Impacto

Mundial 2026: el torneo que ya cambió la historia del fútbol… y todavía no termina

Aficionados asisten al partido de los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Portugal y España en el estadio AT&T en Arlington (Estados Unidos). EFE/ Kenneth Fernández

Cuando el árbitro dio el silbatazo inicial el 11 de junio en el renovado Estadio Azteca, comenzó mucho más que una Copa del Mundo. Arrancó el primer Mundial con 48 selecciones, organizado por tres países y con 104 partidos, una apuesta que durante años estuvo rodeada de dudas, críticas y escepticismo. Un mes después, el balance es claro: el experimento de la FIFA ha funcionado.

No ha sido un Mundial perfecto. Ha tenido problemas logísticos, largas distancias de viaje, polémicas arbitrales y algunas decepciones deportivas. Pero también ha regalado estadios llenos, historias inolvidables, nuevas potencias, emociones inesperadas y una atmósfera que difícilmente se repetirá.

El Mundial 2026 ya puede presumir de haber dejado momentos que pasarán a la historia.

Un joven aficionado estadounidense sostiene un cartel antes del partido de octavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026. (Foto: EFE/BENJAMIN FANJOY)

Lo mejor: un Mundial que volvió a emocionar

Quizá la mayor victoria del torneo ha sido recuperar la sensación de que cualquier cosa puede pasar.

La ampliación a 48 selecciones despertó temores de partidos desiguales, pero ocurrió lo contrario. Equipos que antes apenas soñaban con competir terminaron peleando de tú a tú contra favoritos históricos.

Las gradas también respondieron. Millones de aficionados han llenado estadios en Estados Unidos, México y Canadá, confirmando que el Mundial sigue siendo el evento deportivo más importante del planeta. La asistencia ha roto expectativas y prácticamente todos los encuentros se han disputado ante grandes entradas.

Además, el torneo ha mostrado un fútbol mucho más ofensivo y dinámico que en ediciones recientes, con remontadas, definiciones dramáticas y varios partidos decididos en tiempos extra o penales.

Las grandes sorpresas

Toda Copa del Mundo necesita equipos que rompan los pronósticos, y el Mundial 2026 ha tenido varios.

Jugadores de Cabo Verde se despiden con alegría del Mundial tras caer en emotivo partido ante Argentina. EFE/ Alberto Boal

La historia más conmovedora la ha escrito Cabo Verde. En su primera participación mundialista, el pequeño país africano, con una población inferior a los 700,000 habitantes, pasó de ser un debutante casi desconocido a convertirse en el equipo que conquistó el corazón de millones de aficionados. Su fútbol valiente, ordenado y sin complejos lo llevó a superar la fase de grupos y, ya en los dieciseisavos de final, estuvo a minutos de eliminar a la campeona defensora, Argentina. Los africanos llevaron el partido al tiempo extra y terminaron cayendo 3-2, pero salieron ovacionados y convertidos en el gran cuento de hadas de esta Copa del Mundo.

Erling Haaland. (Foto: EFE/Arquivo/Carlos Ramirez)

Otra de las grandes revelaciones ha sido Noruega. Después de décadas sin protagonismo internacional, la selección escandinava se metió entre las mejores ocho del torneo tras eliminar a Brasil en octavos de final. Con Erling Haaland como referente ofensivo y un equipo cada vez más sólido, los noruegos pasaron de ser una sorpresa a convertirse en candidatos legítimos al título.

Los aficionados de Marruecos celebran tras el partido de octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Canadá y Marruecos, en Houston, EE. UU. (Foto: EFE/SAM WASSON)

Marruecos confirmó que su histórica actuación en Catar 2022 no fue casualidad. Los africanos siguen consolidándose entre las élites del fútbol mundial y alcanzaron nuevamente los cuartos de final tras dejar en el camino a Canadá.

También sobresale Paraguay, que protagonizó uno de los mayores batacazos del torneo al eliminar a Alemania en una dramática definición por penales. Su clasificación demostró, una vez más, la capacidad del fútbol sudamericano para competir de igual a igual frente a cualquier potencia.

Lionel Messi sigue escribiendo capítulos imposibles. Cuando comenzó el torneo muchos pensaban que sería una despedida simbólica.

Con 39 años, Lionel Messi volvió a convertirse en el motor de Argentina. Más pausado, más inteligente y con menos recorrido físico, sigue resolviendo partidos con una naturalidad que desafía la lógica.

Cada aparición del argentino genera una ovación, incluso entre aficionados rivales. En muchas ciudades se han visto camisetas albicelestes mezcladas con las de cualquier otra selección, un fenómeno reservado únicamente para las grandes leyendas del deporte.

Lionel Messi es manteado por sus compañeros tras la victoria en el partido de octavos de final del Mundial 2026 que Argentina y Egipto han disputado este martes en el Atlanta Stadium. (Foto: EFE)

El Mundial más emotivo

Más allá del fútbol, el torneo ha servido como punto de encuentro para millones de familias migrantes.

En Estados Unidos, miles de aficionados mexicanos, centroamericanos, sudamericanos, africanos y europeos aprovecharon el Mundial para reencontrarse con familiares, compartir tradiciones y celebrar su identidad.

