Impacto

La lucha de Nancy Santiago frente a la inteligencia artificial y su impacto en los menores

Su experiencia como asesora en el gobierno y otras instituciones la ha llevado a centrarse en promover la salud mental de los niños y jóvenes. (Foto: suministrada)

De origen puertorriqueño, Nancy Santiago vive entre la isla y el área metropolitana de Filadelfia, pero es una ciudadana del mundo. Es directora ejecutiva de Tribus Global, compañía que asesora gobiernos y ONGs en temas de impacto social. Perla Lara, editora jefa de Impacto, charló con la prestigiosa psicóloga, quien ha trabajado por años en oficinas del gobierno, ha servido en cargos de responsabilidad para 3 presidencias, ya sea como funcionaria o como asesora en temas de educación, inversión social y salud; y en instituciones no gubernativas en la atención de menores afectados por temas como abuso, violencia y otras causas de trauma infantil.

Nancy nació en Filadelfia, y aquí empezó su defensa de la salud mental, la equidad y el futuro educativos de los jóvenes. Especialista en temas de políticas sociales, ha trabajado en lugares como centros de detención juvenil y oficinas de coordinación escolar; dando charlas en diferentes países. Pero más allá de su amplia trayectoria hay una constante en su discurso: la urgencia de escuchar a los jóvenes antes de que sea demasiado tarde.

Nancy es hija de padre puertorriqueño y madre nacida en Filadelfia, con un padrastro colombiano, por lo que encarna una rica identidad latina y urbana. Su historia personal conoció los mismos sistemas disfuncionales que ahora quiere transformar.

Se formó en la Philadelphia High School for Girls y continuó en Temple University, donde obtuvo su maestría en consejería familiar. Su carrera comenzó en los años noventa, trabajando con jóvenes con problemas en el sistema de justicia juvenil. Allí descubrió la falta de mecanismos para que estos adolescentes pudieran reintegrarse a la escuela.

“En ese momento no había un sistema real de reintegración”, recuerda. “Un joven que tenía problemas legales prácticamente quedaba excluido del sistema educativo”. Esa realidad la llevó a impulsar iniciativas muy innovadoras para ese tiempo, como un programa de “segunda oportunidad”, escuelas nocturnas y sistemas de apoyo escolar enfocados en la salud mental.

Esa etapa no solo afinó su carrera, sino también su forma de entender la política pública. “Aprendí lo que significa navegar un sistema que no está diseñado para incluir a todos, especialmente a las familias hispanohablantes”, afirma. La desconexión entre instituciones y comunidad era —y sigue siendo, según ella— uno de los principales obstáculos.

Una generación marcada por el miedo

Hoy, Santiago observa con preocupación a la llamada generación Alpha —los nacidos a partir de 2010—, a quienes describe como “niños y jóvenes profundamente distintos a cualquier generación anterior. Jóvenes que se criaron en un contexto de inestabilidad constante; la pandemia les quitó sus rutinas, la estabilidad familiar, su espacio de interacción social. De un día para otro, todo les cambió” afirma.

Ese cambio no fue solo físico y logístico, sino también emocional. Niños que antes apenas tenían contacto con el mundo digital pasaron a depender de la tecnología digital para estudiar, hacer tareas, socializar y entretenerse. “Estaban frente a una pantalla hasta doce horas al día”, señala. “Y ni ellos ni sus padres estaban preparados para eso”.

Sin embargo, en medio de ese panorama, identifica como fortaleza una mayor conciencia emocional. “Hoy un niño de diez años puede decir ‘me siento ansioso’ o ‘necesito ayuda’. Eso no existía antes… Es una generación que entiende la importancia de la salud mental, pero no siempre tiene los recursos para atenderla”.

Nancy Santiago es directora ejecutiva de Tribus Global, compañía que asesora gobiernos y ONGs en temas de impacto social. (Foto: suministrada)

Salud mental: la necesidad de prevenir

Para Nancy el problema no es solo cultural sino estructural. Las escuelas, sostiene, siguen enfocadas en la educación académica, mientras descuidan lo emocional. “No enseñamos a los niños a entender sus emociones, y luego nos sorprende que a los catorce años aparezcan problemas graves”, explica.

La clave, insiste, está en la prevención. Intervenir a tiempo no solo mejora la calidad de vida de los jóvenes, sino que reduce los riesgos a largo plazo, como la deserción escolar y el riesgo de caer en la violencia a causa del reclutamiento por parte de pandillas y organizaciones criminales.

“Estas organizaciones saben exactamente cómo identificar a los jóvenes vulnerables”, advierte. “Les ofrecen lo que les falta: comunidad, pertenencia, alguien que los escuche”.

Ese vacío también ha sido detectado por otras instituciones. Nancy menciona cómo en Brasil algunas iniciativas de la Iglesia Católica han logrado atraer a centenares de jóvenes ofreciéndoles espacios de conexión y sentido de comunidad. “Están respondiendo a una necesidad real”, dice. “La pregunta es: ¿por qué no lo hacen también las escuelas o el sistema de salud pública aquí en nuestro país?”.

