Científicos en Ginebra sacaron a algunos antiprotones a dar una vuelta —una muy delicada— en un camión, en una prueba de manejo que no se había intentado nunca y que fue considerada un éxito.
Si esta llamada antimateria entra en contacto con materia real, aunque sea por un instante, será aniquilada en un rápido destello de energía. Por eso, expertos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear, conocida como CERN, durante el transcurso de cuatro horas el martes, sacaron a la carretera unos 100 antiprotones.
Los antiprotones viajaban suspendidos en el vacío dentro de una caja diseñada especialmente y se mantenían en su lugar mediante imanes superenfriados.
Después de sacarlos con cuidado del laboratorio y subirlos al camión, los científicos llevaron la antimateria en un trayecto en vehículo de media hora para probar cómo —si es que es posible— se pueden transportar por carretera estas partículas infinitesimales sin que se filtren. Luego, en la etapa final del martes, los antiprotones fueron llevados de vuelta al laboratorio.
La portavoz del CERN Sophie Tesauri calificó el experimento de exitoso. No estaba claro de inmediato cuántos antiprotones habían sobrevivido a todo el trayecto, pero aproximadamente 91 de 100 seguían allí después del viaje del camión.
La parte difícil: Manipular antimateria, como antiprotones, puede ser un asunto complicado. De acuerdo a cómo entienden hoy los científicos el universo, por cada tipo de partícula que existe hay una antipartícula correspondiente, que coincide exactamente con la partícula pero con una carga opuesta.
Si esos opuestos entran en contacto, se “aniquilan” entre sí, liberando mucha energía, dependiendo de las masas involucradas. Cualquier bache en el camino durante el trayecto de prueba que no fuera compensado por la caja diseñada especialmente podría haber arruinado todo el ejercicio.
El ensayo del martes era un primer paso para cumplir las esperanzas de, algún día, entregar antiprotones del CERN a investigadores de la Universidad Heinrich Heine en Düsseldorf, Alemania, que está a unas ocho horas en condiciones normales de conducción.
Los antiprotones fueron sido encerrados en una caja de 1.000 kilogramos (2.200 libras) llamada una “trampa de antiprotones transportable”. Es lo suficientemente compacta como para pasar por puertas ordinarias de laboratorio y caber en un camión. Utiliza imanes superconductores enfriados a -269 grados Celsius (-452 grados Fahrenheit) que permiten que los antiprotones permanezcan suspendidos en el vacío —sin tocar las paredes internas, que están hechas de… materia.
La masa en la prueba del martes —ligeramente menor que la de unos 100 átomos de hidrógeno— es tan pequeña, dicen los expertos, que el peor resultado posible era la pérdida de los antiprotones. Incluso si llegaban a tocar materia, cualquier liberación de energía sería imperceptible; solo un osciloscopio, que capta señales eléctricas, podría detectarla.
El sistema, según Tesauri, “se supone que debe contener estos antiprotones pase lo que pase: si el camión se detiene, si vuelve a arrancar, si tiene que frenar de golpe —todo eso—”. Aún queda trabajo: La trampa puede contener los antiprotones por sí sola solo durante unas cuatro horas, y el viaje a Düsseldorf es el doble.
El centro con sede en Ginebra es conocido principalmente por su Gran Colisionador de Hadrones, una red de imanes que acelera partículas a través de un túnel subterráneo de 27 kilómetros (17 millas) y las hace chocar a velocidades que se acercan a la velocidad de la luz. Luego los científicos estudian los resultados de esas colisiones.
Pero el extenso y vibrante complejo de experimentos científicos va más allá de simplemente hacer chocar átomos: la World Wide Web, por ejemplo, fue inventada aquí por el británico Tim Berners-Lee en 1989.
La Universidad Heinrich Heine está considerada como un mejor lugar para estudiar antiprotones en profundidad, porque el CERN —con todas sus otras actividades— genera mucha interferencia magnética que puede distorsionar el estudio de la antimateria.
Pero para llevarlos allí, esos antiprotones tendrán que evitar tocar cualquier cosa en el camino.
El Desacelerador de Antiprotones del centro, donde un haz de protones se dispara contra un bloque de metal, provoca colisiones que generan partículas secundarias, incluidos muchos antiprotones. Se describe como una máquina única que produce antiprotones de baja energía para el estudio de la antimateria.
La “Fábrica de Antimateria” del CERN, dicen los responsables del laboratorio, es el único lugar en el mundo donde los científicos pueden almacenar y estudiar antiprotones.
El centro ha estado experimentando con antimateria durante años, y ha logrado avances en la medición, el almacenamiento y la interacción de la antimateria. Hace dos años, el equipo transportó una “nube” de unos 70 protones —no antiprotones— a través del campus del CERN.
Es un procedimiento similar esta vez, excepto que con antiprotones se necesita una cámara de vacío mucho mejor, según Christian Smorra, responsable de un equipo detrás del aparato diseñado para almacenar y transportar antimateria.

