Brayan Rayo Garzon se sentía angustiado. Tras ser detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), comenzaba su cuarto día de aislamiento en una cárcel de Missouri mientras combatía las fiebres y los escalofríos provocados por el COVID-19.
Su solicitud de tratamiento de salud mental se había pospuesto, según muestran los registros, y el personal le prohibió hacer su llamada nocturna a su madre como precaución para evitar la propagación de la enfermedad.
Les rogó a sus carceleros en notas escritas a mano que organizaran una conversación con ella. “Siento en mi corazón que ella está muy preocupada por mí”, escribió.
Un guardia recogió la nota y se alejó. En menos de una hora, según los registros de la cárcel, lo encontraron inconsciente en su celda. Una autopsia determinó que se suicidó.
La muerte de Rayo, ocurrida en abril de 2025, fue la primera en un repunte de suicidios entre los detenidos por el ICE, un hecho que ha alarmado a autoridades de salud pública y expertos en cárceles. Señalaron que el número sin precedentes de fallecimientos por suicidio es un indicio de que las autoridades no supervisan adecuadamente la detención de decenas de miles de inmigrantes atrapados en la agresiva estrategia de deportación del gobierno del presidente Donald Trump.
The Associated Press encontró que al menos 10 detenidos, todos varones, han muerto por suicidio desde que Trump asumió el cargo en enero de 2025, un ritmo que supera ampliamente el crecimiento de la población detenida, según una revisión de datos del ICE, informes de autopsias, dictámenes forenses y registros policiales. Desde octubre, siete muertes han sido clasificadas como suicidios, una cifra que ya es la mayor para cualquier año fiscal en la historia de la agencia. En general, el ICE ha registrado una o ninguna de esas muertes al año.
“Algo está saliendo profundamente mal desde cualquier perspectiva de salud pública o de salud mental”, afirmó el doctor Sanjay Basu, epidemiólogo de la Universidad de California en San Francisco y coautor de un estudio en el que se documenta el aumento de la mortalidad y de las tasas de suicidio entre los detenidos por el ICE. “Este es uno de esos aumentos repentinos y alarmantes”.
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NOTA DEL EDITOR: En esta historia se hace mención del suicidio. Si usted o alguien que conoce necesita ayuda, la línea nacional de prevención del suicidio y crisis en Estados Unidos está disponible por teléfono o enviando un mensaje de texto al 988.
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Nueve de las muertes fueron de hombres hispanos que llegaron a Estados Unidos provenientes de cuatro países, según hallazgos de la AP. Un hombre era ciudadano chino. Su edad promedio era de 32 años. Aunque Trump ha caracterizado a quienes enfrentan la deportación como “lo peor de lo peor”, siete de los 10 no tenían antecedentes de delitos violentos en Estados Unidos.
Los suicidios representan casi una quinta parte de las 51 muertes bajo custodia del ICE desde enero de 2025. La mayoría de esas muertes fueron por causas naturales, y expertos dicen que muchas de ellas se habrían podido evitar con atención médica oportuna.
La secretaria adjunta interina del Departamento de Seguridad Nacional, Lauren Bis, dijo que las muertes por suicidio bajo custodia del ICE siguen siendo “extremadamente raras”.
La funcionaria indicó que el personal de detención sigue protocolos para proteger a los detenidos que muestran señales de autolesionarse y que el ICE exige capacitación anual en prevención del suicidio. Añadió que los detenidos reciben atención médica integral, incluidos servicios de salud mental.
En reacción a la investigación de la AP, el presidente colombiano Gustavo Petro escribió el miércoles en X que la cancillería del país debería emitir una protesta formal por la muerte de Rayo y que el gobierno de Estados Unidos debería “reflexionar cómo la política de inmigración está matando a estadounidenses y a latinoamericanos”.

Existen violaciones a los estándares de detención del ICE, según la investigación
Las razones detrás de cualquier suicidio son complejas, y cada muerte suele tener múltiples factores coadyuvantes, dicen los expertos. Los detenidos por el ICE reportan un estrés intenso después de ser detenidos, miedo a ser devueltos a países donde su seguridad podría estar en riesgo, y frustración y soledad por la incapacidad de comunicarse debido a barreras lingüísticas.
