En mis años de trabajo en medios y publicidad, he visto modas ir y venir. Pero el cambio más inquietante que veo en nuestro país hoy día no tiene que ver con la tecnología ni con la política; se trata de cómo se ha ido perdiendo, poco a poco, la empatía humana básica.
Por ejemplo, hoy escuché un anuncio de una compañía de sorteos en el que llamaban “loser” a alguien solo porque dijo que “ganar no lo es todo”. Cada vez que escucho un comercial así, la verdad es que me da hasta un poco de vergüenza ajena.
Trabajé en la industria publicitaria durante muchos años y algo que siempre teníamos claro era evitar marginar o faltar el respeto a nadie con nuestras campañas. De seguro han escuchado la famosa frase atribuida a Michael Jordan, en la que dijo: «los republicanos también compran tenis». Con esa mentalidad, éramos súper cuidadosos con cada palabra que escribíamos. Tratábamos de ser lo más inclusivos posible, especialmente al promocionar marcas que cualquier persona pudiera comprar. Lo que me pareció rarísimo de este anuncio de sorteos es que estos juegos dependen puramente de la suerte. Tus probabilidades de ganar son totalmente al azar, así que no importa si te crees un “ganador” o no.
A veces me pregunto si esa “época de oro” de la publicidad ya quedó atrás. Con la explosión de las redes sociales y de los algoritmos, la publicidad ahora es hiperdirigida. Los anunciantes no solo llegan al consumidor que está listo para comprar, sino que casi te acorralan para que termines de comprar. Y ahora que la inteligencia artificial está tomando el control de la industria, las campañas van a ser aun más personalizadas, si es que eso es posible. Pero, volviendo al anuncio del sorteo, me impresiona lo normal que se ha vuelto, para los creativos, usar la palabra «perdedor» sin ningún tipo de filtro.
No puedo evitar pensar que esto es solo un síntoma de una falta de empatía más profunda en nuestra sociedad actual, algo de lo que hemos estado hablando bastante durante la última década. La publicidad moderna a menudo se siente fría y sin alma porque las marcas dependen demasiado de los datos de un algoritmo y de estrategias de venta agresivas, en lugar de conectar con la cultura y con la gente real. Los estudios de mercado de antes nos demostraban que los anuncios empáticos funcionaban muchísimo mejor; sin embargo, hoy día muy pocas campañas logran conectar las emociones verdaderas con una buena estrategia creativa.
Hace poco escuché un episodio del pódcast Speaking of Psychology titulado «El declive de la empatía y el aumento del narcisismo», con la Dra. Sara Konrath. En la entrevista, ella explica cómo la preocupación y el cuidado por los sentimientos de los demás —valores que tanto nos esforzamos por inculcar a nuestros hijos— brillan por su ausencia en muchos adultos en los Estados Unidos. La ciencia respalda la idea de que la gente se preocupa menos por los demás y más por sí misma. Como profesora de estudios filantrópicos en la Universidad de Indiana y directora del Programa Interdisciplinario de Investigación sobre Empatía y Altruismo, la Dra. Konrath analiza esta transformación social a fondo.
A pesar de todo esto, estoy convencido de que hay esperanza. Aunque ahora mismo muchos anuncios se sientan fríos y estén enfocados únicamente en la venta rápida, hay un grupo creciente de marcas que empieza a apostar por la empatía, las historias honestas y las conexiones humanas reales para recuperar la confianza del público. Aunque parezca que la empatía va en caída libre, nos toca mantener la fe y esperar que más creativos elijan sembrar respeto, empatía y verdadero sentido de comunidad.

