
Para la mayoría de las familias, la búsqueda de una escuela comienza revisando los distritos escolares locales o los límites del vecindario. Pero para María Ugarte y su hija Ariana, la búsqueda fue una cuestión de vida o muerte.
Ariana nació con nefronoptisis tipo 3, una condición genética rara que hizo que llegara al mundo sin riñones funcionales. Desde que era una recién nacida, la vida de la familia Ugarte ha estado marcada por estancias en hospitales y procedimientos médicos intensivos. Durante años, Ariana soportó diálisis diarias—un proceso que María describe como “duro” y físicamente agotador para una niña tan pequeña.
Debido a su condición y a un sistema inmunológico gravemente debilitado, una escuela tradicional nunca fue una opción segura. Ariana requiere medicación diaria y un nivel de monitoreo médico que un salón de clases regular simplemente no puede ofrecer. “La escuela regular no era una opción”, explica María. La familia necesitaba un aliado educativo que pudiera adaptarse a tratamientos que le salvaban la vida, lo que las llevó a inscribir a Ariana en Esperanza Cyber Charter School (ECCS) para kinder.

Conociendo a la familia a mitad de camino
Ahora en tercer grado, Ariana ha pasado toda su vida académica en ECCS. Para María, la flexibilidad de la escuela no ha sido solo una conveniencia—ha sido un salvavidas.
“Hacía muchas preguntas por sus citas; quería asegurarme de que estuviéramos bien”, cuenta María. Señala que la escuela constantemente “te encuentra a mitad de camino”, brindando la comunicación abierta y la orientación necesarias para equilibrar el currículo de tercer grado con un complejo calendario médico. Cuando los problemas de salud afectan la participación de Ariana, María dice que la escuela trabaja directamente con ella para asegurar que su hija nunca se quede atrás.

La “mariposa social” del aula virtual
Existe la idea errónea de que el aprendizaje virtual es aislante, pero Ariana demuestra lo contrario. María describe a su hija como una “mariposa social” que realmente disfruta aprender.
La escuela le brinda apoyo individualizado en matemáticas y lectura, lo que ha impulsado enormemente su confianza. Ariana está tan emocionada de participar en sus clases virtuales que incluso se frustra cuando siente que no hay suficiente oportunidad para interactuar con sus compañeros.
Para cerrar la brecha entre la pantalla y el mundo real, Ariana también asiste a los eventos presenciales de la escuela. María enfatiza que estos momentos son vitales, ya que ayudan a Ariana a “normalizar la vida”, permitiéndole conectar en persona con otros estudiantes y maestros.

Una necesidad, no una elección
Mientras los legisladores continúan debatiendo el papel y el financiamiento de las escuelas cibernéticas, María Ugarte tiene un mensaje claro: para los niños con condiciones médicas complejas, estas escuelas son una necesidad.
“Las escuelas cibernéticas necesitan existir porque algunos estudiantes no tienen otra opción”, afirma María. “Mi hija estaba en diálisis todos los días… Eso haría muy difícil que tuviera una vida educativa normal”.
Al mirar hacia atrás desde el jardín de infantes hasta hoy, María ve a una niña que está prosperando emocional y académicamente—un resultado que atribuye al entorno único que ofrece ECCS. Su consejo para otros padres que enfrentan batallas médicas similares es simple: “Atrévete a dar el salto. Te aliviará la mente durante esos tiempos ya de por sí difíciles”.
Para la familia Ugarte, la lucha por las escuelas cibernéticas es una lucha por el derecho a una educación donde cada estudiante—sin importar su historial médico—se sienta bienvenido, cómodo y libre.





