido antes por «Morning Glory» (1934) y repetiría en 1969 por «The Lion in Winter» y en 1982 por «On Golden Pond». Un récord que no ha superado ni Meryl Streep.

Su pareja, Spencer Tracy, con quien mantuvo una relación de más de 25 años aunque nunca se casaron porque él no se divorció de su mujer, también estaba nominado, pero no pudo asistir a la gala porque falleció unos meses antes. Y no ganó el Óscar. Ambos habían coincidido nominados también en 1956, aunque ninguno ganó. Él por «Bad Day at Black Rock» y ella por «Summertime».

1969. Otra pareja mítica nominada por el mismo filme, Paul Newman y Joanne Woodward, por «Rachel, Rachel». Pero el actor en este caso se quedó detrás de las cámaras y su nominación fue por mejor película. Ninguno de los dos ganó. Ella ya tenía un Óscar y él no lo consiguió hasta 1987 por «The Color of Money», aunque antes había conseguido uno de Honor.

1982. Diane Keaton y Warren Beatty mantuvieron una corta relación que duró apenas tres años y que se acabó poco después del estreno de «Reds», la película por la que ambos fueron nominados. De los tres Óscar que se llevó el filme ninguno fue para ellos como intérpretes, pero Beatty se alzó con la estatuilla a mejor director.

1986. Jack Nicholson y Angelica Huston formaban, en apariencia, una sólida pareja, que estalló por los aires por las infidelidades del actor. Trabajaron juntos en la brillante «Prizzi’s Honor» por el que la actriz se llevó su único Óscar en un filme dirigido por su padre, el gran John Huston.

2006. En la edición de ese año «Brokeback Mountain», de Ang Lee, era una de las películas de las que más se hablaba. Tenía 8 nominaciones de las que tres se tradujeron en premio pero ninguna fue para la pareja formada por Heath Ledger y Michelle Williams. Él falleció tan solo dos años después, pero le dio tiempo a demostrar su enorme talento y consiguió el Óscar, de manera póstuma, por su Joker de «The Dark Knight».

2009. Una de las parejas más polémicas de los últimos años, Brad Pitt y Angelina Jolie, coincidieron en nominación en 2009, por «The Curous Case of Benjamin Button» y «Changeling». Se fueron de vacío. La actriz ya tenía un Óscar, conseguido en 2000 por «Girl, Interrupted», antes de su relación con Pitt, que lo ganó en 2020, por «Once Upon a Time in… Holyywood», cuando ya no estaban juntos.

2016. La edición de aquel año podría haber sido la de la consagración de Michael Fassbender, que llegaba con su segunda nominación, por «Steve Jobs», pero la que ganó el Óscar fue su entonces novia y ahora mujer, Alicia Vikander, como actriz de reparto por «The Danish Girl».

2022. Y en la edición de este año no hay una sino dos parejas nominadas.

Una es la formada por Kirsten Dunst y Jesse Plemons, ambos candidatos en las categorías de reparto por «The Power of the Dog» en la que interpretan a una pareja. Para ambos es su primera nominación.

Y la segunda es la de Penélope Cruz y Javier Bardem, por «Madres paralelas» y «Being the Ricardos», respectivamente. Es la cuarta nominación para ambos y sería el segundo Óscar para los dos. La actriz lo consiguió por «Vicky Cristina Barcelona» en 2009 y el actor un año antes, como secundario, por «No es país para viejos».

Este domingo se celebrará la gala de la 94 edición de los Óscar y, a tenor de las apuestas de medios especializados, no parece fácil que esta vez se consiga el doble premio para una pareja.

Escape de Mariúpol, un puesto de control a la vez. Hubo 15

El fotoperiodista Associated Press Mstyslav Chernov fotografiado junto al humo que produjo un bombardeo ruso a una base aérea en Mariúpol (Ucrania) el 24 de febrero del 2022. (Foto: AP/Evgeniy Maloletka)

Mariúpol, Ucrania (AP) — Los rusos nos buscaban. Tenían una lista de nombres, incluidos los nuestros, y se nos acercaban.