Redes sociales: adicción prediseñada

Otro de los focos de preocupación para Nancy es el impacto de la tecnología, y no duda en calificar el uso excesivo de redes sociales como un gran problema de salud pública. “Sabemos que estas plataformas fueron diseñadas para generar adicción; lo han confirmado los juicios recientes a Facebook y a Tik-Tok, y lo ha advertido el mismo fundador de Pinterest, y estamos dejando que los niños pasen horas y horas en ellas sin saber lo que hacen allí” afirma.

Las consecuencias son múltiples: problemas de sueño, dificultades de aprendizaje, ansiedad y aislamiento. Pero lo más alarmante es la falta de regulación, asegura.

“Tenemos normas para lo que se puede mostrar en televisión, pero no para lo que los niños consumen en sus smartphones”, señala. “Eso es una falla enorme, y la responsabilidad no recae únicamente en las empresas o el gobierno, los padres también tienen que asumir su rol; no se trata de prohibir, sino de hablar, de entender qué están viendo sus hijos y por qué”.

El riesgo de la inteligencia artificial

Si las redes sociales ya representan un desafío, la inteligencia artificial ha abierto un nuevo frente aún más complicado. La especialista, se refiere a los casos en los que los jóvenes han recurrido a chatbots para hablar de sus problemas emocionales, con consecuencias graves.

“Estamos viendo situaciones donde un niño busca apoyo en una máquina en lugar de un ser humano”, advierte. “Eso dice mucho sobre el nivel de desconexión humana al que hemos llegado”.

En algunos casos, estas interacciones han derivado en recomendaciones muy peligrosas, y hasta en suicidio. “Hace poco estuvimos en el Vaticano con una madre, una abogada, cuyo hijo de 14 años se suicidó por consejo de un Chatbot. Eso es una verdadera tragedia, y no hay supervisión, no hay regulación; es extremadamente preocupante”.

A pesar de ello no descarta el potencial de la tecnología y propone desarrollar modelos éticos de inteligencia artificial aplicados a la salud mental. “La tecnología puede ser parte de la solución, pero solo si se la diseña con responsabilidad”, subraya.

Nancy habla en un simposio sobre el impacto social de la generación de empleo. (Foto: suministrada)

Juventud, poder y futuro

Más allá de los riesgos, insiste en que la generación actual tiene un gran potencial transformador. Se trata, dice, de la generación más grande, más diversa y más informada de la historia.

“A pesar de ser niños de 12 o 14 años, están muy informados e interesados en temas como el cambio climático, la justicia social y la inclusión, aunque sienten que los sistemas políticos no los representan”.

Y teme que ese desfase tenga consecuencias profundas. “En muy poco tiempo, ellos formarán la mayor parte de la fuerza laboral y del electorado; y si no los escuchamos ahora, después podría ser mucho más difícil”.

Porque el riesgo no es solo político, sino social, porque “una juventud que se siente excluida puede optar por desconectarse del sistema, e incluso enfrentarlo; cuando una generación siente que no la escuchan, que no le dan lugar en la sociedad, busca alternativas, y pueden ser alternativas peligrosas”.

Inmigración, identidad y memoria

Su análisis abarca el papel de las comunidades latinas en todo Estados Unidos y señala la tendencia de algunos grupos de inmigrantes que quieren distanciarse de sus raíces para subir en la escala social. “Cuando hacemos eso, estamos borrando nuestra historia, y eso tiene un costo, especialmente para los jóvenes”, argumenta.

Esa desconexión se agrava en contextos de políticas migratorias restrictivas, como las actuales, que generan trauma en familias enteras, y en particular en los menores. “Esos niños que ven a sus padres ser esposados y deportados crecen con heridas profundas, y esas heridas pueden tener consecuencias muy fuertes a largo plazo, y como sociedad vamos a tener que pagar por ellas”.

Nancy también advierte sobre el impacto económico de estas políticas. “La inmigración ha sostenido gran parte del crecimiento del país, ignorar esto es un gran error estratégico”, dice.

No perder la oportunidad

A pesar de los desafíos, mantiene una visión de esperanza y cree que aún es posible cambiar el rumbo, aunque solo si se actúa con decisión. “Tenemos que hacer dos cosas: escuchar a los jóvenes y darles las herramientas para construir el mundo que quieren”.

Porque la alternativa, advierte, es demasiado costosa. “Si no damos oído, podríamos perder a una generación completa. Y el mundo no está en condiciones de asumir semejante pérdida”.

El mensaje de Nancy es claro: la salud mental, la inclusión y la inversión en la juventud no son temas secundarios, sino pilares fundamentales para construir el futuro. Ignorarlo no solo sería un error, sino una responsabilidad histórica muy grave.

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