Los detenidos también pueden sentir impotencia por la complejidad que rodea la ley migratoria. A diferencia de quienes están en el sistema de justicia penal, la mayoría de los detenidos no tiene abogados y su detención por infracciones migratorias no pretende ser punitiva.
El ICE se vuelve responsable de su bienestar cuando son detenidos, y los expertos dicen que los centros de reclusión bien administrados deberían tener pocos o ningún suicidio. Eso se debe a que el personal puede tomar medidas para mitigar las probabilidades de que los detenidos se hagan daño al identificar a quienes están en riesgo, brindarles atención y vigilarlos de cerca, explicaron los expertos.
En su investigación, la AP encontró que los centros de detención del ICE han quedado repetidamente por debajo de lo esperado de maneras que violan los propios estándares de la agencia.
En un examen de las 10 muertes por suicidio se reveló que los hombres murieron a lo largo de la red de detención del ICE, incluidos centros administrados desde hace tiempo por contratistas privados y cárceles de condados que recientemente se convirtieron en socios del organismo. La AP encontró que el personal de las instalaciones ignoró señales de angustia, retrasó el tratamiento de salud mental y no vigiló a detenidos que ya habían sido considerados en riesgo. También permitió que los detenidos tuvieran acceso a materiales que podrían usarse para autolesionarse, según la revisión de la AP de informes de inspección de ICE y registros de muertes.
En algunos casos, encarcelaron a detenidos angustiados en aislamiento, lo que puede agravar sentimientos de humillación e impotencia, según expertos.
El ICE ha afirmado repetidamente que evalúa a los detenidos dentro de las 12 horas posteriores a su llegada para detectar padecimientos médicos, dentales y de salud mental.
Al menos tres de las nueve instalaciones donde detenidos por el ICE murieron por suicidio han tenido dificultades para cumplir ese estándar, según informes de inspección de la agencia y registros carcelarios.
El doctor Homer Venters, exdirector médico de las cárceles de la ciudad de Nueva York que anteriormente asesoró al ICE sobre la prevención de muertes de detenidos, calificó de aterrador el aumento de suicidios.
El incremento “refleja fallas en la forma en se opera el sistema, y en particular, fallas en cómo ocurren las primeras etapas de ingreso a detención, de modo que las personas no son evaluadas adecuadamente”, señaló el especialista. “Y luego, si esa evaluación inicial detecta señales de alerta, no se actúa de una manera que reduzca el riesgo de que tengan una muerte prevenible”.
Del cruce fronterizo a la detención
Entre quienes se quitaron la vida había un joven de 19 años originario de México que fue detenido tras una parada de tráfico por una falta menor mientras conducía su scooter.
Otro era un trabajador de restaurante de 36 años que perdió contacto con sus familiares en Nicaragua después de que el ICE lo detuvo en Minnesota y lo envió a un campamento abarrotado en Texas. Un tercero era un hombre de 45 años que cruzó repetidamente la frontera entre Estados Unidos y México de manera ilegal y tenía un largo historial delictivo.
Rayo, quien se quitó la vida tras suplicar hablar con su madre, era un veterano del Ejército colombiano que había trabajado como vendedor ambulante en su país. Una semana después de cumplir 26 años en 2023, su familia cruzó la frontera de Estados Unidos en California. Estuvo detenido durante tres meses antes de que se le permitiera establecerse con familiares en St. Louis, según muestran registros y entrevistas.
Su madre, Adriana Garzon, contó que Rayo se adaptó rápidamente a la vida en Estados Unidos, hacía amigos con facilidad y trabajaba como pintor de casas y repartidor de comida. Quería ahorrar dinero para contratar a un abogado que lo ayudara a quedarse en el país después de que un juez ordenó en 2024 que fuera enviado de regreso a Colombia, explicó.
