Impacto

Filadelfia celebra la 42.ª Feria del Barrio con música, arte y orgullo comunitario

Banderas puertorriqueñas ondean sobre la multitud mientras Chuwi cierra la Feria del Barrio. (Foto: Taíno Studios)

Nubes grises cubrían la calle cinco cuando la Feria del Barrio regresó a El Bloque de Oro, pero poco después de iniciarse la celebración, el sol salió y la avenida cobró vida con música, baile, arte y vecinos saludándose unos a otros.

La 42.ª edición de la Feria del Barrio llenó la calle entre Huntingdon y Somerset, con artistas, comerciantes, organizaciones culturales y recursos comunitarios. Taller Puertorriqueño, junto con sus aliados, organizó el encuentro anual, que la institución describe como “el festival de arte y cultura latina más grande de Filadelfia”.

Tras los anuncios de apertura, Los Pueblitos, un grupo juvenil de danza del norte de Filadelfia, inauguró el escenario principal con presentaciones inspiradas en las tradiciones culturales latinas. Luego subieron al escenario Foto Rodríguez y su banda, mientras las familias se reunían cerca de la tarima y otros asistentes comenzaban a recorrer el festival.

Durante toda la tarde, los visitantes se desplazaron entre vendedores, puestos de comida, un escenario comunitario y diversas actividades culturales. Zanquistas recorrían la calle cinco, deteniéndose para tomarse fotos y jugar con los niños. Amigos que se encontraban entre la multitud corrían a abrazarse mientras la música resonaba por todo el vecindario.

La artista Vanessa Vega, de Taína Sisters, aportó un toque de cultura puertorriqueña a la Feria con una instalación inspirada en la famosa casita de Bad Bunny, ofreciendo a los asistentes un espacio para reunirse y tomarse fotografías.

Dentro de Taller Puertorriqueño, las autoras Anjanette Delgado y Anyuli González Oliver compartieron con sus lectores durante una firma de libros en la librería Julia de Burgos. Además, actividades infantiles, artesanos, organizaciones sin fines de lucro y grupos comunitarios ocuparon las dos cuadras del evento.

Power Street Theatre continúa su trabajo más allá del festival

Entre las organizaciones presentes se encontraba Power Street Theatre, una entidad artística de Filadelfia enfocada en la comunidad y en ampliar el acceso a espacios creativos, que continua con The Latin Social Happy Hour Experience, centrado en la música y la convivencia, así como con Land & Body, su programa gratuito y bilingüe de educación artística para adultos. Este otoño, Land & Body se desarrollará del 29 de septiembre al 21 de noviembre en The Core, en el norte de Filadelfia.

Durante la Feria, el equipo promovió varios programas que continuarán durante el otoño. Uno de ellos es Souletri Sundays, descrito como una experiencia de escenario abierto que fomenta la expresión artística en vivo. Su próxima edición está programada para el 27 de septiembre en Two Locals Brewing Co.

El equipo de Power Street Theatre recibe a los visitantes en su mesa comunitaria durante la Feria del Barrio. (Foto: Taíno Studios)

Un homenaje a Wilfredo González

Uno de los momentos más emotivos de la jornada tuvo lugar en la intersección de la calle 5 y Lehigh Avenue, donde la comunidad se reunió para la dedicación oficial de Wilfredo Gonzalez Way.

Wilfredo González, quien falleció en marzo a los 79 años, nació en Puerto Rico, creció en Filadelfia y sirvió en el Ejército de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam. Durante décadas fue presidente y propietario de Centro Musical, además de brindar apoyo a organizaciones como Taller Puertorriqueño, Congreso de Latinos Unidos, ASPIRA y la 5th Street Merchants Association.

Las concejales Quetcy Lozada y Rue Landau, junto con la exconcejala María D. Quiñones Sánchez, acompañaron a la familia de González durante la ceremonia. El Concejo Municipal aprobó una resolución para renombrar la cuadra 400 de West Lehigh Avenue en reconocimiento a su servicio militar y a sus aportes a la comunidad latina de Filadelfia.

Con una interpretación vocal de Adamary Sosa como telón de fondo, la emoción se hizo evidente cuando se retiró el velo que cubría el nuevo letrero de Wilfredo Gonzalez Way. Poco después se reveló un mural en honor a González sobre la fachada de Centro Musical, negocio que hoy opera Reinaldo Meléndez.

