Impacto

Juneteenth y los 250 años de EE. UU.: una historia incompleta de libertad

Miembros de The Deborah Grand Chapter, Order of the Eastern Star (PHA), desfilan con su vestimenta ceremonial durante la Parada de Juneteenth en Filadelfia. (Foto: Taíno Studios)

Los tambores resonaban en el oeste de Filadelfia mientras bailarines, carrozas, bandas de percusión, organizaciones fraternales, vendedores, familias y grupos comunitarios se reunían el domingo 21 de junio para el Desfile y Festival de Juneteenth 2026 de Filadelfia.

A primera vista, era una celebración. Jóvenes artistas avanzaban por la calle vestidos con colores vibrantes. Los espectadores se alineaban a lo largo de la ruta con sus teléfonos en alto. La música llegaba desde todas direcciones. El desfile partía desde el Mann Center hacia el Parque Malcolm X, donde la jornada continuaba con comida, puestos de venta, espectáculos en vivo, recursos de bienestar, un pabellón juvenil y una exhibición móvil de autos clásicos.

Pero detrás de mi cámara, también se sentía como algo más. Se sentía como un recordatorio.

En una ciudad en la víspera de celebrar los 250 años de independencia estadounidense, Juneteenth nos recuerda que la libertad en este país nunca ha llegado de manera uniforme ni simultánea.

Ese recordatorio pesa más aquí, en Filadelfia, quizás más que en casi cualquier otro lugar. Esta es la ciudad donde se firmó la Declaración de Independencia. Es a donde se dirigen las miradas del país cuando se cuenta la historia de 1776.

Habrá fuegos artificiales, ceremonias, lenguaje patriótico y celebraciones del experimento estadounidense. Todo eso tiene significado, pero si vamos a conmemorar honestamente el 250 aniversario de la nación, no podemos limitarnos a celebrar la promesa de libertad. También debemos decir la verdad sobre quiénes fueron excluidos de ella —y quiénes aún lo están .

Juneteenth conmemora el 19 de junio de 1865, cuando tropas de la Unión llegaron a Galveston, Texas, y anunciaron que los negros esclavizados eran libres. Eso ocurrió más de dos años después de la Proclamación de Emancipación y casi 90 años después de que la Declaración de Independencia proclamara que todos los hombres nacen iguales.

Ese retraso es un punto crucial que con frecuencia ha sido borrado.

Nos dice que la libertad estadounidense siempre ha sido desigual. Siempre ha dependido de la raza, del lugar, del poder, de la ciudadanía, del idioma, del trabajo y de si el país estaba dispuesto a reconocer tu humanidad. La Decimotercera Enmienda abolió formalmente la esclavitud en 1865. La Decimocuarta Enmienda otorgó posteriormente ciudadanía y protección igualitaria ante la ley a quienes nacen o se naturalizan en Estados Unidos. Pero el lenguaje legal y la libertad vivida nunca han sido lo mismo.

Lo sabemos porque las personas aún luchan por vivir con seguridad, por mantener sus hogares, por recibir un salario justo, por acceder a la educación, por proteger a sus familias, por votar sin obstáculos y por sentir que las promesas de este país también fueron escritas pensando en ellas. Para muchos afroamericanos, inmigrantes y familias trabajadoras, la libertad no es una idea abstracta. Es el alquiler. Es la atención médica. Es el aire limpio y el agua potable. Es no ser perfilado. Es no ser desplazado de tu vecindario. Es tener un futuro que tus hijos realmente puedan alcanzar.

Por eso Juneteenth debe ocupar un lugar central en la historia de la independencia de Estados Unidos.

En el Parque Malcolm X, la comunidad negra de Filadelfia ocupó el espacio con alegría y fuerza. Los mayores observaban desde las aceras. Los niños bailaban en la calle. Vendedores ofrecían ropa, joyas, libros, comida y productos artesanales. El escenario Muhammad Ali Way llenaba el ambiente de música. Las familias se reunían bajo los árboles para resguardarse del calor. Cada parte del día recordaba que la libertad se vive en comunidad.

Una de las personas con las que conversé, fue la autora de 10 años My’Kenzie Perry, quien estaba en el festival con su madre, Jessica, compartiendo su libro The Last Generation: A World Where No One Can Reproduce. Jessica me dijo que había asistido para acercar el trabajo de su hija a su comunidad.

Ese momento se sintió importante. My’Kenzie es una niña, pero ya está creando historias sobre poder, control, confianza, resiliencia y esperanza. Allí estaba, como una joven niña negra, sosteniendo su libro en un parque que lleva el nombre de Malcolm X, durante una celebración marcada por la llegada tardía de la libertad. Si el 250 aniversario de Estados Unidos también trata sobre el futuro del país, ese futuro estaba presente en ella.

Para los lectores latinos de Impacto, Juneteenth no debería sentirse lejano. Nuestras historias están conectadas a través del colonialismo, la esclavitud, la migración, el trabajo, la resistencia y la diáspora africana. Muchos de nosotros tenemos ascendencia africana en nuestras familias y tradiciones, incluso cuando nuestras comunidades no siempre lo han reconocido plenamente.

La identidad afrolatina es parte de la identidad latina. Ser latino es provenir de historias moldeadas por raíces indígenas, europeas y africanas, en distintas proporciones y con distintas heridas. En el Caribe, Centroamérica, Sudamérica y aquí en Estados Unidos, la negritud ha influido en quiénes somos.

Eso significa que participar en Juneteenth implica reconocer una responsabilidad compartida. Significa entender que nuestros hermanos y hermanas negros no son solo aliados en la lucha: son familia en el sentido histórico más profundo. Nuestras historias no son idénticas, pero están unidas por barcos, plantaciones, fronteras, idiomas, barrios y la supervivencia.

Como fotoperiodista puertorriqueño y dominicano cubriendo Juneteenth para un periódico de la comunidad latina, sentí esa responsabilidad. No estaba allí para reclamar el día como propio. Estaba para presenciarlo, respetarlo y ayudar a llevar la historia a lectores que necesitan entender que la libertad de la comunidad negra es parte de la libertad de todos.

Esa es la América más completa de la que deberíamos estar hablando en 2026.

No un país que suaviza sus contradicciones o que celebra la independencia, por una parte, mientras ignora por la otra, a quienes siguen luchando por dignidad. No una nación donde la libertad se presenta como un producto terminado porque esa historia es más fácil de vender.

Una verdadera celebración de los 250 años debe ser lo suficientemente valiente para sostener toda la verdad. Debe honrar tanto la Declaración de Independencia como Juneteenth. Debe recordar el papel fundacional de Filadelfia y las comunidades vivas del oeste de la ciudad. Debe incluir a afroamericanos, latinos, inmigrantes, pueblos indígenas, trabajadores, jóvenes, mayores y a todos aquellos que han tenido que exigir derechos que este país decía indiscutibles.

Juneteenth en el oeste de Filadelfia fue alegre, ruidoso, hermoso y necesario. Si vamos a celebrar los 250 años de Estados Unidos, debemos ser honestos sobre las personas que todavía tienen que luchar por la libertad en la que este país dice creer.

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