Habíamos estado informando acerca del sitio de Mariúpol durante dos semanas y éramos los únicos periodistas internacionales que quedaban en la ciudad. Lo cubríamos desde un hospital donde individuos armados se paseaban por los pasillos. Unos cirujanos nos dieron delantales para hacernos pasar por personal médico.

De repente, al amanecer, una docena de soldados irrumpieron en el salón donde nos encontrábamos. “¿Dónde están los periodistas?”, preguntaron.

Tenían cintas azules en sus brazos, el color de Ucrania. Durante un momento consideré la posibilidad de que fuesen rusos disfrazados. Pero finalmente di un paso hacia delante y me identifiqué.

“Vinimos a sacarlos de aquí”, me dijeron.

Las paredes de la sala de operaciones se estremecían por el fuego de artillería y de ametralladoras y daba la impresión de que estábamos más seguros adentro. Pero los soldados ucranianos tenían la orden de llevarnos.

Mstyslav Chernov es un videoperiodista de la Associated Press. Este es su relato del sitio de Mariúpol, documentado por el fotógrafo Evgeniy Maloletka y redactado por la corresponsal Lori Hinnant.

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Corrimos hacia la calle, abandonando a los médicos que nos habían refugiado, a la mujer embarazada que había resultado herida en un bombardeo y a la gente que dormía en los pasillos porque no tenían adónde ir. Me sentí terrible el dejarlos.

Durante nueve minutos inacabable, tal vez diez, pasmos junto a edificios de departamento destruidos por las bombas. Hubo una explosión cerca y nos tiramos al piso. El tiempo lo medíamos según los estallidos, una bomba a la vez. Conteníamos la respiración. Cada estallido me estremecía y tenía las manos frías.

Llegamos a un portón y personas con vehículos blindados nos llevaron a un sótano oscuro. Recién entonces nos enteramos de boca de un policía que conocíamos por qué los ucranianos habían arriesgado sus vidas para sacarnos del hospital.

“Si los agarran, los pondrán frente a una cámara y los harán decir que todo lo que filmaron fue falso”, me dijo. “Todo su esfuerzo y todo lo que hicieron en Mariúpol habrá sido en vano”.

El agente, que en una ocasión nos pidió que le mostrásemos al mundo la muerte de su ciudad, ahora nos imploraba que nos fuésemos de allí. Nos condujo hacia un sitio con miles de autos desvencijados que se preparaban para salir de Mariúpol.

Esto ocurrió el 15 de marzo. No sabíamos si saldríamos vivos.

Me crié en Járkiv, a 32 kilómetros (20 millas) de la frontera con Rusia, y de adolescente aprendí a usar armas en la escuela. Me pareció que no tenía sentido alguno esa instrucción. Ucrania, me decía a mí mismo, está rodeada de amigos.

He cubierto guerras en Irak, Afganistán y el territorio disputado de Nagorno Karabaj, tratando de mostrarle al mundo la devastación que producen de primera mano. Pero cuando los estadounidenses, y después los europeos, evacuaron sus embajadas de Kiev este invierno y cuando vi el despliegue de tropas de Rusia cerca de mi ciudad, lo único que pensé fue, “pobre mi país”.

En los primeros días de la guerra, los rusos bombardearon la enorme Plaza de la Libertad en Járkiv, que yo frecuentaba cuando tenías 20 años. Sabía que para los rusos el puerto de Mariúpol, en el este del país, era un botín estratégico preciado por su ubicación junto al Mar de Azov. Por eso, en la víspera del 23 de febrero, fui allí con mi colega de años Evgeniy Maloletka, fotógrafo ucraniano de la Associated Press, en su camioneta Volkswagen blanca.

En el camino empezamos a preocuparnos por cosas como neumáticos de repuesto y encontramos en la internet un individuo de la zona dispuesto a vendernos uno en plena noche. Les explicamos a él y al cajero de una tienda que funcionaba las 24 horas que nos estábamos preparando para la guerra. Nos miraron como si estuviésemos locos.

