Hola — ¿cómo estás?
Recientemente, un amigo me pidió que llamara a alguien a quien ambos queremos mucho. Ella estaba muy enferma y cuando escuché la noticia, el corazón se me apretó. De pronto algo tan sencillo como hacer una llamada se volvió complejo.
—¿Qué decir?
— “¿Hola, cómo estás?”
Pero yo sabía que no estaba bien. ¿Y si estaba cansada? ¿Con dolor? ¿Emocionalmente agotada? Por días le di vueltas al asunto, imaginando diferentes versiones de la conversación, tratando de encontrar las palabras perfectas. No quería sonar casual, incómodo ni asustado. Mucho menos quería decir algo fuera de lugar.
Me he enfrentado a esto antes. El “¿Cómo estás?” muchas veces suena automático, casi vacío; una frase que repetimos esperando la respuesta típica: “Bien, ¿y tú?”. Pero la vida no siempre está “bien”. Hay personas peleando batallas silenciosas, cargando preocupaciones que no comparten con nadie. Y cuando sabemos que alguien está sufriendo, ese saludo sencillo se vuelve pequeño.
A la familia le decimos “hola, amor”, “bendición”, “¿Qué pasa, mano?”. En el trabajo vamos directo al punto. Pero cuando alguien atraviesa un momento difícil, pensamos demasiado, como si la sanación dependiera de que escojamos las palabras exactas.
Después de tantos días dándole vueltas, por fin levanté el teléfono.
Ella contestó.
Y yo simplemente dije: “Hola”.
La conversación fluyó sola. Con silencios. Con sinceridad. Incluso con un poco de risa. Y entonces entendí algo: nunca se trataba de tener las palabras perfectas. Se trataba de ella. De que por unos minutos se sintiera acompañada, recordada, querida. Yo estaba tan enfocado en qué decir que casi olvidé por qué estaba llamando: para que no se sintiera sola.
Esa fue mi lección.
A veces no necesitamos un guion perfecto ni palabras ensayadas. Solo necesitamos estar presentes. Levantar el teléfono. Enviar el mensaje. Tocar la puerta. Decir “hola”. La mayoría de las veces, la conversación encuentra su propio camino. Y ese simple “hola” puede convertirse en una lucecita en medio de un día difícil.
Todo esto me recordó una canción del cantante español El Arrebato, “Cuando quieras, quiero”. En uno de sus versos dice: “Pero no se trataba de volver a verte. Se trataba de verte volver.”
En este caso, no se trataba de que yo hablara. Se trataba de escucharla a ella.
No esperemos las palabras perfectas. Solo caminemos con compasión, empatía y amor.

