Hasta hace tres años, la vivencia de fe de Sara Cabral estaba en sintonía con la de otros jóvenes del sur de Europa: una crianza de “católica, nunca practicante”, con poca relevancia para su vida en las islas Canarias, en España.
Luego escuchó una canción de un grupo religioso juvenil que le hizo sentir como si Dios le estuviera hablando. Se unió al grupo y ahora, además de sus sesiones semanales de adoración con música, Cabral se prepara con entusiasmo para asistir con sus amigos a la misa del papa León XIV en Gran Canaria.
«Te viene la inquietud de un vacío que no sabes cómo llenar,” dijo Cabral, de 26 años, sobre su acercamiento al catolicismo. “Dios te busca primero, pero tú tienes que ir al encuentro”.
En viajes a España este mes y a Francia en septiembre, León encontrará a miles de jóvenes como ella en estos países tradicionalmente católicos pero hoy firmemente secularizados, donde abundan las iglesias históricas y la asistencia a misa es escasa.
Líderes eclesiásticos y algunos expertos ven el éxito de los movimientos juveniles y el aumento de los bautismos de adultos como señales de que algunos jóvenes muestran un nuevo interés por la Iglesia, al tiempo que la desafían a adoptar un mensaje más inclusivo.
«Se acercan con una mirada de sorpresa”, dijo el reverendo Josetxo Vera, portavoz de la Conferencia Episcopal Española. “Es una oportunidad buenísima. Brota del cielo, no de la Iglesia.”
Una caída en la práctica de la fe crea una página en blanco
Vera ha visto cómo muchos adolescentes “aterrorizan” a sus padres ateos al pedir ser bautizados después de tomar conciencia de —y sentirse atraídos por— mensajes cristianos difundidos en la cultura popular, como la estrella del pop catalán Rosalía y su reciente álbum Lux, impregnado de espiritualidad.
Se acercan a la fe en un entorno drásticamente distinto al de sus padres y abuelos.
Hasta 1975, España estuvo gobernada por el general Francisco Franco, un dictador que se alineó con una Iglesia católica profundamente tradicional que aún se recuperaba de la violencia anticlerical de la guerra civil española. Al convertirse en democracia, el país vivió “una especie de divorcio entre la cultura religiosa popular y la cultura religiosa eclesial”, explicó Mónica Cornejo Valle, profesora de religión en la Universidad Complutense de Madrid.
Las procesiones y fiestas religiosas, enormemente populares, han seguido celebrándose en la mayoría de las regiones españolas, y es difícil encontrar un barrio o una aldea sin algún vestigio visible de la desmesurada importancia de España en la historia global de la expansión del catolicismo.
Hay casi 23.000 parroquias católicas activas, pero las nuevas ordenaciones sacerdotales no han empezado a repuntar. La mayoría de los adultos españoles, el 80%, fueron criados como católicos, pero solo el 47% se identifica actualmente como tal, incluido un exiguo 2% que se incorporó a la fe tras crianzas no católicas, según una encuesta del Pew Research Center realizada en 2024.
Solo alrededor del 16% de los católicos españoles va a misa de forma regular, de acuerdo con la encuesta de Pew de 2024, aunque es una obligación para quienes practican la fe.
Uno de los amigos de Cabral en Gran Canaria, José María Marrero, recuerda haber asistido a misa con su madre cuando era niño, “y te encontraba con viejitos”. Su esposa, docente que fue bautizada al inicio de la veintena, le contó que algunos de sus alumnos, en un viaje reciente, vieron una imagen de Jesús y preguntaron: “Seño, este es católico, ¿no?”.
En este contexto, académicos como Cornejo Valle advierten que un supuesto resurgimiento de la religiosidad podría reducirse a un “efecto publicitario” impulsado por un uso hábil de los medios y la cultura popular.
Pero los líderes de movimientos juveniles y de la Iglesia ven una oportunidad en esta página en blanco, especialmente si “transmiten el mensaje de Jesús con alegría, un mensaje muy sencillo de entender”, como lo expresa Cabral.