Llegamos a Mariúpol a las 3.30 de la noche. La guerra empezó una hora más tarde.

Aproximadamente una cuarta parte de los 430.000 residentes de Mariúpol se fueron de la ciudad en los primeros días de la invasión. Pero poca gente pensaba que se venía una guerra y, para cuando se dieron cuenta de que estaban equivocados, ya era demasiado tarde para irse.

A fuerza de bombardeos, los rusos cortaron el suministro de electricidad, agua, alimentos y, finalmente, los servicios de teléfonos celulares, radio y televisión. Los pocos periodistas que quedaban se fueron antes de que cortasen las últimas comunicaciones y se estableciese un bloqueo total.

La falta de información en medio de un bloqueo logra dos objetivos.

El primero, generar un caos. La gente no sabe qué está pasando y cae presa del pánico. Al principio, no entendíamos por qué Mariúpol cayó tan rápido. Ahora sé que ello se debió a la falta de comunicaciones.

El segundo objetivo es la impunidad. Al no haber información, no se ven fotos de edificios derrumbados ni de niños muertos y los rusos pueden hacer lo que les venga en gana. De no ser por nosotros, no se sabría nada.

Es por ello que corrimos tantos riesgos, para que el mundo viese lo que vimos nosotros. Y eso es lo que hizo que los rusos se enfureciesen tanto con nosotros como para tratar de capturarnos.

Nunca, jamás, sentí que romper el silencio fuese tan importante.

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La muerte empezó a rondar pronto. El 27 de febrero vimos cómo los médicos trataban de salvar a una niñita herida por metralla. No lo lograron.

Una segunda niña falleció. Y una tercera. Las ambulancias dejaron de recoger heridos porque no había forma de comunicarse con ellas y tampoco podían exponerse a los bombardeos.

Los médicos nos pedían que filmásemos a las familias que llevaban ellas mismas a sus muertos y heridos, y nos dejaron usar sus generadores para cargar nuestras cámaras. Nadie sabe lo que está pasando en nuestra ciudad, nos decían.

Las bombas alcanzaron el hospital y las casas a su alrededor. Rompieron las ventanas de nuestra camioneta, abrieron un hueco a un costado del auto y reventaron un neumático. A veces salíamos para filmar una casa incendiada y regresábamos entre las explosiones.

Había un sitio en la ciudad donde todavía se podía conseguir conexión, junto a una tienda de comestibles saqueada en la avenida Budivel´nykiv. Una vez por día, íbamos en auto allí y nos agazapábamos junto a una escalera para transmitir fotos y videos al mundo. La escalera no ofrecía demasiada protección, pero nos sentíamos un poco más a resguardo que si no hubiese nada.

La señal se interrumpió el 3 de marzo. Tratamos de transmitir nuestros videos desde las ventanas del séptimo piso del hospital. Fue desde allí que vimos desmoronarse lo poco que quedaba de esta ciudad de clase media.

La gran tienda Port City estaba siendo saqueada. Nos encaminamos hacia allí entre el fuego de artillería y metralla. Decenas de personas corrían y se llevaban carritos llenos de artículos electrónicos, comida y ropa. Explotó una bomba en el techo de la tienda y yo caí al piso afuera. Me puse nervioso, a la espera de otro bombazo. Maldije cien veces porque la cámara no estaba activada para filmar la escena. Acto seguido, cayó una bomba en un edificio muy cerca de donde estaba. Busqué amparo. A mi lado pasó un adolescente con una silla de oficina con ruedas, en la que llevaba aparatos electrónicos y cajas que se le caían. “Mis amigos estaban allí. La bomba explotó a diez metros de donde estábamos”, me dijo. “No sé lo que pasó con ellos”.

Regresamos apresuradamente al hospital. En 20 minutos empezaron a llegar los heridos, algunos de ellos en carritos de la tienda.

