Casa de Venezuela Philadelphia, respondió a las preguntas enviadas por la redacción de Impacto, las cuales reflejan las inquietudes de la comunidad venezolana en el área de Filadelfia, destacando sus esfuerzos para canalizar ayuda humanitaria, acompañar a la diáspora y fortalecer redes de apoyo frente a la emergencia que atraviesa el país.
¿Qué tipo de apoyo están brindando actualmente a las comunidades venezolanas?
Actualmente estamos brindando apoyo humanitario enfocado principalmente en salud, atención médica de emergencia y rehabilitación física. Desde Casa de Venezuela Philadelphia hemos participado en acciones de recaudación de fondos, recolección de medicamentos e insumos médicos, compra de equipos respiratorios, kits quirúrgicos, materiales para la fase aguda de atención y equipos ortopédicos.
También hemos trabajado en coordinación con organizaciones venezolanas en Estados Unidos, médicos venezolanos y organizaciones médicas en la zona, para asegurar que la ayuda responda a necesidades reales y llegue a los centros donde puede tener mayor impacto.
¿Cuáles son las necesidades más urgentes que han identificado en Venezuela?
Las necesidades más urgentes han ido cambiando según cada fase de la emergencia. En un primer momento, la prioridad fue apoyar la remoción de escombros y el trabajo de los rescatistas, por eso la respuesta inicial estuvo orientada a la compra de materiales y equipos para esa etapa crítica.
En esta segunda fase, la necesidad más urgente está relacionada con la atención médica inmediata. Según los reportes recibidos desde Venezuela, se requieren insumos para la fase aguda, equipos respiratorios y apoyos para pacientes con lesiones físicas o en procesos de rehabilitación.
Entre los insumos adquiridos hasta ahora se encuentran suturas, gasas, vendas, equipos de vías centrales, microgoteros, macrogoteros, equipos de laparotomía, cánulas de Mayo, nebulizadores y concentradores de oxígeno. También se han identificado necesidades ortopédicas, como sillas de ruedas, andaderas, muletas y botas ortopédicas para niñas, niños, adolescentes y otros pacientes en recuperación.
La tercera fase se irá definiendo en comunicación directa con médicos, organizaciones y personas que están en el terreno en Venezuela. Cada etapa requiere escuchar, verificar y responder a las necesidades reales del momento.

¿Cuáles son los mayores desafíos para reconstruir el país?
Uno de los mayores desafíos es que esta emergencia no ocurre en un país que partía de cero, sino en una Venezuela que ya venía enfrentando una crisis humanitaria profunda, con necesidades acumuladas en salud, servicios básicos, protección social, infraestructura y capacidad institucional.
Reconstruir el país requiere mucho más que buena voluntad. Se necesita coordinación real entre quienes están dentro y fuera de Venezuela, información confiable desde el terreno, logística segura, transparencia, ayuda internacional sostenida y, sobre todo, voluntad política.
También hay que reconocer que Venezuela atraviesa una situación política e institucional muy compleja, marcada por una transición no resuelta, cuestionamientos de legitimidad democrática y una profunda desconfianza en las instituciones. Esa realidad impacta directamente la capacidad de respuesta, la entrada de ayuda, la coordinación nacional e internacional y la reconstrucción a largo plazo.
Desde nuestra experiencia, hemos aprendido que en una emergencia no basta con enviar ayuda. Hay que escuchar a médicos, organizaciones y personas que están en el terreno; identificar necesidades concretas; evitar duplicar esfuerzos; y canalizar el apoyo hacia hospitales, centros de salud, comunidades y pacientes que realmente lo necesitan.
Reconstruir Venezuela va a requerir salud, infraestructura, servicios básicos, transparencia, protección de derechos humanos, acompañamiento comunitario, cooperación internacional y una diáspora organizada. No será una sola acción ni una sola institución. Será un trabajo sostenido, serio, colectivo y profundamente responsable.
¿Qué áreas consideran prioritarias: salud, educación, economía, infraestructura o derechos humanos?
En un país con tantas carencias acumuladas, sería injusto decir que solo una área es prioritaria. Venezuela necesita atención en salud, educación, economía, infraestructura, servicios básicos y derechos humanos. Pero en esta etapa de emergencia, la prioridad inmediata es la preservación de la vida.
Cuando hablamos de preservar la vida, no nos referimos únicamente a sobrevivir. Hablamos de una vida digna, con acceso a atención médica, agua segura, saneamiento, alimentación, refugio, rehabilitación, apoyo psicosocial y protección. Una vida con derechos.
Por eso, nuestra acción directa en este momento se ha concentrado en salud y apoyo humanitario: insumos médicos, equipos respiratorios, apoyo quirúrgico y equipos ortopédicos para personas que necesitan atención urgente o procesos de rehabilitación.
Pero también entendemos que la salud no está aislada. Para que una persona pueda recuperarse y luego reincorporarse a la reconstrucción económica, social y productiva del país, necesita condiciones mínimas de dignidad y seguridad.
