Durante décadas, la medicina y la sociedad entera cometimos el mismo error: reducir la obesidad a un número en la báscula. Hablábamos de cuánto pesa una persona y casi nunca de qué está pasando realmente dentro de su organismo. Hoy, por fin, esa conversación está cambiando.
La ciencia moderna ha dejado de hablar solo de “obesidad” para hablar de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal, hígado graso y ovario poliquístico como parte de un mismo cuadro. Todas estas señales aparecen mucho antes de que alguien sufra un infarto, un ACV o una insuficiencia renal. Por eso surge una nueva forma de clasificar el riesgo: el síndrome cardiovascular-reno-metabólico (CKM), que amplía lo que antes llamábamos simplemente “síndrome metabólico”.
Este nuevo enfoque propone algo esencial: no medir la circunferencia abdominal, la presión, el azúcar o los triglicéridos como datos aislados, sino entender cómo impactan, de forma simultánea, el corazón, los riñones y el metabolismo.
El sistema contempla cinco estadios, del 0 al 4:
Estadio 0: sin factores de riesgo, el momento ideal para prevenir. Estadio 1: exceso o disfunción del tejido adiposo, sin alteraciones metabólicas aún. Estadio 2: aparecen hipertensión, triglicéridos elevados, diabetes o enfermedad renal crónica. Estadio 3: enfermedad cardiovascular subclínica, sin síntomas evidentes, pero con daño ya en marcha. Estadio 4: enfermedad cardiovascular clínica establecida.
Lo más revelador de esta clasificación es entender que no toda grasa corporal tiene el mismo impacto metabólico. Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener riesgos completamente distintos. Por eso, medir solo el peso, como hacíamos antes, ya no es suficiente. Hoy en consulta evaluamos composición corporal, hemoglobina glucosilada, función renal e hígado graso.
Esta mirada cobra aún más fuerza en una era con tantas herramientas disponibles: terapias incretínicas, intervenciones nutricionales, farmacoterapia, procedimientos metabólicos y endoscopía bariátrica. Tener más opciones significa también más responsabilidad para usarlas con un propósito médico, no estético.
Por eso, en mi práctica y a través del Método Peso Feliz™, insisto tanto en educar antes que en prescribir. El futuro de la medicina metabólica está en intervenir temprano, y en que cada paciente aprenda a medir su progreso no solo en libras perdidas, sino en salud ganada: cuánto por ciento de grasa bajó, si su masa muscular se mantuvo íntegra, si dejó las pastillas para la presión, si revirtió la resistencia a la insulina o el hígado graso.
Ese es el verdadero cambio de paradigma: dejar de preguntar “cuánto peso” para empezar a preguntar “cómo está mi salud”. Así nacen los verdaderos casos felices.
* La Dra. Amny Acosta Then es endoscopista bariátrica, autora bestseller de “Peso feliz: libérate de la presión del peso ideal”, directora de Salutte Clinic en República Dominicana y una de las 50 mujeres más poderosas de Forbes 2024. https://draacostathen.

