San Juan.- Los escaladores puertorriqueños, ávidos de conquistar las cimas del archipiélago con vistas sublimes al mar Caribe y al océano Atlántico, comenzaron a crear las primeras vías hace menos de 40 años, desarrollando un deporte que tiene un futuro halagüeño, con auge de adeptos y áreas de escalada.
«Hemos visto la comunidad crecer significativamente. Se volvió a resucitar la asociación de escaladores (AEPRI), que se había perdido en un tiempo, y hay gente desarrollando áreas nuevas. Vas los fines de semana y tienes que esperar en fila para hacer algunas vías», explica Bryant Hoffman, de 47 años, cofundador del único rocódromo de Puerto Rico.
Hoffman abrió el espacio El Bloque Bouldering Gym en 2018, una década después de que el primer gimnasio de escalada del archipiélago, que se llamaba Sol y Rock y había comenzado a funcionar en 1998, cerrara por dificultades para sostenerse económicamente.
El cofundador de ‘El Bloque’ indica que el reto ahora sería habilitar más rocódromos en Puerto Rico para instruir a los nuevos alumnos y afirma que «el potencial en la isla todavía está en crecimiento» porque hay «mucha pared virgen».
Cada vez más espacios de escalada
Los inicios en el archipiélago de esta actividad, que es deporte olímpico desde los Juegos de Tokio 2020, se remontan a 1989, cuando unos estadounidenses vinieron a Puerto Rico y contactaron con el escalador local Rossano Boscarino y empezaron a equipar en el Cerro de Las Tetas de Cayey (centro).
El veterano escalador puertorriqueño Rafael Silvestrini, conocido como ‘Ra’ en el mundo de la escalada, cuenta a EFE que, después de Cayey, sus compañeros Boscarino, Reinaldo Medina y Marc se aventuraron a habilitar el área de escalada de Bayamón 1, en la localidad homónima, y también se capacitó el pueblo de Ciales (centro) con Julio Rodríguez.
En 1998 el huracán George arrasó la vegetación del archipiélago y Silvestrini, junto a su amigo William González, descubrió y comenzó a equipar las paredes vírgenes del área de escalada más famosa de Puerto Rico: el Parque Julio Enrique Monagas, de Bayamón (norte).
La primera vía que creó en Monagas fue ‘Vanecos Way’ en la pared de las 9`s, una zona emblemática donde se han desarrollado escaladores como Sebastián Amaral o Wilfredo Rodríguez.
Más tarde, el ascensionista relata que se comenzaron a acondicionar otros espacios como Manatí (norte); Rosario, en el municipio de San Germán (suroeste); Barceloneta (norte), en Juana Díaz o Yabucoa, en el sur.
Un deporte para todos
Mariely Bonilla, de 41 años, se inició en este deporte en 2006 y recuerda que, contándole a ella, eran cinco féminas las que se aventuraban a escalar en Puerto Rico, una de ellas la escaladora Nicole Vidal.
«Muchas de ellas lo que hacían era venir a darle ‘belay’ (asegurar) a sus parejas. Con el tiempo, pues me gusta que eso ha ido cambiando, que hay más mujeres ‘leading’ (liderando). No solamente dando belay y no solamente vienen por acompañar a su pareja», subraya Bonilla desde Monagas, antes de iniciar una ruta con tres escaladoras.
Al alza de las mujeres escaladoras se suman deportistas con diversidad funcional como Orlando Torres, de 52 años, quien en 2015 fue arrollado por un vehículo y perdió una pierna, pero su afán de superación y una prótesis le permitieron volver a escalar.
«El primer día que regresé después del accidente, muchos de la comunidad de escalada vinieron a acompañarme, a ayudarme y todos decidieron escalar con un pie, no usar el pie derecho para ver la dificultad», revive el escalador mientras entrena para el Festival de Escaladores Adaptativos (ACF, en inglés) de Beattyville (Kentucky, EE. UU.).
Para Torres, la escalada es un reflejo de la vida: «Cuando tienes un problema y tienes que decidir si quieres enfrentarlo o si quieres dejarte derrotar por él».

