Leno Rose-Avila: inmenso de espíritu, luchador incansable que hizo de la solidaridad una forma de vida
El pasado 7 de mayo partió a los 80 años, un gigante de los derechos humanos. Magdaleno “Leno” Rose-Avila, incansable defensor de las comunidades marginadas, los trabajadores, de los inmigrantes falleció serenamente rodeado de su familia y entrañables amigos, dejando una huella imborrable tras más de medio siglo de constante lucha social.
El día antes de su fallecimiento repetía: “We will win, we will win” (“Vamos a ganar, vamos a ganar”).
En la edición pasada de Impacto, mientras nuestros archivos ya se encontraban camino a la imprenta para la edición impresa, nos llegó la noticia de que Leno había adquirido sus alas para volar al infinito. Informamos online de su trascendencia.
Su partida ocurrió tras un repentino deterioro de salud que lo mantuvo hospitalizado durante un mes en Seattle, ciudad a la que había acudido desde Magdalena de Kino, Sonora, para participar en una conferencia. Desde que se dio a conocer su delicado estado, cientos de personas y organizaciones se volcaron en redes sociales para manifestar su cariño, compartir historias y dar testimonio del profundo impacto que tuvo en sus vidas y en sus luchas.
Pionero en múltiples causas desde las más olvidadas hasta las más visibles, Leno luchó en las históricas batallas por los derechos y la dignidad de los trabajadores agrícolas en las décadas de los 60 y 70. Su vida estuvo marcada por la solidaridad, la organización y una defensa constante de los más vulnerables, pasando por personas encarceladas, exmiembros de pandillas y su lucha para abolir la pena de muerte.

En 1996 fundó Homies Unidos, una organización dedicada a combatir la violencia juvenil en pandillas en El Salvador, financiándola con recursos de su propio fondo de pensiones.
Su voz, siempre firme, resonó en marchas, huelgas y movimientos sociales. Pero más allá de lo que le diera una página en Wikipedia, quienes lo conocieron recuerdan a un hombre generoso, de palabra sencilla y profundo sentido humano y peculiar sentido del humor. Leno entendía que la dignidad del trabajador era inseparable de la dignidad humana, y vivió conforme a ese principio.
Su partida representa una pérdida dolorosa para su familia, para el equipo de Impacto —donde colaboró generosamente hasta sus últimos días— y para todos aquellos que creen en un mundo justo. Su legado permanece vivo en cada trabajador que exige respeto, en cada inmigrante que lucha por sus derechos y en cada comunidad que se organiza para defender su dignidad.
De frontera a frontera, ya empezaron a celebrarse conmemoraciones para celebrar su vida y legado que también continúa en su familia de sangre. Su hermana, Tencha Avila, retoma desde su propia trinchera el espacio de Leno en este medio comunitario que fue honrado con su colaboración. En nuestra próxima edición compartiremos la historia de esta extraordinaria mujer. Por ahora, presentamos el poema que escribió en honor a su hermano a quien crio como un hijo. Descansa en paz, Leno. Tu lucha vive.
La herencia de Leno
Tencha Avila
“Díganle a Leno que escuché que los tambores por los derechos humanos resonaban tan fuerte en Micronesia que pudieron oírse hasta en Samoa. Más tamborileros se unieron y no se detuvieron hasta que los magníficos redobles por los derechos humanos cruzaron las olas del Océano Pacífico, atravesaron costas, colinas y desiertos, y no dejaron de sonar hasta que sus vibrantes ecos llegaron a Magdalena.
Entonces él, junto a sus amigos y vecinos, abrió las ventanas y comenzó a tocar hermosas campanas de amor, cada vez más fuerte, más y más fuerte, sin detenerse jamás, hasta que fueron escuchadas y sentidas en todo el suroeste de los Estados Unidos, luego hasta Seattle y después a través de toda la nación, hasta Filadelfia, donde sus mejores amigos hicieron sonar la campana de la libertad por los derechos humanos en nombre de Leno”.