Impacto

Vivir sin respuestas: el duelo suspendido de las familias de desaparecidos en Filadelfia

Asistentes al evento del Día de las Personas Desaparecidas, incluyendo familias, policía, defensores y personal del Philly Goat Project. (Foto: Cortesía/Northwest Victim Services)

En la mañana del sábado 30 de mayo, en el Awbury Arboretum en Germantown, familias de personas desaparecidas se reunieron como cierre del Mes de las Personas Desaparecidas, evento organizado por Northwest Victim Services, con el apoyo del Philly Goat Project y miembros del Departamento de Policía de Filadelfia. Se congregaron para honrar a quienes siguen sin ser localizados, apoyarse mutuamente y generar conciencia sobre el dolor que enfrentan las familias cuando un ser querido desaparece.

Algunas cabras del Philly Goat Project acompañaban al grupo por los senderos sombreados de Awbury. Pasaron por el jardín y recorrieron un camino donde cintas colgaban de las ramas y piedras pintadas bordeaban el sendero como señales dejadas para los perdidos. El aire olía a césped recién cortado y a primavera. Mientras niños jugaban, las familias caminaban lentamente, algunas sosteniendo fotografías, otras cargando el peso de la desesperación mientras repetían nombres que han dicho una y otra vez, con la esperanza de que alguien, en algún lugar, los haya visto.

El encuentro fue liderado por Melany Nelson, directora ejecutiva de Northwest Victim Services, quien buscó ofrecer a las familias un espacio para reunirse entre cabras, jardines, árboles y cielo abierto en el 6336 de Ardleigh Street. El reverendo Dr. John L. Payne ofreció oraciones y palabras de aliento que se posaron sobre los presentes como una mano firme sobre sus hombros.

Northwest Victim Services fue fundado en 1981 como el primer programa comunitario de servicios para víctimas en Filadelfia. Desde entonces, ha acompañado durante más de cuatro décadas a residentes de la ciudad en procesos de duelo, trauma, violencia e incertidumbre.

Nelson recordó a Kada Scott, y muchos de los presentes también. El arboreto donde las familias oraron y caminaron está cerca del lugar donde la policía buscó el otoño pasado a Kada, una mujer de 23 años de Mount Airy que desapareció el 4 de octubre tras salir de su turno nocturno en un centro de cuidado asistido en Chestnut Hill. Después de dos semanas de búsqueda, sus restos fueron encontrados detrás de la escuela abandonada Ada H.H. Lewis, cerca del arboreto. La Oficina del Médico Forense determinó que murió por un disparo en la cabeza.

El caso de Scott terminó de la manera que más temen las familias: con una respuesta, pero también con una tumba. Para otras familias, todavía no hay respuestas.

Sue Quackenbush sostiene un cartel con la imagen de su hija desaparecida, Danielle Lopez, y una recompensa de 25,000 dólares. (Foto: Aleida García)

Entre los asistentes estaba Sue Quackenbush, cuya hija Danielle Lopez, de 37 años, está desaparecida desde abril de 2024. Fue vista por última vez en Pine Barrens, Nueva Jersey, cuando su automóvil se averió. Sue ha ofrecido una recompensa de 25,000 dólares por información.

Sue Quackenbush compartió fotos de su hija desaparecida, Danielle Lopez, con otras familias durante el evento de Personas Desaparecidas en Awbury Arboretum. (Foto: Aleida García)

“No tengo idea de cómo hacer esto, simplemente voy aprendiendo sobre la marcha. No hay proceso, no hay información, solo incertidumbre y pérdida”, y añadió: “Es muy difícil”. Su hija se perdió en un bosque de un millón de acres. “He logrado contactar compañías para vallas publicitarias, y algunas me han sido donadas”.

El capitán John Craig, comandante de los detectives del noroeste, explicó que los casos de personas desaparecidas se manejan primero a nivel distrital. Si el caso se enfría, puede pasar a la Unidad de Víctimas Especiales. Señaló que muchos reportes involucran jóvenes que regresan a casa en pocos días, pero un pequeño número permanece abierto y continúa afectando profundamente a las familias e investigadores.