Fue arrestado en marzo de 2025 por la policía de St. Louis después de que lo sorprendieran usando una tarjeta de crédito robada, que había obtenido de un amigo, en una tienda de vapeo, según registros judiciales. Luego, el ICE lo tomó bajo custodia. En un registro de la agencia obtenido por la AP se clasificó a Rayo como un trabajador manual que representaba un bajo riesgo para la seguridad pública.
El ICE colocó a Rayo en la cárcel del condado de Phelps en Rolla, Missouri, a unos 160 kilómetros (100 millas) de St. Louis.
Los suicidios revelan deficiencias en toda la red de detención del ICE
Las muertes han revelado lagunas en el tratamiento y la supervisión en todo el sistema del ICE, donde la población detenida se ha disparado un 50% hasta llegar a 60.000 durante el segundo mandato de Trump.
Cinco personas murieron en centros administrados por CoreCivic y el GEO Group, socios de detención del ICE de larga data. Un sexto murió en un campamento operado por un contratista sin experiencia que la agencia reemplazó posteriormente. Tres murieron en cárceles administradas por alguaciles, y uno en una prisión federal.
“Nos entristece profundamente y tomamos muy en serio el fallecimiento de cualquier persona bajo nuestro cuidado”, dijo el portavoz de CoreCivic, Brian Todd.
El portavoz de GEO Group, Christopher Ferreira, señaló que la empresa capacita al personal en prevención del suicidio y busca “mantener un entorno seguro y protegido en cumplimiento de los estándares y requisitos establecidos por el gobierno federal”. Funcionarios de las tres cárceles declinaron hacer comentarios o no respondieron a los mensajes.
Leo Cruz Silva, un hombre de 34 años que ingresó repetidamente de manera ilegal al país desde México, sufrió una crisis aguda de salud mental tras su detención luego de un arresto por intoxicación pública el otoño pasado en un suburbio de St. Louis, según muestran los registros.
Durante dos noches en la cárcel del condado de Ste. Genevieve, en Missouri, Cruz gritó, se escondió debajo de su cama y reportó alucinaciones, según un informe del ICE sobre su muerte. Sin embargo, no recibió ayuda con rapidez.
Una enfermera ordenó medicamentos antipsicóticos y planeó conseguirle tratamiento la semana siguiente, se indica en el informe del ICE.
Al tercer día, lo encontraron muerto en su celda.
Chaofeng Ge ingresó en estado de angustia mental bajo custodia del ICE el verano pasado en una instalación de Pennsylvania administrada por el GEO Group, tras haberse declarado culpable de un fraude menor con tarjetas de regalo e intentar suicidarse bajo custodia estatal, dijo David Rankin, un abogado que representa a la familia de Ge.
En cinco días en la instalación, no recibió tratamiento de salud mental ni pudo comunicarse porque nadie hablaba mandarín, afirmó Rankin. Finalmente, Ge quedó sin vigilancia antes de que lo encontraran colgado en un cubículo de ducha.
“Está claro que el ICE ha tomado muy pocas medidas para garantizar la seguridad de estas personas”, sostuvo el abogado. “Parece que quieren hacer este proceso lo más cruel e inhumano posible. Es completamente inaceptable”.
En Camp East Montana en El Paso, Texas, Victor Diaz, de 36 años, murió en enero por suicidio en una sala de retención médica, según un informe del ICE. Lo habían trasladado a aislamiento después de reportar acoso por parte de otros detenidos, indicó el informe.
Días antes, en la misma instalación, Geraldo Lunas Campos murió por asfixia después de que el ICE dijera que los guardias lo inmovilizaron tras un intento de suicidio. Un médico forense clasificó su muerte como homicidio y funcionarios del gobierno de Trump dijeron que el FBI investiga las circunstancias.
Inspectores del ICE visitaron la instalación en febrero y documentaron 49 violaciones a los estándares de detención en la que en ese momento era la mayor instalación de la agencia destinada a ese propósito, según su informe.
