La participación del presidente Donald Trump en el Foro Económico Mundial de Davos dejó más preguntas que respuestas concretas. Analistas políticos y expertos en relaciones internacionales coincidieron en que su discurso estuvo marcado por mensajes contradictorios y un tono errático, elementos que, según diversos analistas citados por medios internacionales, reflejan una creciente tensión en la coherencia del discurso presidencial.
Durante su intervención, Trump insistió en que Estados Unidos quiere “obtener Groenlandia, incluyendo el derecho, título y propiedad”, aunque aseguró que no recurriría al uso de la fuerza militar para lograrlo.
“No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, afirmó el presidente ante líderes mundiales.
Sin embargo, segundos después, lanzó una advertencia directa a Dinamarca y a los aliados europeos que se oponen a la idea: “Pueden decir que sí, y estaremos muy agradecidos. O pueden decir que no, y lo recordaremos”.
Entre la moderación y la presión
Trump calificó su petición territorial como “muy pequeña” en comparación con el apoyo histórico de Estados Unidos a Europa, recordando el papel estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial y cuestionando a la OTAN por su resistencia a sus aspiraciones.
“Es una petición muy pequeña en comparación con lo que les hemos dado durante muchas, muchas décadas”.
Aun así, el propio presidente reconoció la contradicción implícita en su planteamiento:
“Probablemente no obtendremos nada, a menos que decida usar fuerza excesiva y poder, donde seríamos francamente imparables. Pero no haré eso. ¿OK?”.
Pese a esa negativa formal al uso de la fuerza, Trump pidió abrir “negociaciones inmediatas” para que Estados Unidos adquiera Groenlandia, argumentando que se trata de un territorio clave para la seguridad en el Ártico. “Esta enorme isla no asegurada es, en realidad, parte de América del Norte. Ese es nuestro territorio”.
Reacciones europeas
El ministro de Relaciones Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, dijo estar alentado por el rechazo de Trump al uso de la fuerza militar, pero cuestionó el trasfondo del discurso.
“Es una forma de pensar sobre la integridad territorial que no coincide con las instituciones que tenemos”, declaró. “Groenlandia forma parte de la OTAN. Dinamarca también forma parte de la OTAN y podemos ejercer nuestra soberanía en Groenlandia”.
En la misma línea, el primer ministro británico, Keir Starmer, prometió que el Reino Unido no cederá ante amenazas de aranceles, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, instó a rechazar “la ley del más fuerte”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que cualquier respuesta comercial será “inflexible, unida y proporcional”.
La amenaza arancelaria
Trump anunció que impondrá aranceles a Dinamarca y a otros siete aliados si no aceptan negociar la transferencia del territorio. Las tarifas comenzarían en 10% el próximo mes y podrían subir hasta 25% en junio.
Economistas y expertos comerciales advierten que esta estrategia podría afectar directamente a la economía estadounidense si se rompe el acuerdo comercial con la Unión Europea, alcanzado el año pasado.
Un liderazgo bajo escrutinio
Aunque la Casa Blanca había adelantado que Trump hablaría sobre su plan para reducir los costos de la vivienda en Estados Unidos, ese tema quedó relegado. Groenlandia dominó el discurso, junto con ataques verbales contra Europa y una narrativa que osciló entre el nacionalismo económico y la confrontación diplomática.
Para diversos analistas, lo ocurrido en Davos refleja un patrón de comunicación cada vez más inconsistente, en el que el presidente combina llamados a la negociación con advertencias directas, alimentando la percepción de un liderazgo imprevisible en uno de los escenarios geopolíticos más sensibles del momento.