Durante varios días nuestro único contacto con el mundo exterior fue un teléfono satelital. Y el único sitio donde funcionaba el teléfono era afuera, junto a un cráter causado por una bomba. Me sentaba en el piso, me encogía y trataba de conectarme.

La gente nos preguntaba cuándo se terminaría la guerra. No sabía qué decirles.

Todos los días circulaban rumores de que el ejército ucraniano rompería el sitio. Pero no llegó nadie.

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Nos codeábamos con la muerte en el hospital y en las calles, donde había cadáveres, decenas de ellos apilados en una fosa común. Vi tanta muerte que filmaba casi sin darme cuenta de lo que sucedía mi alrededor.

El 9 de marzo dos bombardeos aéreos destrozaron el plástico que cubría las ventanas de nuestra camioneta. Vi la bola de fuego y al instante sentí un fuerte dolor en mis oídos, en la piel, en la cara.

Vimos columnas de humo de una maternidad. Cuando llegamos, personal de rescate todavía estaba sacando el cuerpo ensangrentado de una mujer embarazada de entre las ruinas. Casi no nos quedaba batería y no había conexión para enviar mensajes. En cuestión de minutos comenzaría a regir un toque de queda. Un policía nos escuchó hablar acerca de cómo transmitir la noticia del ataque el hospital.

“Esto cambiará el curso de la guerra”, nos dijo. Y nos llevó a un sitio con electricidad y una conexión de internet.

Habíamos filmado una cantidad de muertos, de niños muertos, una fila inacabable. No comprendía por qué pensaba que más muertes podrían cambiar algo. Me equivoqué.

En medio de la oscuridad, enviamos las imágenes usando tres teléfonos celulares para acelerar el proceso. Nos tomó horas y terminamos mucho después de que empezó el toque de queda. Los bombardeos continuaban, pero los agentes que nos habían asignado para que nos acompañasen en nuestras vueltas por la ciudad esperaron pacientemente.

Nuestro contacto con el mundo exterior volvió a interrumpirse.

Nos fuimos al sótano de un hotel vacío, con un acuario lleno de peces dorados muertos. En nuestro aislamiento, no sabíamos nada acerca de la campaña de desinformación montada por los rusos para generar dudas acerca de nuestro trabajo.

La embajada rusa en Londres difundió dos tuits diciendo que las fotos de la AP eran falsas y que la mujer embarazada era una actriz. El embajador ruso mostró copias de las fotos en una reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y repitió mentiras acerca del ataque a la maternidad.

En Mariúpol, mientras tanto, la gente nos preguntaba por las últimas noticias de la guerra. Cantidades de personas se me acercaron y nos pidieron que las filmásemos para que sus familias en otras partes supiesen que estaban vivas.

A esta altura no funcionaban ni la radio ni la televisión en Mariúpol. Solo se podían escuchar las transmisiones rusas, llenas de mentiras. Que los ucranianos tenían a Mariúpol como rehén, que les disparaban a los edificios, que estaban fabricando armas químicas. La propaganda era tan intensa que algunas personas con las que hablamos la creían, a pesar de lo que veían con sus propios ojos.

Se repetía un mensaje al estilo soviético: Mariúpol está rodeada. Entreguen sus armas.

El 11 de marzo, en una llamada corta y sin detalles, nuestro editor nos preguntó si podíamos encontrar mujeres que sobrevivieron al ataque a la maternidad para demostrar que existían. Comprendí que nuestras filmaciones habían sido tan fuertes que motivaron una respuesta del gobierno ruso.

Las encontramos en un hospital en el frente de combate. Algunas con sus bebés, otras dando a luz. También nos enteramos de que la mujer que filmamos había perdido su bebé y también su vida.

Subimos al séptimo piso para transmitir el video a través de una débil conexión. Desde allí, vi un tanque tras otro avanzando junto al hospital, todos con la letra Z, el emblema ruso de la guerra.

Estábamos rodeados: Decenas de médicos, cientos de pacientes y nosotros.

