Cuando llega fin de mes, muchas familias latinas hacen lo mismo: revisan las cuentas, calculan cuánto sobra, y ajustan. Un medicamento que puede esperar. El aire acondicionado un poco más arriba de lo que quisieran. Esas decisiones silenciosas, esas pequeñas renuncias cotidianas, tienen un nombre: el costo de vivir en este país bajo la agenda de Trump y la mayoría republicana en el Congreso.
Esta semana, Climate Power y el Center for American Progress publicaron un informe que pone números precisos a lo que nuestras familias ya sienten en el día a día. El resultado es contundente: desde que Trump regresó a la Casa Blanca, los hogares estadounidenses han pagado al menos $2,072 adicionales en gasolina, electricidad y productos afectados por los aranceles. Para los millones de familias que dependen del seguro médico, esa cifra sube a más de $3,569. Y la cuenta sigue corriendo.
Esta realidad es el producto de cuatro políticas concretas, impulsadas desde Washington, que han llegado directamente a nuestros bolsillos. La primera es la guerra de Trump contra Irán. Cuando Trump decidió atacar en febrero de este año, sabía que los precios del petróleo subirían. Lo dijo él mismo. Lo que quizás no anticipó, o no le importó, es que la familia promedio pagaría $285 más en gasolina desde el inicio de esa guerra. En Texas, ese aumento es aún mayor. Y el precio del diésel llegó a un récord de $5.45 por galón en abril, lo que encareció el transporte de todo: desde los alimentos en el supermercado hasta los materiales de construcción.
Los precios de la electricidad siguen la misma tendencia. Mal liderazgo y alza en los precios. El Congreso de mayoría republicana aprobó la llamada «One Big Beautiful Bill», una ley que eliminó los créditos fiscales que incentivaban la energía solar y eólica. Las consecuencias llegaron rápido: las facturas de electricidad han subido un 16% a nivel nacional desde que Trump asumió el cargo. La familia promedio ha pagado $213 más en sus cuentas de servicios públicos. Para nuestra comunidad, ese golpe es todavía más duro: los hogares latinos cargan con una carga energética un 20% mayor que la de los hogares blancos. Eso significa que cuando la electricidad sube, nosotros pagamos más, y sentimos el golpe con más fuerza.
Los aranceles y el supermercado es otra de las razones por las que nuestro presupuesto ha cambiado. Los aranceles de Trump elevaron el precio de todo, desde el café hasta los tomates, las limas y los aguacates que provienen de Centroamérica y Sudamérica. Aunque la Corte Suprema los declaró inconstitucionales, el daño ya estaba hecho. La familia promedio pagó aproximadamente $1,600 más en bienes y productos. Muchos hogares han tenido que racionar la comida o recurrir a bancos de alimentos. Eso no es solo una estadística: es un retroceso en la dignidad de la vida cotidiana.
Finalmente, el seguro médico que ahora está fuera del alcance. Trump y los republicanos dejaron expirar los créditos fiscales que hacían asequible el seguro de salud en el mercado de Obamacare. El resultado: las primas subieron en promedio un 58%. Para una familia de cuatro personas comprando seguro en el mercado, eso significó $1,497 menos en el presupuesto familiar. Muchos tuvieron que elegir entre pagar el seguro o poner comida en la mesa.
Lo que hace tan valioso este informe no es solo que documenta los costos, es que traza una línea directa entre cada uno de estos aumentos y los votos que los hicieron posibles en el Congreso. En cada una de estas decisiones los legisladores republicanos tuvieron la oportunidad de proteger a sus comunidades. En casi todos los casos, eligieron no hacerlo. Y lo sabían de antemano. Los expertos los advirtieron. Las empresas de energía limpia los advirtieron. Votaron igual.
El 66% de los latinos dice que Trump y los republicanos en el Congreso no están enfocados en arreglar la economía. Eso no es una opinión política: es lo que dicen los números en el recibo del supermercado, en la factura de la luz, en la bomba de gasolina.
Trump prometió reducir los costos a la mitad. En cambio, los subió a más del doble para quienes más los necesitaban.
Nuestras familias no pueden seguir pagando esta cuenta. En noviembre, tenemos la oportunidad de elegir representantes que pongan las necesidades de la gente por encima de los intereses de los políticos y sus donantes. Informémonos. Hablemos con nuestros vecinos y familiares. Y recordemos que cada voto cuenta, porque cada voto tiene un precio — o nos ayuda a evitarlo.
*Antonieta Cádiz es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción. Anteriormente, trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue escritora política nacional para Univisión.