El subcomisionado Pedro Rosario, quien trabaja en el área de Kensington, compartió datos reveladores: “En mi distrito, 217 personas fueron reportadas como desaparecidas en 2024, y todas menos dos fueron encontradas. De 321 reportes en 2025, cuatro siguen abiertos; y de 174 en lo que va de este año, dos permanecen activos”. Señaló que la tecnología y las redes sociales han ayudado a que más personas presten atención a estos casos.

En toda la ciudad, se reportan alrededor de 3,600 personas desaparecidas cada año en Filadelfia —aproximadamente diez por día— y la mayoría son encontradas en cuestión de horas o días. Muchos son menores de edad, y cerca del 95% de los casos se resuelven.

Sin embargo, para las familias cuyos casos permanecen abiertos, las estadísticas ofrecen poco consuelo.

El Departamento de Policía de Filadelfia no cierra formalmente los casos de personas desaparecidas ni establece un límite de tiempo. Algunos permanecen abiertos durante años o incluso décadas. Algunos casos han perdurado por generaciones, como el conocido como el “Niño de la Caja”, identificado públicamente en 2022 como Joseph Augustus Zarelli.

La ciudad también ha comenzado a organizar un Día anual de las Personas Desaparecidas, donde familiares pueden reunirse con detectives y representantes del médico forense para aportar nueva información, actualizar casos y asegurarse de que sus seres queridos no sean olvidados.

Las razones por las que las personas desaparecen suelen estar vinculadas a situaciones de vulnerabilidad. En Kensington, donde la adicción, la falta de vivienda, los problemas de salud mental y la separación familiar convergen, los familiares buscan a sus seres queridos compartiendo información en grupos de Facebook y redes comunitarias. Para ellos, la búsqueda se convierte en una forma de supervivencia diaria: llamar a hospitales, revisar refugios, monitorear redes sociales, recorrer las calles, preguntar a desconocidos y aferrarse a pequeñas pistas que pueden o no llevar a algo.

La falta de vivienda y los casos de personas desaparecidas comparten causas comunes: enfermedades mentales no tratadas, consumo de sustancias, conflictos familiares, abuso, pobreza y jóvenes que han huido o han quedado fuera de sistemas inestables. Investigaciones nacionales muestran que los jóvenes sin hogar son especialmente vulnerables.

La crisis no afecta por igual a todas las comunidades. A nivel nacional, mujeres y niñas indígenas, personas negras y niños latinos están sobrerrepresentados entre los desaparecidos. Para estas familias, el temor no es solo que un ser querido desaparezca, sino que su caso no reciba la misma urgencia o atención pública.

Rosario también ofreció recomendaciones de seguridad: evitar compartir rutinas, direcciones o ubicaciones en redes sociales, no aceptar transporte de desconocidos y limitar la información personal en línea.

“Mantengan la vista alerta”, aconsejó, invitando a las personas a estar conscientes de su entorno.

Aun así, la mañana en Awbury no fue solo sobre el peligro. Fue también un espacio de ternura. Las cabras se movían suavemente entre el grupo. Las familias ataban cintas. Algunos se abrazaban. Otros guardaban silencio. Algunos pronunciaban en voz alta los nombres de los desaparecidos, dejando que los árboles, la tierra y quienes los rodeaban sostuvieran lo que ha sido demasiado pesado llevar en soledad.

A medida que la mañana se convertía en tarde, el grupo comenzó a dispersarse, y cada familia regresó a la vida cotidiana que continúa incluso cuando no hay respuestas. Habían rezado juntos, caminado juntos, atado cintas y recordado. Por unas horas, el espacio los sostuvo con suavidad.

Vi a Sue Quackenbush salir por la puerta, cargando el peso insoportable de no saber si su hija Danielle sigue en algún lugar, tratando de encontrar el camino de regreso a casa.

Salir de la versión móvil