2026: entre autoinfligirse y auto salvarse

Al arranque del nuevo año, ya se vislumbra un calendario desafiante, con elecciones intermedias en EE. UU. que podrían definir el Gobierno Trump, y al hacerlo impactar a nivel global.

También habrá grandes eventos deportivos como las Olimpiadas Invernales, y después la Copa del Mundo 2026; servirán de distracción y entretenimiento, durante un año que estará lleno de tensiones geopolíticas como las actuales con Venezuela, las interminables guerras en Ucrania, Medio Oriente y África;

El verano seguramente estará dominado por el Mundial de la FIFA, la primera edición con 48 países, que organizan en conjunto Estados Unidos, México y Canadá. Para los aficionados será un momento de celebración y orgullo que atraerá a millones de visitantes, generará millonarios ingresos y colocará a la región en el centro de la atención mundial; aunque con una gran preocupación, de que las actuales políticas migratorias limiten el ingreso de visitantes internacionales.

Otras políticas de la Administración seguirán afectando a las comunidades latinas, como las que han dado origen a la carestía, la reducción o eliminación de programas de ayuda, el incremento de las tarifas del seguro médico, conocido como el Obamacare, y por supuesto, los derivados de la persecución a la migración tanto legal como irregular, donde el perfil racial ha sido ampliamente, no solo tolerado, si no fomentado.

Las elecciones de medio período

Muchos esperan que las elecciones legislativas de medio término sean un referéndum sobre el segundo mandato de Donald Trump. A nivel global, analistas y mercados observan la política interna estadounidense, en particular las disputas sobre política económica y la independencia institucional como una de las principales fuentes de incertidumbre.

El rol de la Reserva Federal, la intervención del presidente en temas monetarios y las decisiones judiciales relacionadas con políticas actuales como los aranceles, están influyendo en un amplio debate.

Para el estadounidense común y para los votantes latinos, cuyo peso electoral sigue creciendo, 2026 será un año clave para hacerse sentir.

Los ciudadanos latinos están llamados a organizarse y movilizarse en respuesta directa a políticas federales sobre inmigración, derechos humanos y libertades civiles.

El presidente Trump ha impulsado una ofensiva radical contra la inmigración, ampliando las operaciones del ICE, y fomentando la retórica antinmigrante, implementando  estrategias que ya han generado litigios sobre derechos constitucionales, como la disputa sobre la ciudadanía por nacimiento.

Las comunidades latinas deberían prepararse para un aumento de acciones que atentan contra su desarrollo y permanencia en este país que claramente una buena parte de su Administración tiene el objetivo de disuadir su presencia.

Se vuelve urgente fortalecer el acceso a recursos legales, a redes comunitarias y a mecanismos de defensa colectiva, de manera mucho más amplia y organizada.

America para los “americanos”

En el ámbito internacional, la política estadounidense influye directamente en la estabilidad económica y en las relaciones diplomáticas. La reactivación de aranceles bajo la doctrina de “Estados Unidos primero” ya está afectando no solo al bolsillo de los residentes en el país, pues el consumidor es el que las paga, sino también a las economías regionales.

El comercio de los países latinoamericanos con Estados Unidos y el crecimiento económico regional están bajo presión debido al aumento de las barreras comerciales que afectan las exportaciones, las inversiones y, sobre todo, la confianza. Aunque algunas tensiones se han contenido temporalmente, estos episodios evidencian la fragilidad de las relaciones cuando las políticas migratorias se utilizan como instrumentos de presión económica.

Pero los aranceles a países, socios y “amigos” dejaron de tener protagonismo después de que se revelara el Plan de Seguridad Nacional 2025 (NNS) de la Administración Trump que fue presentado oficialmente el 4 de diciembre de 2025.

Ese día se evidenció un claro enfoque de la doctrina “America First”, con especial atención al hemisferio occidental, que incluye un sometimiento de los países de América, acaparamiento de cadenas de suministro y una visión económica “realista”. El NSS presenta una política intervencionista y subordinante, que impone su agenda a la región, y la pregunta inevitable es hasta dónde planean llegar.

Puntos críticos con Venezuela y Colombia

Preocupante la crisis entre Estados Unidos y Venezuela, ya que tras meses de presión creciente y de acciones militares dirigidas, presuntamente, contra el narcotráfico, el riesgo de un conflicto frontal parece cada día mayor. La diplomacia no fluye y las operaciones militares recientes aumentan el riesgo de desestabilización regional y de una mayor implicación de potencias rivales como China y Rusia.

Para los venezolanos, dentro y fuera del país, 2026 podría representar la continuidad de una larga crisis marcada por desplazamiento forzado, represión política y colapso económico, o la posibilidad de un cambio incierto de régimen, pero que parte de otros intereses «seudo-imperiales”.

Las elecciones intermedias en EE.UU., las que vienen en AL y los nuevos gobiernos que empezarán a tomar posesión, se suman a las elecciones presidenciales de Colombia en mayo, que serán otro termómetro para el futuro de la región, y también las elecciones en países como Perú y Brasil mostrarán si el péndulo político en Latinoamérica seguirá girando hacia la derecha como lo ha hecho en Argentina y Chile entre otros, o si la izquierda todavía tiene oxígeno.

Sin embargo, lo que se puede leer de estos gobiernos pendulares que oscilan entre derechas e izquierdas, donde, mientras más extremos son unos u otros, sin mostrar prosperidad para la mayoría de sus ciudadanos, resulta más probable que voten por el partido contrario al gobernante y la historia se repita sin avanzar. Lo que se necesita es algo nuevo, que responda a los tiempos actuales y a las nuevas realidades, pues es evidente que ambos modelos económicos e ideologías políticas están en una profunda crisis.

¿Para qué prepararse?

2026 será un año para observar con atención al poder en EE. UU., ya que las decisiones internas tendrán repercusiones globales tanto en temas de relaciones internacionales y comercio, como en temas internos en el empleo, salud, subsidios e inmigración.

Para las comunidades latinas, las apuestas son personales, pues se anticipan debates intensos sobre el control migratorio, los derechos civiles y la participación política.

Por eso estar informados, organizarse, registrarse para votar y VOTAR, será crucial en un año de redefiniciones en el que la polarización, las decisiones personales y grupales, determinarán si el 2026 se convierte en un puente hacia un futuro más inclusivo, donde se persiga el bien común, no solo para los estadounidenses sino para la humanidad, o en una grieta que profundice las fracturas, donde al final el tablero entero termine por ceder y derrumbarse.  

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