
PEREIRA, Colombia.— Las labores de búsqueda y rescate continuaban el martes en decenas de localidades del oeste de Colombia después de que un potente terremoto causara la muerte a más de un centenar de personas y dejara a muchas atrapadas bajo los escombros de edificios dañados y destruidos.
El terremoto del lunes, de magnitud 7,4, sacudió Cali, Quibdó, Pereira y muchos otros municipios. Los alcaldes y gobernadores de Cali, Pereira, Chocó y Manizales informaron el martes que al menos 179 personas han muerto sólo en esas zonas. En tanto, el gobierno nacional informó que alrededor de 5.000 viviendas y edificios resultaron dañados o se derrumbaron.
Durante la noche soldados, personal de rescate y familiares hurgaban entre los escombros y pasaban de mano en mano trozos de concreto. En Cali la alcaldía dijo tener reporte de 239 personas atrapadas.

Jairo Vargas llegó a Pereira en busca de su hermano, quien cree que quedó bajo los restos del edificio en el que vivía.
“Soy arquitecto y soy hermano del propietario del apartamento que está allí boca arriba. Llegué de Medellín esta mañana a las 2 de la mañana a ver cómo puedo ayudar a encontrar a mi hermano”, dijo a The Associated Press mientras señlaba un edificio colapsado.
Vargas dijo estar “absolutamente seguro” de que su hermano se encuentra allí porque “está su silla para caballo, todos sus enseres, no contesta el teléfono, el portero no le dio conocimiento de salida y su carro está allí parqueado”.
Agregó que «hay un triángulo de vida, los escombros que abrazan a mi hermano son blandos, es posible que lo estén protegiendo; pero ya no se escuchan ruidos. No lo sé, mi esperanza es poca”.

La búsqueda de los no localizados
Las familias publican información sobre seres queridos desaparecidos en sitios web administrados por ciudadanos. Hasta la noche del lunes se había reportado la desaparición de más de 3.000 personas.
Dana Carolina Zamora publicó una imagen de su tío Miguel Ángel Zamora, de 60 años, acunando a su perro. El agricultor vivía en una zona rural de El Cairo, no lejos del epicentro del sismo.
Las autoridades locales indicaron que el 80% de El Cairo, un pueblo de unos 7.000 habitantes, resultó dañado. Zamora dijo que estaba preocupada porque su tío vivía en una casa frágil, hecha de troncos y barro.
“Tenemos miedo, esperemos que no sea así, que esté bien y que sólo sea falla de comunicación. Pero no hemos logrado saber nada más de él”, aseguró Zamora a AP por teléfono desde Cali.
Otros familiares se disponen a reclamar las primeras 22 víctimas identificadas, según informó el martes el Instituto Nacional de Medicina Legal, tras recibir 160 cuerpos.
Chocó, la región que rodea el epicentro del sismo, es una de las zonas más pobres y desatendidas de Colombia, a menudo asediada por grupos armados enfrentados. A gran parte sólo se puede acceder en barco, a través de la selva o en avión. Se sabe poco sobre la magnitud de los daños allí, especialmente por fallas en la comunicación.
El presidente Abelardo de la Espriella viajó a la capital de Chocó, Quibdó, la noche del lunes para evaluar los daños, movilizó a “todo el aparato militar y policial” y desplegó ingenieros, rescatistas y perros de búsqueda. También anunció subsidios de alquiler para quienes tengan viviendas dañadas mientras se realizan las reparaciones.

“El Chocó nunca más será la tierra del olvido”, afirmó el mandatario. El terremoto representa la primera gran prueba para De la Espriella, quien juró el cargo el viernes.
En Bogotá, Luz Nelly Cuervo, un ama de casa de 62 años, llevó el martes una donación de 100 kits de aseo que incluyen cepillos y cremas dentales hasta uno de los centros de acopio habilitados por la Cruz Roja. “Como colombiana nos duele el corazón. Muchas personas están sufriendo y realmente nos necesitan”, dijo Cuervo a AP.
El terremoto dejó a muchos inquietos después de que dos sismos consecutivos devastaran a la vecina Venezuela a fines de junio, destruyendo cientos de edificios y matando a más de 6.300 personas.

Muchos colombianos apenas comienzan a asimilar las consecuencias a más largo plazo del desastre.
Mónica Sánchez es dueña de una pequeña empresa que fabrica uniformes de trabajo. Su ciudad, Pereira, fue una de las más golpeadas y una pared dentro de la fábrica se derrumbó. Sánchez y sus 12 trabajadores lograron salir justo a tiempo.
“Fue impactante, la ciudad se vino abajo a nuestro alrededor”, relató.
El Departamento de Estado de Estados Unidos dispuso 15,5 millones de dólares para refugios de emergencia, alimentos y otra ayuda. Gobiernos de toda América Latina también se dispusieron a ayudar.