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Los soldados ucranianos que nos habían estado protegiendo en el hospital habían desaparecido. Y en el camino hacia nuestra camioneta, donde teníamos comida, agua y equipo, había un francotirador ruso que ya había herido a un médico que se aventuró a salir del hospital.

Pasaron las horas en la oscuridad, con el ruido de explosiones a nuestro alrededor. Fue por entonces que llegaron los soldados a buscarnos, gritando en ucraniano.

No sentimos que nos estaban rescatando. Sentimos que nos llevaban de un lugar peligroso a otro. Ya no había sitios seguros en Mariúpol. Uno podía morir en cualquier momento.

Me sentí muy agradecido con los soldados, traumatizado. Me avergonzaba porque nos estábamos yendo. Nos subimos a un Hyundai con tres miembros de una familia y nos sumamos a una cola de vehículos que salían de la ciudad de cinco kilómetros (tres millas). Unas 30.000 personas lograron salir de Mariúpol ese día. Tantas que los soldados rusos no tuvieron tiempo de inspeccionar de cerca vehículos con pedazos de plástico en sus ventanas.

La gente estaba nerviosa. Se peleaban y gritaban. Había un avión que sobrevolaba y estallidos. La tierra se sacudía.

Cruzamos 15 puestos de control rusos. En cada uno, la madre sentada adelante imploraba en voz alta, como para que la oyésemos.

Con cada puesto de control que pasábamos, mis esperanzas de que saldríamos con vida de Mariúpol disminuían. Sabía que, para llegar a la ciudad, el ejército ucraniano tendría que cubrir demasiado terreno. Eso no iba a pasar.

Al amanecer llegamos a un puente destruido por los ucranianos para frenar el avance ruso. Una caravana de unos 20 vehículos de la Cruz Roja había quedado varada allí.

En el 15to puesto de control, los guardias hablaban ruso con un fuerte acento del Cáucaso. Ordenaron a todos los vehículos que apagasen las luces para no alumbrar las armas y el equipo que tenían allí. Apenas si pude distinguir la Z blanca pintada en ellos.

El llegar al 16to puesto de control, escuchamos voces. Hablaban ucraniano. Sentí un enorme alivio. La madre en el asiento de adelante se puso a llorar. Habíamos salido de Mariúpol.

Éramos los últimos periodistas que quedaban en Mariúpol. Ahora no había nadie.

Todavía nos llueven mensajes de personas que quieren saber de sus seres queridos que filmamos y fotografiamos. Nos escriben cartas desesperadas e íntimas, como si fuésemos viejos conocidos y los pudiésemos ayudar.

Cuando el bombardeo ruso destruyó un teatro en el que se habían refugiado cientos de personas la semana pasada, sabía exactamente lo que había que hacer para ver si había sobrevivientes, escuchar de primera mano lo que se sentía al estar encerrado por horas debajo de escombros. Conozco el edificio y las casas dañadas a su alrededor. También conozco gente atrapada allí abajo.

Y el domingo, las autoridades ucranianas dijeron que Rusia había bombardeado una escuela de arte con 400 personas en su interior en Mariúpol.

Pero ya no podíamos filmar eso.

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Este es el relato que hizo Chernov a Lori Hinnant, quien escribió la nota en París. Vasylisa Stepanenko colaboró en este despacho.

La ONU avisa del impacto en el clima de la carrera para sustituir el gas ruso

(Foto: EFE/JASON SZENES)

Naciones Unidas, .- El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó este lunes del impacto que puede tener en materia de clima la carrera que muchos países están emprendiendo para reemplazar cuanto antes las importaciones de gas y petróleo ruso.

«Los países pueden verse tan obsesionados por la carencia inmediata de suministro de combustibles fósiles que descuiden o dejen de lado las políticas para reducir el uso de combustibles fósiles. Esto es una locura», avisó Guterres en una intervención por vídeo en un foro organizado por The Economist.

Según el jefe de Naciones Unidas, las medidas a corto plazo para sustituir el petróleo y el gas ruso «pueden crear a largo plazo dependencia de los combustibles fósiles» y hacer definitivamente imposible el cumplimiento de las metas fijadas en el Acuerdo de París para combatir el cambio climático.

