Humo elevándose tras ataques aéreos israelíes en Dahiyeh, un suburbio sureño en Beirut, Líbano, el domingo 5 de abril de 2026. (Foto: AP/Emilio Morenatti)

Hace dos años, el médico Mohammed Ziara vio cómo Israel devastaba el sistema de salud de Gaza bombardeando hospitales, atacando ambulancias y obligando a pacientes a evacuar.

Ahora, Ziara —junto con otros trabajadores sanitarios, grupos de derechos humanos y muchos civiles— advierte que el mismo proceso se está llevando a cabo en Líbano.

Israel se adentra cada vez más en el sur del país en su campaña contra Hezbollah, un poderoso grupo político-paramilitar respaldado por Irán que desde hace tiempo ejerce un control de facto sobre gran parte de la comunidad chií de Líbano.

Para describir su estrategia en esta guerra, el ejército israelí invoca la devastación que causó en Gaza tras los ataques del 7 de octubre de 2023 encabezados por Hamás. En un momento dado el mes pasado, aviones de guerra israelíes incluso arrojaron panfletos sobre Beirut en los que advertían que, tras el “gran éxito en Gaza”, también se avecina “una nueva realidad” para Líbano.

“Ya viví esto antes”, dijo Ziara, un cirujano de Ciudad de Gaza que se especializa en quemaduras, a The Associated Press el jueves en el hospital gubernamental de la ciudad portuaria libanesa de Sidón.

“No puedo volver a Gaza ahora”, dijo Ziara. “Pero puedo estar aquí, en Líbano”.

Al igual que hizo con Hamás en Gaza, Israel acusa a Hezbollah de esconderse y operar desde zonas civiles y de utilizar hospitales y ambulancias con fines militares. Israel ha atacado cada vez más a los equipos de emergencias y centros médicos, obligando a varios hospitales a evacuar.

“Estuve sitiado en un hospital”, dijo Ziara sobre su tiempo en el Hospital Shifa de Gaza, donde trabajó antes de huir a Egipto con su familia. Luego se unió a Interburns, una organización sin fines de lucro con sede en el Reino Unido, que lo envió a Líbano en 2024 para responder al estallido de la anterior guerra entre Israel y Hezbollah. “Siento lo que siente esta gente”.

Mohammad Qubaisi, de 53 años, que sufrió quemaduras en un ataque aéreo israelí en el sur de Líbano, durante una cirugía del doctor Mohammed Ziara, a la izquierda, y su equipo, en el hospital gubernamental de Sidón en Sidón, Líbano, el jueves 2 de abril de 2026. (Foto: AP/Emilio Morenatti)

Ofensiva israelí amenaza otra vez a un sistema de salud

Desde que la guerra entre Israel y Hezbollah se reavivó el 2 de marzo, los ataques aéreos israelíes han matado al menos a 56 profesionales de la salud hasta el lunes, según el Ministerio de Salud libanés.

Israel ha perpetrado más de 150 ataques contra personal médico de emergencia y ambulancias y ha forzado el cierre de seis hospitales y 49 clínicas de salud mediante ataques o amenazas, según el Ministerio. En el más reciente ataque, que mató a dos paramédicos e hirió gravemente a un tercero a primera hora del lunes, el Ministerio acusó a Israel de atacar deliberadamente a una concentración de equipos de emergencias que estaban de servicio.

Ziara y su equipo de Interburns, que capacita a personal sanitario local en atención de quemaduras en todo el mundo, han instalado la primera unidad especializada en quemados del sistema público de salud libanés, un recurso crucial en este país azotado por la crisis, donde la guerra ha matado a 1.461 personas y herido a 4.430, de acuerdo con el Ministerio. Israel afirma haber matado a cientos de elementos de Hezbollah en el más reciente bombardeo e invasión terrestre.

El ejército israelí sostiene que el uso de instalaciones médicas por parte de Hezbollah las convierte en objetivos militares legítimos según el derecho internacional, pero no ofrece pruebas que respalden sus afirmaciones.

Hezbollah niega realizar actividades milicianas dentro de sitios civiles. Aunque la presencia del grupo en zonas residenciales está bien documentada, no ha habido una verificación independiente de que utilice hospitales con fines militares.

Con sede en la primera ciudad justo al norte de la zona de evacuación de Israel, que abarca casi todo el sur de Líbano, el Hospital Gubernamental de Sidón recibe cada día a más heridos.

Un hombre con quemaduras de un ataque aéreo en el sur de Líbano se ve en la cama en el Hospital Gubernamental de Sidón en Sidón, Líbano, el jueves 2 de abril de 2026. (Foto: AP/Emilio Morenatti)

Labores de rescate pagan un precio cada vez mayor

Kamal Fakih, de 27 años, detesta cuando la gente le pregunta qué ocurrió el 17 de marzo.

No es que le duela recordar el ataque aéreo israelí, sino que no recuerda nada en absoluto. Volvió en sí al día siguiente en el hospital de Sidón, con el cuerpo quemado y lacerado por la metralla.