Especialmente emotivo ha sido el caso de la comunidad mexicoestadounidense.

En medio de un contexto político complejo y de un ambiente marcado por las redadas migratorias, portar la camiseta de México adquirió un significado que fue mucho más allá del deporte. Para muchos jóvenes nacidos en Estados Unidos, apoyar al Tri fue también una forma de reivindicar sus raíces y fortalecer su identidad cultural.

Fotografía aérea que muestra a aficionados de México reunidos en el Angel de la Independencia previo a un partido por los octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre México e Inglaterra, en Ciudad de México (México). (Foto: EFE/Tomás Pérez)

Lo malo del torneo

No todo ha sido positivo. Uno de los temas más criticados ha sido la enorme distancia entre sedes.

Nunca antes un Mundial había obligado a selecciones y aficionados a recorrer miles de kilómetros entre partidos. Algunos equipos viajaron prácticamente de costa a costa, cambiando constantemente de clima, horarios y condiciones.

También hubo críticas por los elevados precios de hospedaje, transporte y boletos, especialmente en varias ciudades estadounidenses.

La logística terminó favoreciendo a quienes podían permanecer varios días en una misma sede, mientras que muchos aficionados internacionales tuvieron que limitar el número de partidos a los que asistieron.

Otra crítica constante ha sido que, conforme avanzan las rondas decisivas, el torneo pierde parte de su carácter trinacional.

Desde los cuartos de final, todos los encuentros se disputan únicamente en Estados Unidos, una decisión que continúa generando debate entre aficionados mexicanos y canadienses.

Pero la mayor controversia del torneo llegó cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intervino públicamente para pedir a la FIFA que revisara la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun, expulsado durante el partido ante Bosnia y Herzegovina. Tras una llamada de Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, el organismo suspendió la sanción de manera provisional y permitió que el atacante estuviera disponible para enfrentar a Bélgica. La decisión provocó una fuerte ola de críticas y probablemente tenga consecuencias para Infantino.

Artistas se presentan en la inauguración del Mundial en la Ciudad de México. (Foto: EFE/Mario Guzmán)

Tres países, tres formas distintas de vivir el Mundial

Uno de los aspectos más interesantes ha sido comprobar que no existe un solo ambiente mundialista.

México ofreció probablemente la experiencia más pasional.

El Estadio Azteca volvió a demostrar por qué es considerado uno de los templos del fútbol. Cada partido se convirtió en una auténtica fiesta popular, con música, colores, comida y una afición que vivió cada minuto con intensidad.

En las calles, el Mundial se respiró prácticamente durante todo el día.

Canadá, por el contrario, sorprendió por su organización.

Toronto y Vancouver presentaron una experiencia mucho más ordenada, familiar y multicultural, donde aficionados de decenas de países convivieron sin incidentes importantes.

Estados Unidos apostó por el espectáculo.

Las Fan Zones gigantes, los conciertos, las experiencias interactivas y la infraestructura tecnológica transformaron muchos partidos en verdaderos festivales deportivos.

Si México puso el corazón, Canadá el orden y Estados Unidos la magnitud del espectáculo, el torneo demostró que tres culturas distintas pueden convivir bajo una misma Copa del Mundo.

Cristiano Ronaldo llora este lunes tras la eliminación de Portugal en el Mundial 2026. (Foto: EFE/Lavandeira Jr)

El golpe más duro para los anfitriones

El sueño de un campeón local terminó demasiado pronto.

México, Estados Unidos y Canadá alcanzaron los octavos de final, pero ninguno logró instalarse entre los ocho mejores.

Pero paradójicamente, los tres anfitriones ofrecieron algunas de sus mejores actuaciones en años recientes.

México ilusionó a toda una afición con una fase de grupos impecable antes de caer en un vibrante duelo frente a Inglaterra.

Canadá alcanzó por primera vez una fase eliminatoria y dejó sensaciones muy positivas.

Estados Unidos mostró altibajos, pero terminó sucumbiendo ante una Bélgica muy superior.

Por primera vez en este formato, un Mundial organizado por tres países se quedó sin representantes locales antes de los cuartos de final.

Un Mundial que ya dejó huella

Con el torneo entrando en su recta final, el Mundial 2026 ya consiguió algo que parecía difícil: demostrar que el nuevo formato de 48 selecciones puede ofrecer una competencia emocionante, equilibrada y llena de historias humanas. Ha sido la Copa del Mundo de las sorpresas.

Los veteranos que se resistieron a decir adiós tuvieron razón.

Las nuevas potencias dejaron de ser promesas.

Los aficionados que recorrieron miles de kilómetros para seguir a su selección.

Millones de persona durante un mes olvidaron diferencias políticas, culturales o sociales para compartir una misma pasión.

Todavía queda por conocer al campeón.

Pero el verdadero triunfo del Mundial 2026 quizá sea haber demostrado que, incluso con más equipos, más partidos y tres países organizadores, el fútbol sigue teniendo la capacidad de unir al mundo como ningún otro deporte.

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