Ese gran pacto sellado en 2015 busca entre otras cosas limitar a 1,5 grados la subida de las temperaturas con respecto a la media de la era preindustrial (1850-1900), un objetivo que Guterres consideró hoy que está «en cuidados intensivos».

«De acuerdo a los actuales compromisos nacionales, las emisiones globales aumentarán casi un 14 por ciento durante la década de 2020. Sólo el año pasado, las emisiones de CO2 vinculadas a la energía crecieron un 6 por ciento hasta sus niveles más altos de la historia. Las emisiones procedentes del carbón han aumentando a cifras máximas. Caminamos como sonámbulos hacia la catástrofe climática», advirtió.

El secretario general de la ONU insistió en que la responsabilidad es sobre todo de los países del G20, que representan un 80 por ciento del total de emisiones y que, entre otras cosas, siguen utilizando el carbón para la generación de energía.

«Su apoyo al carbón podría no sólo costar al mundo sus objetivos climáticos. Es una inversión estúpida», insistió Guterres, que recalcó la importancia de impulsar un nuevo modelo energético que permita limitar el calentamiento global y contar con un suministro más seguro.

En ese sentido, dijo que la guerra en Ucrania está volviendo a mostrar que la dependencia de los combustibles fósiles pone al mundo «a merced de los choques y crisis geopolíticos».

Unos 500 millones de personas viven en África sin seguridad del agua

(Foto: EFE/Gustavo Amador)

Toronto (Canadá), .- Un estudio dado a conocer este lunes por la ONU advierte que 500 millones de personas en África viven sin seguridad del agua y que en los últimos años, sólo 13 de los 54 países africanos han conseguido «niveles modestos» de seguridad de los recursos hídricos y sistemas sanitarios.

El análisis, realizado por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (INWEH por sus siglas en inglés) de la Universidad de las Naciones Unidas, con sede en Canadá, es el primero que se realiza sobre la seguridad del agua en el continente africano y se da a conocer un día antes de la celebración del Día Mundial del Agua.

Los investigadores de la ONU han utilizado 10 indicadores para evaluar la seguridad del agua, un concepto que se refiere no sólo a la cantidad de recursos hídricos que un país posee sino también a su gestión para asegurar que la población tiene «acceso a cantidades adecuadas de agua con una calidad aceptable para sustentar» la vida y actividades socio-económicas.

INWEH concluyó que sólo un país en África, Egipto, obtiene más de 70 puntos sobre 100 con respecto a la seguridad del agua y que, en los últimos años, únicamente 13 alcanzaron un «nivel modesto de seguridad del agua».

Más de un tercio de los 54 países del continente, 19, donde viven unos 500 millones de personas, tienen niveles de seguridad del agua por debajo de 45 puntos, que es considerado el mínimo.

Una de las autoras del estudio, la científica Grace Oluwasanya, explicó en un comunicado que «en conjunto, los niveles de seguridad del agua de África son bajos».

Ouwasanya añadió que ningún país ni subregión del continente, «han conseguido en estos momentos una situación que pueda ser considerada modelo o incluso una etapa ‘efectiva’ de seguridad del agua».

INWEH dijo que Egipto, Botsuana, Gabón, Mauricio y Túnez son los países de África con mayor seguridad del agua mientras que Somalia, Chad y Níger son los peores.

El informe también concluye que la mayoría de los países africanos no ha realizado casi ningún avance en el tema de la seguridad del agua en los últimos tres a cinco años. De hecho, 25 de los países del continente no han realizado ningún avance en esta materia.

Uno de los 10 indicadores utilizados por los investigadores de INWEH para clasificar la seguridad del agua, es el del acceso de agua potable.

El estudio señala que mientras en Egipto el acceso al agua potable es del 99 %, en la República Centroafricana la cifra es sólo del 37 % y que la media en el continente del servicio básico de agua potable es del 71 %, lo que supone que 353 millones de personas no tienen acceso.