Los movimientos juveniles crecen con llamados a la pertenencia y la solidaridad
Ese es el caso del grupo al que pertenecen Cabral y otros 35.000 jóvenes, Hakuna, que comenzó a inicios de la década de 2010 en una parroquia de Madrid, cuando un grupo de universitarios organizó una hora semanal de misa, precedida por una breve charla y seguida de un encuentro en un bar cercano.
El movimiento se convirtió en una organización laica oficial de la Iglesia española en 2017 y ha crecido hasta incluir viajes de voluntariado y conciertos, con siete discos publicados de música cristiana, indicó su portavoz, Maca Torres.
“Es el Espíritu Santo; somos los primeros sorprendidos” por el éxito, comentó Torres, y añadió que la mayoría de los miembros son personas que habían dejado de practicar, aunque hay algunos conversos.
En el catolicismo se bautiza a los bebés, pero en el último informe anual de la Conferencia Episcopal Española se contabilizaron más de 13.300 bautismos de personas mayores de 7 años.
Y en Francia, un país cuyo enfoque del laicismo es cada vez más cuestionado por su estricta regulación de la religión en la vida pública, unos 13.000 adultos fueron bautizados en la Vigilia Pascual este año, de los que el 42% tenía entre 18 y 25 años. La Conferencia de Obispos Católicos del país, que proporcionó los datos, señaló que eso equivale a triplicar esos bautismos en comparación con hace 10 años.
El verano pasado en el Vaticano, León animó a una reunión de candidatos al bautismo y recién bautizados de Francia a compartir su experiencia de fe con otros y a dejar que guíe su vida cotidiana.
“Qué alegría ver a jóvenes que se comprometen con la fe y quieren dar sentido a su vida, dejándose guiar por Cristo y su Evangelio”, les dijo León.
El atractivo para los jóvenes, señalan los expertos, parece ser doble: el desencanto con otras instituciones y con la creciente soledad de una vida vivida en redes sociales, junto con una Iglesia que, a partir del papa Francisco, se ha centrado menos en la doctrina y más en la justicia social.
León celebrará una vigilia de oración con jóvenes en una enorme plaza pública de Madrid el 6 de junio, primer día de su viaje a España, pero también visitará más adelante un centro de migrantes en Islas Canarias y una prisión cerca de Barcelona, iniciativas de acercamiento que suelen atraer a jóvenes progresistas.
“No nos parece que haya subido tanto el número de gente joven católica, pero sí nos parece en general que el perfil del joven católico es más comprometido que antes”, indicó Cornejo Valle.
Una búsqueda de sentido que lleva a los bancos de la iglesia
María Salazar, de 23 años, dirige una sede en Barcelona del movimiento juvenil católico global Effetá. Dice que muchos de sus pares buscan distintas formas de espiritualidad, dentro y fuera de la Iglesia.
“Mas que buscar fe, buscamos sentirnos en paz”, expresó Salazar. “Vivimos en una sociedad microondas: todo es inmediato. El Señor no funciona así”.
Aseguró que ha habido “un boom de jóvenes” en su parroquia, que además es uno de los monumentos más visitados de Europa: la Sagrada Familia, la obra maestra inacabada del arquitecto modernista Antoni Gaudí.
Unos 120 de ellos participan en la adoración y en retiros espirituales de fin de semana; en el primero, los organizadores y el rector de la basílica se quedaron despiertos preparando la iglesia hasta bien pasada la medianoche.
También hacen voluntariado para ayudar a los ancianos que van a misa en la cripta y a los turistas internacionales que acuden en masa a los servicios religiosos en el gran templo de arriba, donde el papa celebrará misa el 10 de junio e inaugurará la nueva torre de Jesucristo.
“Ahora lo vamos a ver aquí en casa,” dijo Salazar entusiasmada. “La torre la veo de lejos y veo la casa que el Señor nos dio”.

