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Votar por “nosotros” no por “yo”

Como suele ocurrir en estos días, recientemente me encontré inmerso en una conversación política. Era el debate de siempre: conservadores contra liberales. La mayoría entendemos que el voto es la base de una democracia, el proceso mediante el cual elegimos a nuestros representantes para que sean nuestra voz y ayuden a crear leyes en beneficio del pueblo. Sin embargo, mientras escuchaba la discusión, recordé un tema al que regreso con frecuencia en esta columna: cómo el clima político actual se ve afectado por la falta de empatía, el aumento del individualismo y una mentalidad que parece decir: “Lo que yo creo es exactamente lo que el mundo necesita en este momento”.

Esa forma de pensar contrasta profundamente con algunos de los momentos más importantes de la historia de nuestro país. El 15 de marzo de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson pronunció su histórico discurso American Promise ante una sesión conjunta del Congreso para impulsar la aprobación de la Ley de Derechos Electorales. En su mensaje hizo un poderoso llamado moral, instando a Estados Unidos a cumplir plenamente con sus principios fundacionales de libertad e igualdad. Johnson enfatizó que garantizar el derecho al voto no era un asunto regional ni partidista, sino una obligación nacional que ponía a prueba la conciencia misma del país. Su llamado a superar la injusticia mediante un esfuerzo colectivo quedó resumido en una frase memorable: “We shall overcome” (“Venceremos”).

Ese espíritu de responsabilidad compartida es algo que aprendí desde muy joven. Como miembro de una familia inmigrante, me enseñaron que la participación cívica y los derechos políticos existen para el bienestar común de nuestras comunidades y nuestras familias. Cada vez que he entrado a una cabina de votación, he intentado emitir mi voto pensando en lo que realmente beneficiaría a mi familia, a mis vecinos y a mi comunidad, dejando de lado preferencias personales o intereses individuales.

Durante la administración de Bill Clinton, cuando era un padre joven criando una familia en crecimiento, apoyé políticas como la Ley de Licencia Familiar y Médica y el Programa de Seguro Médico para Niños (CHIP), iniciativas que respondían a necesidades reales de familias como la mía. Años después, mi familia se benefició directamente de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (Affordable Care Act). En cada uno de esos momentos, mis decisiones estuvieron guiadas no por la lealtad partidista ni por discursos políticos, sino por asuntos concretos que impactaban positivamente a las personas que me rodeaban.

Esto me lleva a la importancia de votar basándose en los asuntos y las políticas públicas, y no en las personalidades. En lugar de apoyar a un candidato porque nos agrada su estilo, su carisma o su retórica, deberíamos examinar cuidadosamente sus propuestas y su posición respecto a los temas que afectan directamente a nuestras familias y vecindarios. Los tres poderes del gobierno fueron diseñados para servir al pueblo, y votar teniendo en cuenta los resultados reales de las políticas públicas sigue siendo una de las formas más eficaces de proteger a nuestros seres queridos y fortalecer nuestras comunidades.

A medida que se acerca la temporada electoral, quizás todos podamos dar un paso atrás y reflexionar sobre nuestras prioridades. En vez de preguntarnos qué me beneficia, preguntémonos qué nos fortalece. Cuando votamos con empatía, responsabilidad y sentido de comunidad, construimos una base más sólida no solo para nosotros mismos, sino también para las generaciones futuras.

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