Pensilvania no ha estado a salvo del ataque a las libertades civiles por parte de la administración Trump, ejemplificado en su cruel guerra contra los inmigrantes. Las familias hispanas y latinas en todo nuestro estado enfrentan amenazas sin precedentes, además de obstáculos que han sorteado por generaciones: barreras lingüísticas en las urnas, perfilamiento racial por parte de la policía y falta de apoyo equitativo en las escuelas. Estos desafíos no son nuevos, pero se están intensificando.
Comunidades hispanas, latinas y personas negras y morenas inmigrantes sufren ataques crecientes impulsados por campañas de desinformación diseñadas para deshumanizarlas y despojarlas de sus derechos constitucionales. No son problemas aislados, son recordatorios diarios de que la dignidad —la dignidad humana básica— sigue siendo negociada en lugares donde debería estar garantizada.
En tiempos en que los derechos de los inmigrantes están bajo ataque y el miedo reemplaza a la justicia, el silencio no es una opción. Millones de árboles genealógicos estadounidenses tienen raíces en otras tierras. Solo en Pensilvania, uno de cada seis niños tiene al menos un padre inmigrante. Las verdades y promesas que consideramos evidentes en Estados Unidos se derrumbarían si dejáramos de creer que los inmigrantes merecen protección; ellos son nosotros y nosotros somos ellos.
Por eso ACLU-PA lanzó “Dignidad que no se puede negar”, una campaña nacida para honrar el Mes de la Herencia Hispana, pero diseñada para ir mucho más allá. Nuestro mensaje es simple: celebrar la herencia hispana significa defender los derechos civiles.
A través de esta iniciativa, hemos elevado conversaciones esenciales para las comunidades hispanas y latinas: los derechos de los estudiantes a una educación sin importar su estatus migratorio; cómo votar sin intimidación y qué hacer si en las urnas faltan recursos lingüísticos; y cómo mantenernos firmes en nuestra humanidad cuando las políticas o los prejuicios intentan disminuirla.
Porque la dignidad no es un regalo que los gobiernos pueden dar o quitar, es un derecho inherente que pertenece a cada uno de nosotros. Proteger la dignidad comienza con entender nuestros derechos y ayudar a otros a entender los suyos. Hay muchas oportunidades para ayudar a otros a ejercer sus derechos. También es fundamental participar en nuestra democracia para garantizar que los líderes que elegimos protejan nuestros derechos, valoren nuestra humanidad y diversidad, y respalden políticas que nos permitan vivir libres y seguros, sin discriminación.
Ser activos en nuestra democracia empieza en las urnas, pero no termina ahí. Podemos alzar la voz, protestar, organizarnos y mantenernos informados, fortaleciendo nuestra dignidad colectiva para que todos en nuestra comunidad estén empoderados para defender la suya.
Como ACLU de Pensilvania, estamos comprometidos a educar y brindar recursos y oportunidades para que todos nos sumemos a la lucha por defender a los inmigrantes. Los inmigrantes enriquecen nuestro país y tienen derecho a estar aquí; nuestra Constitución extiende muchas de las protecciones que todos valoramos a todos los inmigrantes, sin importar su estatus, reconociendo que la dignidad debe basarse en la persona, no en el papeleo.
Estamos apoyando a estudiantes y padres para que conozcan sus derechos.
Estamos trabajando en coalición para promover políticas de bienvenida en condados y escuelas locales.
Estamos instando al gobernador Shapiro a terminar la colaboración estatal con ICE.
Estamos vigilando y demandando cuando se violan las libertades civiles contra personas negras y morenas que son objeto de perfilamiento, secuestro y detención inhumana por la agenda agresiva e inconstitucional de deportación de la administración Trump.
Estamos movilizándonos para actuar juntos.
Lo más importante: estamos trabajando para cambiar la narrativa, entendiendo que cuando la dignidad se honra como algo fundamental, nuestras vidas, familias y sociedad mejoran para todos.
*Alex Domingos, Estratega de Incidencia y Políticas, ACLU-PA

