Una persona muestra el 5 de enero de 2026 una máscara de Donald Trump durante una manifestación en Sao Paulo, Brasil, contra la operación estaodunidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro. (Foto: EFE/Isaac Fontana)

Javier Castro Bugarín

La detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos no alterará en principio la estrategia de China sobre Taiwán, aunque Pekín tratará de explotar el episodio para erosionar la posición internacional de Washington, según cuatro expertos consultados por EFE.

Los factores que, en todo caso, determinarán el cronograma de las autoridades chinas para hacerse con el control de la isla son la situación económica interna del gigante asiático, las capacidades de su Ejército, la coyuntura política interna de Taiwán y la estrategia del Gobierno estadounidense hacia China y Taiwán.

«China considera a Taiwán principalmente un asunto interno, por lo que las razones utilizadas por la Administración Trump para justificar sus operaciones en Venezuela no serían realmente aplicables», afirma William Yang, analista sénior para el Noreste de Asia en International Crisis Group.

«Además, China ya llevaba tiempo sentando las bases para impulsar la ‘reunificación’ con Taiwán, incluso antes de la captura de Maduro el sábado, por lo que no necesita remitirse específicamente a este incidente para justificar eventuales acciones futuras contra la isla», sostiene el experto.

Venezuela y Taiwán, realidades contrapuestas

La operación militar de Estados Unidos sobre Venezuela se llevó a cabo tan solo cuatro días después de que Pekín finalizara unas grandes maniobras bélicas en torno a Taiwán, una isla gobernada de forma autónoma desde 1949 y considerada por las autoridades chinas como «parte inalienable» de su territorio.

Eso, sumado a la insistencia cada vez mayor de Pekín en la «reunificación», incluso por la fuerza si fuese necesario, alimentó los temores de que China pudiera aprovechar la detención de Maduro para acelerar sus planes sobre Taiwán, una posibilidad que James Char, profesor asistente de la Escuela S. Rajaratnam de Estudios Internacionales de Singapur, descarta de plano.

«Cualquier uso abierto de la fuerza por parte del Ejército Popular de Liberación con la intención de provocar un desenlace letal no encaja con la forma en que el liderazgo chino concibe el empleo de la fuerza tras la reintegración de Pekín en la economía global; esto solo cambiaría en el caso de una guerra total», asegura.

La posición internacional de Taiwán también es radicalmente distinta a la venezolana: además de ocupar un lugar central en la cadena global de suministro de chips avanzados -claves para el desarrollo de la inteligencia artificial-, Taipéi es un socio cercano de Washington, que es su principal proveedor de armamento y potencial aliado en caso de un conflicto con China.

«La capacidad del Ejército estadounidense para realizar ataques de decapitación (…) debería ejercer un efecto disuasorio que lleve a Pekín a pensárselo dos veces antes de poner a prueba a sus fuerzas armadas frente a Washington», apunta, por su parte, Wen-Ti Sung, investigador en el Global China Hub del Atlantic Council.

Una «victoria propagandística» para Pekín

En cualquier caso, los analistas coinciden en que la captura de Nicolás Maduro constituye toda una «victoria propagandística» para Pekín, que se apoyará en este hecho para minar la reputación internacional de Estados Unidos y seguir cultivando sus alianzas económicas y políticas en América Latina y el Caribe.

El portavoz del Ministerio de Exteriores chino Lin Jian reclamó el lunes la «liberación inmediata» de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y subrayó que la actuación de Washington «viola claramente el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales».

En una línea similar se pronunció ese mismo día el presidente chino, Xi Jinping, en una reunión con el primer ministro irlandés, Micheál Martin, en la que manifestó que «los actos unilaterales y de intimidación están socavando gravemente el orden internacional».

«Todos los países deberían respetar los caminos de desarrollo elegidos por los pueblos de otras naciones y acatar el derecho internacional (…). Las grandes potencias, en particular, deberían dar ejemplo en este sentido», dijo Xi.

En opinión de Michael Cunningham, investigador no residente del Centro de Estudios sobre China de la Universidad Nacional de Taiwán, el caso venezolano «encaja a la perfección» con los argumentos de China sobre «el desprecio de Estados Unidos por el derecho internacional, la violación de la soberanía de los países más débiles y el desmantelamiento del orden internacional basado en normas».

«Pekín ha tenido cierto éxito en el Sur Global presentando a Estados Unidos como la potencia revisionista y a China como la que preserva normas preciadas como la soberanía nacional. Esta última acción de la Administración Trump no ayudará a la reputación de EE.UU., especialmente en Latinoamérica», prevé el analista.

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