A mediano y largo plazo, la recuperación de Venezuela va a requerir la unión de muchos esfuerzos: voluntad política, ayuda internacional, reconstrucción institucional, inversión en servicios básicos, protección de derechos humanos, educación, infraestructura y oportunidades económicas. Ninguna organización puede hacerlo sola. Esto tiene que ser un esfuerzo colectivo, dentro y fuera del país.
¿Cómo puede la diáspora venezolana contribuir a la recuperación nacional?
La diáspora venezolana puede aportar de muchas maneras, pero el primer paso es organizarse. La ayuda es más efectiva cuando no nace de la improvisación, sino de la coordinación, la información verificada y el contacto directo con personas y equipos que están trabajando en el terreno.
Desde nuestra experiencia, la diáspora puede contribuir donando de manera responsable, canalizando recursos a través de iniciativas verificadas, apoyando con logística, conectando aliados, movilizando redes profesionales y amplificando información confiable sobre las necesidades reales del país.
También es fundamental comprender que no toda donación es útil en todo momento. Cada fase de una emergencia tiene prioridades distintas. Por eso insistimos en que la solidaridad debe ser responsable y estratégica. Enviar ayuda sin diagnóstico puede generar más carga logística que soluciones.
La diáspora venezolana tiene una fuerza enorme: puede ser puente, red de apoyo, voz pública y motor de recursos. Pero para que esa fuerza tenga verdadero impacto, necesitamos actuar con orden, transparencia y sentido de responsabilidad colectiva. No se trata solo de ayudar; se trata de ayudar bien.
¿Qué logros concretos han alcanzado hasta ahora?
Uno de los principales logros ha sido la coordinación y organización estratégica entre la Red de Casas de Venezuela en Estados Unidos y organizaciones venezolanas de la región, como Casa de Venezuela Philadelphia, Casa de Venezuela Delaware y Gente de Venezuela Philadelphia. Esta articulación ha permitido responder de forma más rápida, ordenada y responsable ante la emergencia.
En la primera fase, se participó en una recaudación de fondos destinada a la compra de materiales y equipos para la remoción de escombros y el apoyo a rescatistas que trabajaban en Venezuela durante los momentos más críticos.
También se coordinó una jornada de recolección de medicamentos e insumos médicos junto a Gente de Venezuela Philadelphia y Casa de Venezuela Delaware. Estos donativos ya fueron enviados para apoyar las necesidades identificadas en el país.
Además, Casa de Venezuela Philadelphia impulsó una recaudación de fondos para adquirir insumos médicos, equipos respiratorios y apoyos ortopédicos destinados a fortalecer la atención de emergencia y los procesos de rehabilitación en hospitales venezolanos.
Los centros beneficiados por las donaciones e identificados dentro de esta red de apoyo incluyen el Hospital San Juan de Dios, el Hospital Ortopédico Infantil, el Hospital de Pariata en La Guaira, el Centro de Asistencia en Parque del Este, el Centro de Salud en Caribe, el Hospital El Algodonal, el Coliseo de La Urbina, el Parque del Oeste y el Hospital Miguel Pérez Carreño, entre otros.
Para nosotros, estos logros son apenas el comienzo. Sabemos que vendrán nuevas necesidades y que la respuesta tendrá que seguir ajustándose a cada fase de la emergencia. Por eso seguiremos trabajando en acción coordinada con organizaciones venezolanas de la región y con la Red de Casas de Venezuela en Estados Unidos, para estar presentes y apoyar de manera responsable a nuestra población.
¿Hay alguna historia de éxito que ejemplifique el impacto de su trabajo?
Sí. Una de las historias que ejemplifica el impacto de esta labor es el apoyo destinado a niñas, niños y adolescentes atendidos en el Hospital Ortopédico Infantil.
Entre los casos mencionados se encuentra una silla de ruedas pediátrica para una niña de cuatro años que perdió ambas piernas, una andadera para un niño de cinco años que iniciará rehabilitación, muletas para un adolescente en recuperación y una bota ortopédica para un niño de cuatro años con fractura tibio-perineal no desplazada.
Estos casos muestran que cada aporte puede convertirse en una ayuda concreta para pacientes que necesitan atención urgente, movilidad, recuperación física y acompañamiento en su proceso de rehabilitación.
¿Qué mensaje le darían a los venezolanos dentro y fuera del país?
Nuestro mensaje es de compromiso, solidaridad, responsabilidad y esperanza.
A los venezolanos dentro del país queremos decirles que no están solos. Sabemos que muchas veces la distancia puede sentirse como abandono, pero desde la diáspora seguimos atentos, organizados y profundamente conectados con lo que ocurre en Venezuela. Los abrazamos desde lejos, los sentimos cerca y reconocemos el dolor, la incertidumbre y la fuerza con la que siguen enfrentando cada día.