Otro indicador es el del acceso a servicios de saneamiento. Mientras que una minoría de países, especialmente en el Norte de África, ha alcanzado el 100 %, en Chad y Etiopía el acceso es de sólo el 20 % de la población.

En el conjunto del continente, sólo un 60 % de la población tiene acceso a servicios limitados de saneamiento.

Time to retool census? Some think so after minorities missed

Census Bureau Director nominee Robert Santos, testifies before the Senate Homeland Security and Governmental Affairs committee, Thursday, July 15, 2021, on Capitol Hill in Washington. Santos said Monday, Feb. 21, 2022, that he has gone on a listening tour with stakeholders and the agency is making permanent community outreach efforts in an effort to restore any trust that was lost following attempts by the Trump administration to politicize the nation's head count. (Foto: AP/Jacquelyn Martin)

Is it time to rethink the census and other surveys that measure changes in the U.S. population?

Policymakers and demographers have been asking that question since results released by the U.S. Census Bureau this month showed Black, Hispanic, American Indian and other minority residents were undercounted at greater rates in 2020 than in the previous decade.

On the top of that, results from a version of its most comprehensive survey that compares year-to-year changes in U.S. life had to be mostly scrapped because disruptions caused by the pandemic produced fewer responses in 2020.

“The current model of coming up with a master address list, mailing everybody an invitation — like you’re inviting people to a party and hoping they respond, and if not, you’re going to track them down — I think it’s an obsolete system,» said Arturo Vargas, CEO of NALEO Educational Fund, a nonpartisan nonprofit that supports Latino political engagement.

The undercounts in the 2020 census were blamed on the pandemic, natural disasters and political interference from the Trump administration, but undercounts of racial and ethnic minorities are nothing new to the census; they’ve been persistent for decades.

In recent years, the cost of censuses and surveys have grown while public participation rates for surveys have declined. The bureau’s biggest between-census effort to take the measure of the U.S. population, the American Community Survey, produces 11 billion statistics from interviews with 3.5 million households each year, and the once-a-decade census tallies every U.S. resident for a count used in divvying up federal funding and congressional seats among the states as well as redrawing political districts.

“What we have today largely is still a 20th century, survey-centric statistical system,” Ron Jarmin, the chief operating officer of the Census Bureau, said last December when he was serving as the agency’s acting director.

Even before the release of the 2020 report card earlier this month, the Census Bureau had been developing new ways of gathering data. Chief among them is the embryonic Frames Program that would combine all kinds of data sets, including administrative records from the private sector and government agencies, as well as surveys and censuses that have been staples of Census Bureau data-gathering for decades.

Under the concept, one data set such as an individual’s IRS file would be linked to another, such as the individual’s Census Bureau survey response. Eventually, data related to people’s addresses, demographics, businesses and jobs would all be linked together.

In 2030, when the next census takes place, the program could help count people with good administrative records or links to other records, and more resources could be devoted toward households that are the hardest to count, Census Bureau Director Robert Santos said in a recent interview with The Associated Press.

“We are looking to take advantage of existing technology, and that necessarily includes the merging of large databases on people, not to create a Big Brother society, but to supplement and reduce the burden on our population when it comes time to gather data,” said Santos, who was appointed by President Joe Biden.

Relying on administrative records may have its own problems because some groups, such as people in the country illegally, often have little paper trail.

Besides naming an unusually high number of political appointees to the Census Bureau, the Trump administration unsuccessfully attempted to use administrative records to get a tally of the number of people in the country illegally so they could be eliminated from the count used for allocating congressional seats.

Any effort to revamp how the count is conducted will need to be protected from similar efforts to misuse the count for political purposes, said Paul Ong, a professor emeritus of urban studies at UCLA.

“The 2020 enumeration was a wakeup call,” Ong said. “The Census Bureau has a very important and fundamental function in our society. It is the keeper of our demographic truths.”

From a purely civic perspective, Terri Ann Lowenthal, a former congressional staffer who specializes in census issues, worries a greater reliance on administrative records at the expense of public participation will be one less thing that engages everyone in the U.S., no matter their background.

