La postura militar de Estados Unidos ha pasado de un comando estructurado en la defensa hacia uno nuevo orientado hacia la guerra. Se suma la disuasión psicológica implícita en la cualidad del presidente Donald Trump de ser impredecible.
Tener que enfrentar a un presidente que puede ordenar un golpe demoledor, motivado por un simple impulso emocional, multiplica los costos para Pekín al tomar una decisión sobre Taiwán. Esta condición desmantela cualquier noción sobre la existencia de “una ventana de oportunidad” para atacar a la isla.
La disuasión por descabezamiento (muerte de los líderes) no es ya ciencia ficción. Las amenazas de Pekín de “decapitar” el liderazgo de Taiwán, dice el analista Lianchao Han, han abierto un canal de doble vía. Pekín debe saber que, una vez que comiencen las hostilidades, los líderes pierden su privilegio de seguridad. En su lugar, enfrentan el riesgo de ser los primeros en ser eliminados.
Esta amenaza directa a la supervivencia de los que toman las decisiones es un instrumento efectivo de mayor disuasión que una flota de guerra.
Los que piensan que Trump pudiera usar a Taiwán como ficha negociable, subestiman el valor de la isla en los intereses de largo plazo de EE. UU. Taiwán no es solo la llave de la cadena de suministros de semiconductores, sino la piedra angular de la alianza EE. UU.-Japón-Filipinas y un elemento crítico de la defensa nacional norteamericana. Aun si el presidente se inclinara por negociar a Taiwán, la constelación de intereses presentes en el Congreso, el Pentágono y los aliados en el Indo-Pacífico le generarían una fuerza adversa.
Por otra parte, abandonar a Taiwán significaría un colapso para la credibilidad global de EE. UU.
¿De qué lado está el tiempo?
Si la capacidad tecnológica y la innovación son las cartas de triunfo en esta contienda, entonces el tiempo juega a favor de EE. UU. bajo las condiciones de un embargo multilateral de tecnología. Si Xi Jinping ignora la lógica fatal escondida en la narrativa de la “ventana” y decide apostar por ello, lo que le espera no sería la gloria de la reunificación, sino un final auto-infligido.
Coincido plenamente con los planteamientos de Lianchao Han al respecto, pero falta un factor adicional de disuasión: la preparación militar-defensiva de Taiwán, que haría casi imposible que China ocupara físicamente la isla.
La experiencia vista en Ucrania, donde Rusia no pudo ocupar militarmente el país y escasamente ha podido controlar una franja de tierra contigua y a un alto costo en bajas, traslada el análisis comparativo al escenario China-Taiwán.
China tendría que atravesar 80 millas de mar para llegar a territorio taiwanés, una barrera que no ha tenido Rusia. Taiwán es mayoritariamente montañoso, lo cual dificulta el avance invasor y facilita la defensa taiwanesa.
La fuerza aérea de Taiwán es comparativamente superior a la que tenía Ucrania. Eso indica mayor dificultad para el avance de las fuerzas marítimas de China. La enorme logística que requeriría una ocupación de Taiwán enfrenta navegar 80 millas y quedar expuestos a las plataformas de lanzamiento de misiles, diseminadas en las montañas. Sería como “una lluvia” de misiles amenazando constantemente el Estrecho.
Aun cuando las fuerzas chinas lograran ocupar territorio taiwanés, queda la guerra híbrida que los locales podrían desarrollar con guerrillas y explosivos en los bordes de los caminos y carreteras. La cualidad montañosa los ayudaría también. Recordemos el elevado costo de vidas de soldados que sufrió EE. UU. en su ocupación de Irak.
Finalmente, debe incluirse en el análisis el tremendo golpe económico para el régimen chino. Inicialmente, el mercado de EE. UU. quedaría reducido a cero. Las naciones europeas se unirían a EE. UU. en la aplicación de sanciones a China, especialmente en el área de venta de petróleo. La pregunta lógica es cuánto tiempo soportaría China las sanciones con una economía que enfrenta contracciones. Y si queda obligada a negociar una retirada, la victoria se le evapora y la “reunificación” se tornaría en un desastre.
* Luis Zúñiga es exdiplomático y analista político.