Este es un dolor de todos. Quienes estamos fuera del país no hemos olvidado a Venezuela. No hemos olvidado a nuestras familias, a nuestras comunidades, a nuestros hospitales, a nuestros niños, a nuestros adultos mayores ni al personal médico que sigue trabajando en condiciones difíciles. La distancia no nos desconecta; al contrario, nos compromete más.
A los venezolanos en la diáspora, especialmente a quienes estamos en Estados Unidos, les decimos que no podemos perder el ánimo ni acostumbrarnos al sufrimiento de nuestro país. Esta emergencia no termina con un primer envío ni con una primera jornada de ayuda. Las necesidades van a continuar, y por eso nuestra solidaridad también tiene que ser constante, organizada y responsable.
Cada aporte cuenta, pero la ayuda debe canalizarse con conciencia. No se trata solo de enviar cosas, sino de enviar lo que verdaderamente se necesita, al lugar correcto y en el momento adecuado.
Hoy más que nunca necesitamos mantener viva la fe, la esperanza y la acción colectiva. Venezuela sigue necesitando de todos nosotros. Y mientras haya una familia esperando apoyo, un paciente necesitando atención o una comunidad intentando levantarse, seguiremos presentes, acompañando y ayudando desde donde estemos.
¿Qué se necesita para acelerar la recuperación y el desarrollo de Venezuela?
Para acelerar la recuperación de Venezuela se necesita, primero, entender que no estamos hablando solo de reconstruir espacios físicos o reponer insumos. Estamos hablando de acompañar a un país herido, de cuidar vidas, de devolver condiciones mínimas de dignidad y de sostener a comunidades que ya venían resistiendo una crisis muy profunda.
La emergencia tiene una fase visible, que es la más urgente: atender heridos, apoyar hospitales, enviar insumos médicos, equipos respiratorios y ayudas ortopédicas. Pero después viene una etapa igual de importante y mucho más larga: la rehabilitación, la salud mental, el acompañamiento a las familias, la recuperación de servicios básicos y la posibilidad de que las personas puedan volver a levantarse con dignidad.
También se necesita que la ayuda no dependa solo del impulso emocional del momento. La solidaridad inicial es importante, pero la recuperación requiere constancia. Requiere redes organizadas, instituciones confiables, información real desde el terreno, apoyo internacional, voluntad política y una diáspora que no se desconecte cuando la noticia deje de ocupar titulares.
Desde Casa de Venezuela Philadelphia creemos que la diáspora tiene un papel fundamental, no solo enviando recursos, sino creando puentes, conectando aliados, amplificando necesidades verificadas y acompañando procesos. Quienes estamos fuera del país también somos parte de esta historia, y tenemos la responsabilidad de ayudar con sensibilidad, pero también con orden y transparencia.
Para hablar de desarrollo a largo plazo, Venezuela necesitará reconstrucción institucional, recuperación de servicios públicos, inversión, oportunidades económicas, educación, protección de derechos humanos y condiciones reales para que su gente pueda vivir, trabajar y sanar en su propio país.
Nuestro aporte, desde este momento concreto, es seguir presentes: apoyar hospitales, acompañar pacientes, responder a necesidades urgentes y fortalecer una ayuda humanitaria que no sea improvisada, sino profundamente humana, responsable y sostenida.
¿Qué les da esperanza sobre el futuro del país?
Nos da esperanza ver la capacidad de respuesta del pueblo venezolano, incluso en medio de sus propias necesidades. Ver cómo las comunidades se han volcado a ayudar, cómo médicos, rescatistas, familias, vecinos y organizaciones siguen actuando con una fuerza admirable, nos recuerda que Venezuela todavía tiene un corazón colectivo muy vivo.
También nos da esperanza ver que la ayuda internacional y la diáspora venezolana se han hecho presentes. Desde distintos lugares, muchas personas han entendido que este dolor no es ajeno, que Venezuela sigue necesitando apoyo y que la distancia no rompe el compromiso.
Nos llena de esperanza saber que, aun con el paso de los días, se han logrado rescatar personas con vida. Cada vida salvada es una razón para seguir. Cada paciente atendido, cada insumo que llega, cada familia acompañada y cada gesto solidario confirma que todavía hay posibilidad de levantarnos.
Los venezolanos hemos vivido muchas pérdidas, muchas crisis y muchos golpes. Pero también hemos demostrado una enorme capacidad de resiliencia. A pesar del dolor, seguimos encontrando maneras de sonreír, de organizarnos, de cuidar a otros y de seguir adelante.
Creemos que esa fuerza humana, esa memoria de quienes somos y esa capacidad de responder juntos es lo que puede ayudarnos a reconectar como país, reconstruir desde la dignidad y ser cada vez mejores. La esperanza no está en negar lo que pasa; está en mirar la realidad de frente y aun así decidir no rendirnos.
Las organizaciones venezolanas se han unido para en conjunto apoyar esta recaudación de fondos.