Más que una tienda de música, Centro Musical se ha convertido a lo largo de los años en un punto de encuentro para músicos y generaciones de residentes unidos por la música caribeña. Meléndez asumió la dirección del negocio en 2014, asegurando la continuidad de su legado en El Bloque de Oro.

El recién develado letrero de Wilfredo Gonzalez Way honra al histórico propietario de Centro Musical y veterano de la Guerra de Vietnam, Wilfredo González. (Foto: Taíno Studios)

Música para todo el barrio

La programación musical y de danza de la Feria se extendió entre el escenario principal y el escenario comunitario.

Tras las actuaciones inaugurales de Los Pueblitos y Foto Rodríguez, el escenario principal recibió a Son Colombia Las Américas con Maribel Egea, Segunda Quimbamba, Bachata Tropical, y Ángel Ríos junto a Tino Serrano & Orquesta Salsa Dura, antes de que Chuwi cerrara el festival.

Entre cada presentación, el equipo de Rumba 106.1 animó al público desde el escenario principal, presentando a los artistas y manteniendo a la audiencia conectada con la programación del día.

El escenario comunitario contó con la participación de Johnny y Aida Cruz, de Raíces Boricuas; un taller de danza africana de Kulu Mele; El Trovador Nieves López junto a Raíces Boricuas; un taller de salsa caleña dirigido por Son Colombia Las Américas; y una presentación de Segunda Quimbamba.

La música trascendía los escenarios. A lo largo de la calle la gente bailaba entre los puestos de vendedores y se detenía a observar a los artistas. A medida que avanzaba la tarde, la multitud frente al escenario principal seguía creciendo.

En el centro de toda la actividad estaba el equipo de Taller Puertorriqueño, coordinando artistas, respondiendo preguntas y asegurando que el festival transcurriera sin contratiempos.

Los Pueblitos inaugura la Feria del Barrio con una presentación de danza juvenil en la calle North Fifth. (Foto: Taíno Studios)

Chuwi cierra la jornada con orgullo puertorriqueño

El cuarteto originario de Isabela, Puerto Rico, combina plena, salsa, bomba, indie y otras influencias caribeñas en una propuesta profundamente conectada con la identidad puertorriqueña.

Sus canciones también abordan realidades que afectan a Puerto Rico en la actualidad. Integrantes de la banda han hablado sobre la gentrificación, la migración, las presiones económicas que enfrentan los jóvenes puertorriqueños y la privatización de los recursos naturales. Su música combina celebración y reflexión social.

La colaboración del grupo con Bad Bunny en “WELTiTA” les permitió llegar a una audiencia internacional más amplia, manteniendo siempre presentes los temas del hogar y la identidad puertorriqueña.

Los integrantes de Chuwi saludan al público al concluir su presentación en la Feria del Barrio. (Foto: Taíno Studios)

Cuando Chuwi tomó el escenario, la energía que había acompañado a la Feria durante toda la tarde alcanzó un nuevo nivel. El público se aglomeró frente a la tarima, bailando, cantando y vitoreando. Entre la multitud resonaban gritos de “¡Viva Puerto Rico!”

También se escuchaban consignas como “¡Esencia no va!”, lema utilizado por quienes se oponen al proyecto de desarrollo Esencia en Cabo Rojo. Los críticos del proyecto han expresado preocupación por su impacto ambiental, los recursos hídricos y el posible desplazamiento de comunidades, mientras que sus promotores defienden la iniciativa como una fuente de inversión, empleo y actividad económica.

Mientras Chuwi actuaba, la artista interdisciplinaria Wanda Raimundi-Ortiz trabajaba cerca del escenario en un dibujo en vivo de la banda. Raimundi-Ortiz también es la creadora de Vámonos Pa’l Monte, un proyecto de arte público en Filadelfia enfocado en la cultura, la migración y la resiliencia puertorriqueñas.

La celebración llevaba horas creciendo, y Chuwi la llevó a otro nivel.

Una vez más, la Feria del Barrio reunió a generaciones de la comunidad latina de Filadelfia, sin embargo, su verdadero significado se encontraba tanto en los grandes momentos como en los pequeños: una multitud celebrando a una banda puertorriqueña, una familia viendo el nombre de un ser querido convertirse en parte permanente del vecindario, niños riendo junto a zanquistas, autores firmando libros, organizaciones compartiendo recursos, artistas exhibiendo su trabajo y viejos amigos reencontrándose en la calle.

Al final de la tarde, las nubes de la mañana habían desaparecido y el barrio seguía bailando.

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