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Trump destrozó la vieja relación de Canadá con EE. UU. Ahora Carney construye otra en Europa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se reúnen en la cumbre del G7 el 15 de junio de 2026 en Evian-les-Bains, Francia, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a la derecha, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, en primera línea; el canciller alemán, Friedrich Merz, el primer ministro británico, Keir Starmer y el primer ministro canadiense, Mark Carney. (Foto: AP/Julia Demaree Nikhinson/Archivo)

Durante casi cuatro décadas, Canadá construyó su economía en torno a una integración más estrecha con Estados Unidos. Donald Trump ha convertido esa dependencia en una palanca al imponer aranceles, amenazar la soberanía de Canadá y buscar abiertamente trasladar hacia el sur la producción industrial canadiense.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha pasado página. En lugar de volver a las conversaciones comerciales o esperar a que el próximo presidente de Estados Unidos restablezca la vieja relación, está construyendo con urgencia un futuro en el que Canadá dependa menos de Estados Unidos.

Carney acogió la semana pasada la posibilidad de que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea, no como un paso hacia la membresía plena, sino como una forma de reducir la dependencia de Canadá de cualquier país en particular sin ceder el control sobre sus propias decisiones.

“Ahora hay un precio que pagar por el acceso al mercado de Estados Unidos”, afirmó el domingo Carney, y señaló los aranceles, los compromisos de inversión en Estados Unidos y las exigencias de cambios en política interna.

Carney dijo el jueves ante el Parlamento Europeo que los países necesitan suficiente fortaleza económica para impedir que una sola potencia dicte sus decisiones.

Construir opciones más allá de Estados Unidos

El mandatario canadiense llevó ese argumento a una reunión el domingo con el presidente francés, Emmanuel Macron, en Saint-Pierre-et-Miquelon, un territorio francés frente a la costa de Terranova.

“Canadá y Europa construirán una alianza para el futuro que fortalecerá nuestra resiliencia colectiva para que podamos vivir nuestras vidas como elijamos, basados en los valores que compartimos”, declaró Carney junto a Macron.

La agenda implacable de Carney refleja la urgencia de su impulso por construir alternativas a Estados Unidos.

Comenzó la semana pasada en Toronto, donde recibió a algunos de los mayores inversionistas del mundo; voló a Estrasburgo, Francia, para el discurso sobre el Estado de la Unión Europea de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; corrió a Liverpool, Inglaterra, para reunirse con el nuevo primer ministro británico y regresó a Estrasburgo para dirigirse al Parlamento Europeo.

Se reunió con Macron en Saint-Pierre-et-Miquelon antes de volar de regreso a Ottawa para encontrarse con el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre. Está previsto que el lunes inaugure un nuevo periodo de sesiones del Parlamento antes de dirigirse a Nueva York para la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Europa se convierte en la alternativa

Trump ha sugerido que una relación más estrecha de Canadá con la UE podría equivaler a un “acto hostil” y amenazó con “aranceles muy elevados” a Europa si consideraba el movimiento poco amistoso.

Canadá podría convertirse en un ejemplo para otras potencias medianas que intentan evitar que países más grandes las avasallen. En su discurso en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en enero, Carney sostuvo que “las potencias medianas deben actuar juntas”, y advirtió que “si no estás en la mesa, estás en el menú”.

Støre coincidió con Carney el domingo al señalar que los aranceles no deberían convertirse en “un arma para usar contra los países, porque al final todos saldremos perdiendo”.

El próximo gran paso para dar forma a esa relación propuesta es una cumbre Canadá-UE el 29 y 30 de octubre en Montreal.

Deshacer 40 años de dependencia

Para Canadá, eso significa deshacer parte de la dependencia desarrollada durante casi 40 años.

El Acuerdo de Libre Comercio Canadá-Estados Unidos de 1989 y, más tarde, el TLCAN profundizaron la integración, creando cadenas de suministro transfronterizas en automóviles, energía y manufactura. Aproximadamente el 70% de las exportaciones de Canadá iban a Estados Unidos. Europa sigue estando muy lejos de reemplazar el mercado de Estados Unidos.

Carney se retiró de las negociaciones comerciales en agosto en lugar de aceptar condiciones que, según dijo, Ottawa no podía aceptar. Las conversaciones siguen suspendidas, y Carney indicó el viernes que abandonar la mesa fue la decisión correcta.

“Era un negocio fácil, pero significaba que dependíamos demasiado de un solo socio económico», expresó hace poco. «Esa época se acabó”.

El presidente de inversiones quiere «impulsar lo no estadounidense»

Dominic Barton, designado por Carney para presidir Invest in Canada y exdirector global de McKinsey & Co., dijo que la diversificación no significa abandonar a Estados Unidos.

“No podemos contar con ello con complacencia”, comentó Barton. “No se trata de ‘no hagamos cosas con Estados Unidos’. Se trata de impulsar lo no estadounidense. Se trata de ser mucho más ambiciosos en ese lado”.

Barton, exembajador canadiense en China, dijo que Canadá ha sido demasiado introspectiva.

“No somos muy globales”, afirmó, y calificó la presión de Trump como una “sacudida” que Canadá debería aprovechar para construir más empresas globales.

Carney quiere duplicar el comercio no estadounidense durante la próxima década y aspira a un acuerdo de libre comercio con India antes de fin de año. Dijo que el acceso sin aranceles de Canadá a 1.500 millones de consumidores podría duplicarse en seis meses.

Canadá vende la confianza que EE. UU. está perdiendo

Carney intenta convertir las crecientes dudas sobre Estados Unidos como un lugar predecible para invertir en una ventaja canadiense. Su discurso ante el capital global es cada vez más claro: donde los Estados Unidos de Trump emplean aranceles e incertidumbre como palanca, Canadá ofrece estabilidad, Estado de derecho y fiabilidad.

“El bien más codiciado hoy es la confianza”, sostuvo el ministro de Finanzas, François-Philippe Champagne. “El mundo ha cambiado y Estados Unidos ha cambiado. Y creo que el mundo se ha dado cuenta”.

Trump quizá, en última instancia, le haya hecho un favor a Canadá al obligar al país a enfrentar su dependencia, dijo Barton.

“Tal vez dentro de 20 años le agradezcamos a Trump por sacarnos de nuestra complacencia”, señaló Barton. “Aprovechemos el momento”.

La ambición tiene límites. La “membresía asociada” de la UE aún no existe, y Europa no puede reemplazar rápidamente un mercado de Estados Unidos que compra casi tres cuartas partes de las exportaciones canadienses.

Pero Carney no es el único que concluye que Canadá debe depender menos de Estados Unidos.

El ex primer ministro conservador Stephen Harper, de los conservadores en la oposición, dijo que el gobierno “no tuvo más remedio que tomar este camino”.

Esa conclusión fue particularmente difícil para Harper, como “alguien que desde hace mucho tiempo ha sido y se sabe que es un gran admirador de Estados Unidos” y que consideraba la estrecha relación de Canadá con Estados Unidos como uno de “los activos más valiosos de este país”.

El actual gobierno de Estados Unidos ahora considera que la integración económica de ambos países es incompatible con que Canadá mantenga su soberanía, dijo.

“Por lo tanto, para mantener esa soberanía, debemos buscar una menor dependencia de Estados Unidos. Me parece todo muy triste, pero igualmente necesario”, afirmó Harper.

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