“If you are in a millionaire’s mansion or living in a tent under a bridge, you matter to the census,” Lowenthal said.

The Census Bureau has been at the forefront of advances in data gathering and processing — whether using punch cards and electronic tabulators at the end of the 19th century or employing the first modern computer installed by a civilian government agency for the 1950 census. For the 2020 census, it tried several new approaches.

For the first time, the internet was the primary mode for answering the census questionnaire, and the 2020 census was the first to use administrative records from places like the Social Security Administration to fill in data gaps for households that didn’t respond. Bureau statisticians also are blending other data sets with census data for the first time to create yearly population estimates.

The Census Bureau could improve the accuracy of the undercounted communities if Congress would allow it to use a statistical method that adjusts the population count to compensate for undercounts, Lowenthal said. That statistical tool has been prohibited for the count used for dividing congressional seats among the states for more than two decades.

Outreach to overlooked communities and more consistent funding from Congress also needs to be in the mix, said Allison Plyer, chief demographer of The Data Center in New Orleans.

“There isn’t going to be a silver bullet,” said Plyer, former chair of the bureau’s scientific advisory committee. “All of these things need to work together in concert.»

DUI probe opened after 2 troopers, civilian killed in crash

Troopers Martin F. Mack III, 33, and Branden T. Sisca, 29, were killed after being struck by a vehicle on Interstate 95 south in Philadelphia early Monday morning. (Pennsylvania State Police)

PHILADELPHIA (AP) — State police have opened a driving under the influence investigation following the deaths of two Pennsylvania troopers and a civilian struck by a vehicle on an interstate in Philadelphia early Monday, state police said.

Trooper Martin F. Mack III and Trooper Branden T. Sisca were dispatched after a man was reported walking in the southbound lanes of I-95 near the sports stadiums in south Philadelphia, Capt. James Kemm said.

The troopers arrived around 12:45 a.m. Monday and were trying to take the man into custody and walk him back to their vehicle when another vehicle “traveling at a high rate of speed» struck all three, Kemm said.

“The impact was so great that it threw the troopers over into the northbound lanes of Interstate 95,» Kemm said. The vehicle ended up on the right-side shoulder of the highway and the driver remained at the scene. Other arriving troopers found witnesses trying to revive the victims, who were pronounced dead at the scene, Kemm said.

“Right now, we are conducting an active investigation that is DUI-related,” Kemm said. The pedestrian’s name is not being released pending notification of his relatives.

Mack, 33, enlisted in November 2014 and has been assigned to the Philadelphia barracks since 2015. Sisca, 29, enlisted in February of last year and graduated in August.

Col. Robert Evanchick, the state police commissioner, said the troopers “made the ultimate sacrifice,» braving the dangers of traffic at night on the busy highway to aid someone whose own life was in danger.

“These troopers personified our department’s core values of honor, service, integrity, respect, trust, courage and duty,» he said. “… They both had bright careers ahead of them, and it saddens me to know how their lives were senselessly cut short.»

The Pennsylvania State Troopers Association said both troopers were organ donors and have donated their organs to the Gift of Life Program.

Gov. Tom Wolf ordered state flags to fly at half-staff through Friday in their honor, calling it “a very sad day for Pennsylvania.» He called it a reminder of the heroism of state troopers who “lay their lives on the line for all of us every day.»

One of two Pennsylvania State Police troopers who died Monday morning in a tragic accident along Interstate 95 was the son of a sheriff’s deputy in Montgomery County, as well as being fire chief of a suburban Montgomery County volunteer fire department.

Branden Sisca, 29, who was killed in along with fellow Trooper Martin Mack, III, 33, and an unidentified civilian, is the son of Craig Sisca, a 10-year member of the Montgomery County Sheriff’s Office, according to Montgomery County Sheriff Sean Kilkenny.

Branden Sisca was also fire chief of the Trappe Fire Company No. 1 in the Borough of Trappe in central Montgomery County.