Aleida Garcia
FILADELFIA, PA — El 21 de abril, la puerta principal de la Escuela Primaria Julia de Burgos permanecía abierta cuando las y los residentes comenzaron a llegar la tarde del martes, y el amplio vestíbulo interior se sentía cálido y acogedor, como un vecindario regresando a casa. Representantes de Philly 311, la Autoridad de Estacionamiento de Filadelfia, la oficina de la concejala Quetcy Lozada y Congreso de Latinos Unidos, entre otros, se alineaban a lo largo de las paredes con folletos, obsequios y sonrisas de bienvenida. Poco a poco, la gente entraba al salón de reuniones —un gran teatro dentro de la escuela, a pocos pasos de la entrada—.
A las 6:00 p.m., el presidente del Concejo Municipal de Filadelfia, Kenyatta Johnson, y la concejal Lozada dieron inicio al encuentro. El ambiente en el teatro era vibrante: residentes, organizadores comunitarios, comerciantes y otras personas interesadas se acomodaban para escuchar, en su propio vecindario, exactamente cómo la ciudad planea gastar 6,7 mil millones de dólares de su dinero.
La asamblea comunitaria —una de varias organizadas por el Concejo Municipal para llevar directamente a los vecindarios la propuesta de presupuesto del año fiscal 2027— se realizó en una comunidad que se ha ganado el derecho a formular preguntas difíciles.
El corredor del norte de Filadelfia y Kensington, hogar de una de las poblaciones puertorriqueñas más grandes de la ciudad, ha enfrentado décadas de pobreza concentrada, desinversión crónica, una devastadora crisis de opioides y un mercado de vivienda que con frecuencia falla a quienes más lo necesitan.
La escuela donde se reunieron las y los residentes esa noche lleva el nombre de Julia de Burgos, la querida poeta puertorriqueña, y está ubicada a menos de una cuadra del Bloque de Oro (el Bloque Dorado), el histórico corredor comercial de la calle North 5th. Este vecindario carga tanto con un profundo legado cultural como con una larga lista de necesidades no atendidas.
Reconociendo que muchas personas no pueden salir del trabajo o de sus responsabilidades familiares en medio del día para ir al Ayuntamiento, el Concejo Municipal está llevando el presupuesto directamente a la gente: explicando las cifras mediante una presentación proyectada, definiendo términos clave y luego abriendo el micrófono para preguntas y comentarios.
La concejal Lozada enmarcó la noche en términos directos:
“Hoy, el objetivo es informar a las y los residentes de la comunidad sobre el presupuesto propuesto para el año fiscal 2027”, dijo. “Es una oportunidad para que la comunidad escuche y aprenda sobre la propuesta y para que comparta sus preocupaciones y prioridades para sus vecindarios. En general, las prioridades para los distritos se han mantenido constantes con lo que hemos visto y escuchado que la gente prioriza: fondos para la seguridad pública, la vivienda asequible y nuestras escuelas”.
Se han programado otras asambleas comunitarias para el 28 y 30 de abril, y el 5 de mayo, en distintos puntos de Filadelfia.
Las cifras, presentadas paso a paso en la pantalla frente al salón, contaban la historia de una ciudad que intenta equilibrar prioridades urgentes con recursos limitados. Del presupuesto operativo de 6,7 mil millones de dólares, el 52% se destina a la seguridad pública. Las oportunidades económicas representan el 23%. La vivienda recibe el 15%, incluyendo 22 millones de dólares en el año fiscal 2027 para agregar 1.000 camas en refugios, financiar inspecciones proactivas de alquiler y apoyar nuevas inversiones en vivienda.
La respuesta de la ciudad a la crisis de opioides incluye un compromiso de 211 millones de dólares a lo largo de cinco años, destinado a la red de apoyo para el bienestar de Kensington, Riverside Wellness Village y el Tribunal de Bienestar (Wellness Court). Además, se presupuestan 25 millones de dólares adicionales para iniciativas comunitarias de seguridad pública. Los esfuerzos de limpieza y las áreas verdes representan el 4% del total, que incluye nuevos camiones de saneamiento e inversiones para combatir el vertido ilegal de basura.
Para Gloria Cartagena Hart, esas cifras sobre vivienda no son abstractas. Residente de Kensington y organizadora comunitaria con Kensington Corridor Trust —donde trabaja en el tramo de la avenida Kensington desde Allegheny hasta Tioga—, Hart ha pasado años luchando por la estabilidad que el presupuesto promete, pero que no siempre se cumple. Vivienda, drogas y crimen, dijo, siguen siendo las principales preocupaciones del vecindario. Ella no lo sabe por las estadísticas, sino por experiencia propia.
Su familia vivió la falta de vivienda. Durante meses, ella, su esposo y sus hijos vivieron sin un hogar permanente antes de poder reorganizar sus vidas.
“Me sentía tan sola en ese entonces”, dijo Gloria. “Todas las personas merecen una vivienda digna”.

Después de la presentación, algunos participantes se formaron a ambos lados del teatro escolar y llevaron sus historias al micrófono, transformando una presentación presupuestaria en algo que se sentía como la democracia funcionando como debe. Algunas olvidaron decir su nombre y fueron directo al tema.
Cuando Gloria llegó al micrófono, se mostró con la compostura de alguien que ya ha estado ahí antes, que sabe que el tiempo es corto y que lo que está en juego es alto. Recordó con claridad a las y los concejales que la falta de vivienda puede afectar a cualquiera y que es necesario priorizarla en el vecindario. Le ocurrió a su familia, y estaba decidida a que no volviera a suceder, ni a ella ni a tantas personas como pudiera ayudar.
No todas las personas acudieron con una crisis. Dan Haney, miembro del comité del distrito 42, llegó con una pregunta.
“Me gusta que exista consenso sobre cómo se van a gastar los impuestos”, dijo. “Creo que los servicios no deben recortarse y que la ciudad tiene que buscar dónde reducir el desperdicio, como hacemos con nuestros presupuestos en casa”.
Todd Parker, Director de Comunicaciones y Alianzas Estratégicas de American Paradigm Schools, una red de escuelas charter de Filadelfia, llegó temprano. Dijo que estaba ahí para entender cómo encajan las escuelas charter en el plan de la ciudad.
“Estoy aquí para escuchar y mantenerme informado sobre el progreso de las escuelas en Filadelfia”, afirmó.
Las filas a ambos lados del salón se mantuvieron largas hasta el final. El Concejo Municipal había prometido que el presupuesto reflejaría lo que escucharan. Gloria Cartagena Hart ya conoce su respuesta. La dio al micrófono, en una escuela que lleva el nombre de una poeta que escribió sobre la lucha y la supervivencia, a una cuadra de la calle dorada donde su comunidad siempre ha encontrado la manera de resistir.
“Me sentía tan sola en ese entonces”, dijo. “Todas las personas merecen una vivienda digna. Y ahora soy una organizadora comunitaria ayudando a que otras personas también tengan eso: un hogar digno”.