En el informe se encontró que el personal no registró las “revisiones requeridas para prevenir autolesiones significativas y suicidio”, mientras que los inspectores hallaron herramientas y equipos sin asegurar y sin control en toda la instalación que podrían usarse para causar daño. Las llamadas al 911 muestran que varios detenidos más habían intentado suicidarse allí.
En el momento de las muertes y las inspecciones, Acquisition Logistics era el contratista que operaba la instalación. Desde entonces, el ICE ha reemplazado a la empresa por otro contratista. Acquisition Logistics no respondió a los mensajes en los que se solicitaban comentarios.
El detenido pasó sus últimos días enfermo y aislado
La cárcel del condado de Phelps había empezado a recibir detenidos del ICE un mes antes de la llegada de Rayo. El alguacil Michael Kirn, republicano en un condado donde los votantes apoyaron abrumadoramente la reelección de Trump, dijo a los comisionados que el presupuesto de su departamento estaba resentido y que asociarse con el ICE podría generar millones de dólares en ingresos.
Los registros muestran que los problemas de Rayo comenzaron de inmediato. A la cárcel le tomó 35 horas realizar la evaluación médica inicial que el ICE promete en un plazo de 12 horas, según registros carcelarios obtenidos por la AP en virtud de la ley de acceso a registros públicos.
Rayo presentaba dificultad para respirar y le dijo a una enfermera que se sentía ansioso y quería recibir tratamiento de salud mental.
Una enfermera que no hablaba español usó un “traductor de mano” para evaluar a Rayo y concluyó que él negó tener pensamientos suicidas y depresión, según los documentos recopilados por la Patrulla de Carreteras del Estado de Missouri durante una investigación sobre la muerte del detenido.
Ella recomendó que se lo integrara en la población general, diciendo que su condición física y mental eran estables, según los registros. Y lo derivó para una cita rutinaria de salud mental.
Dos días después, reportó dolor de cabeza y dolores corporales. El personal se enteró de que había dado positivo a exposición a la bacteria de la tuberculosis. Fue enviado a un hospital, donde le diagnosticaron COVID-19. Regresó a la cárcel al día siguiente.
La cita de salud mental fue programada pero cancelada debido a “tiempo de clínica de salud mental y personal”, según muestra un registro de la cárcel. Dos días después, volvieron a cancelar su cita, esta vez mencionando su infección por coronavirus.
Los retrasos violaron un estándar del ICE que exige tratamiento de salud mental dentro de una semana después de una derivación.
Bis, la portavoz del Departamento de Seguridad Nacional, dijo que Rayo recibió “atención médica de alta calidad durante su tiempo bajo custodia de ICE”.
Para aliviar su ansiedad, Rayo llamaba a su madre antes de dormir para compartir una bendición católica. La madre, cuyo nombre de pila, Adriana, estaba tatuado en el brazo de su hijo, dijo que ella le daba fuerza.
A medida que la salud Rayo empeoraba con náuseas, escalofríos y dolores, el personal lo trasladó a una celda de aislamiento de bloques de cemento con una cámara de vigilancia en el techo para una supervisión más estrecha y para evitar la propagación de la enfermedad. No se le permitió llamar a su madre.
En su cuarto día de aislamiento, Rayo deslizó dos notas por debajo de su puerta, suplicando a los guardias que lo dejaran hablar con su mamá. En una, que fue revisada por la AP, apeló a la humanidad del guardia diciéndole, “Yo sé que tú tienes familia y sabes que ellos se preocupan por nosotros”, escribió. “Que Dios te bendiga”.
El agente, que hablaba inglés, usó el teléfono de un colega para traducir las notas y escribió en un informe que planeaba dar seguimiento.
En menos de una hora, los guardias encontraron a Rayo inconsciente en su cama con una sábana alrededor del cuello.
Los servicios de emergencia intentaron reanimarlo y lo trasladaron a un hospital. Fue entonces cuando un funcionario llamó a la madre de Rayo, para informarle que su hijo estaba en muy mal estado y que sería trasladado en avión a un centro médico de St. Louis. En el hospital, un médico le dio la devastadora noticia: su hijo había muerto.