Una vez estabilizado, Fakih intentó comunicarse con el paramédico que los sacó a él y a su amigo Hassan de los escombros en llamas, con la esperanza de escuchar su relato y agradecerle por salvarles la vida. Pero para cuando Fakih consiguió su contacto, Muhammad Tafili ya estaba muerto. Según el Ministerio de Salud de Líbano, lo mataron junto con otro paramédico en un ataque aéreo israelí contra ambulancias en la aldea sureste de Kfar Tebnit el 28 de marzo.

Ese mismo día, ataques israelíes mataron a otros siete médicos y paramédicos en cuatro aldeas adicionales, denunció la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre los fallecidos había un paramédico que fue abatido cuando prestaba atención durante un ataque aéreo israelí que mató a tres periodistas que trabajaban para canales de televisión afines a Hezbollah. Imágenes del incidente muestran dos ataques en rápida sucesión: el primero impactó a los periodistas en su automóvil; el segundo cayó sobre los paramédicos cuando se apresuraban al rescate.

El ejército israelí acusó a los dos paramédicos y a dos de los tres periodistas muertos de formar parte de Hezbollah. Su afirmación alarmó a observadores que presenciaron justificaciones similares para matar a más de 260 periodistas y 1.700 trabajadores sanitarios en Gaza, de acuerdo con cifras de la agencia humanitaria de Naciones Unidas.

Si bien durante la guerra de 2024 con Hezbollah murieron trabajadores sanitarios y periodistas libaneses, “esta vez es diferente”, afirmó Ramzi Kaiss, investigador sobre Líbano de Human Rights Watch.

Señaló una promesa impactante hecha la semana pasada por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz: para proteger sus localidades fronterizas de los cohetes de Hezbollah, Israel arrasará todas las casas del sur de Líbano “de acuerdo con el modelo utilizado en Rafah y Beit Hanoun en Gaza” —dos ciudades que Israel demolió casi por completo en su ofensiva contra Hamás.

“Hay un nuevo tipo de descaro al declarar la intención de cometer ataques ilegales”, subrayó Kaiss. “Parece que la impunidad ha envalentonado al ejército israelí”.

Un hombre con quemaduras de un ataque aéreo israelí en el sur de Líbano se ve en la cama en el Hospital Gubernamental de Sidón, en Sidón, Líbano, el jueves 2 de abril de 2026. (Foto: AP/Emilio Morenatti)

Hospitales en la línea de fuego

En las últimas semanas, amplias órdenes de evacuación israelíes han hecho que más de un millón de libaneses se dirijan hacia el norte. A medida que el sur sufría un intenso bombardeo, las clínicas cerraron o suspendieron operaciones. El Hospital Nabih Berri se vio rebasado por la llegada de víctimas. Para hacer espacio, evacuó a decenas de pacientes.

Según médicos, esos traslados implican coordinación con el ejército libanés, el Ministerio de Salud y la fuerza de paz de Naciones Unidas, un “teléfono descompuesto” que genera demoras potencialmente mortales. Admitir pacientes tampoco es fácil. La unidad de quemados de Sidón, por ejemplo, debe dar de alta a un paciente para liberar una cama.

Pero las derivaciones médicas continúan, poniendo bajo presión a un sistema de salud de antemano paralizado por el colapso económico.

“El sistema de salud está de rodillas”, sostuvo Ziara, cuando el hospital quedaba sumido en la oscuridad hasta que los generadores de respaldo entraron en funcionamiento 10 minutos después, como resultado de la prolongada crisis eléctrica de Líbano. “Ahora los hospitales de primera línea carecen de personal y suministros. Están desbordados”.

Personas desplazadas que huyeron de ataques israelíes en el sur de Líbano se sientan en tiendas utilizadas como refugio mientras un arcoíris brilla entre la lluvia en Beirut, Líbano, el domingo 29 de marzo de 2026. (Foto: AP/Emilio Morenatti)

Población civil busca respuestas

La población civil libanesa afirma que las bombas israelíes pueden caer sin aviso y causar daños indiscriminadamente, lo que aviva una sensación creciente que los palestinos en Gaza conocen bien: que ningún lugar es seguro.

Mohammad Qubaisi, de 53 años, contó que su vecindario de Zuqaq al-Blat, en el centro de Beirut, no había recibido instrucciones israelíes de evacuación antes del 18 de marzo, cuando municiones israelíes se estrellaron contra su apartamento en el séptimo piso.

Cuando cargaba a su esposa desde las ruinas humeantes, gritó llamando a sus hijos. El mayor, Adam, le respondió. Pero no podía oír a Jad.

Qubaisi volvió corriendo al vapor que quemaba la piel para buscar a su hijo de 15 años. Cuando despertó en el hospital horas después, con el rostro en carne viva por quemaduras de segundo grado, supo que su hijo había muerto.

El ejército israelí aseveró que estaba atacando a Hezbollah. Qubaisi lo negó.

“Estos son edificios civiles, no objetivos militares. Nos atacaron y todavía no sabemos por qué”, dijo desde el hospital de Sidón. “Estábamos durmiendo tranquilos en nuestra casa, y miren lo que nos pasó”.

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