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Cientos de personas asisten a funerales de cuatro de las 47 víctimas de ataque de pandilla en Haití

Manchas de sangre en el piso, dejadas por la víctima de un ataque de pandillas en el vecindario de Kenscoff de Puerto Príncipe, Haití, el lunes 24 de agosto de 2026. (Foto: AP/Odelyn Joseph)

Cientos de residentes acudieron el domingo en una iglesia ubicada cerca de la capital de Haití para el funeral de cuatro de las 47 personas que fueron asesinadas por pandillas en un ataque tan brutal que sacudió a un país que lleva años luchando contra la violencia.

Los dolientes se secaban las lágrimas, levantaban las manos y gritaban mientras los ataúdes llegaban a una iglesia en la comunidad agrícola de Kenscoff.

“Agradecemos a todos los que vinieron en solidaridad con las familias que murieron y con quienes perdieron a sus seres queridos», declaró el pastor Jean Robert Dorlus. «Dios abrirá un espacio para recibirlos”.

Hombres armados atacaron Kenscoff el 23 de agosto, matando al menos a 47 personas y secuestrando a más de 50 en medio de la noche, en uno de los peores secuestros masivos de los últimos años en Haití. Los sobrevivientes han organizado protestas mientras culpan a la policía por no haber evitado el ataque, que contradijo la creencia de que la seguridad en el atribulado país caribeño estaba mejorando.

Dentro de la iglesia, la gente se mecía al ritmo de la música góspel. Algunos sollozaban con hombros temblorosos. Había tanta gente en la iglesia que decenas de personas no pudieron ingresar y vieron los servicios desde las ventanas mientras rendían homenaje a quienes estaban siendo velados: una madre, un padre y su hijo, y un hombre de 70 años a quien los pandilleros prendieron fuego.

“Los conozco desde hace mucho tiempo”, comentó Yvon Marleus, residente de Kenscoff que perdió a un primo durante el ataque. “Son personas respetadas en la comunidad”.

La policía «no actuó a tiempo para detener la masacre”, alegó Marleus.

La Policía Nacional de Haití ha dicho que ordenó una investigación para establecer los hechos y si el ataque fue producto de “complicidad o negligencia”.

Fuera de la iglesia, civiles montaban guardia con armas automáticas, listos para repeler cualquier nuevo ataque de las pandillas con la ayuda de agentes de policía apostados cerca del lugar.

Jean Calixte Juste, un residente de Kenscoff, contó que él y dos primos tuvieron suerte en sobrevivir.

“Estuve a punto de morir”, recordó. “Casi me caigo a un barranco mientras corría. Ha sido la peor noche que he vivido”.

No conocía a las cuatro personas que estaban siendo veladas el domingo, pero dijo que quería honrar su memoria.

De momento se desconoce cuándo podrían realizarse los funerales de las otras víctimas.

El papa León XIV condenó la masacre el domingo.

“Expreso mi cercanía en la oración a las víctimas y a sus familias y pido que todos los rehenes sean liberados sin demora», subrayó. «Hago un llamado sincero a todos los responsables para que asuman un compromiso concreto de garantizar la seguridad de la población y poner fin a toda forma de violencia”.

Marta Hurtado, portavoz de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, dijo que en el ataque del 23 de agosto participaron cerca de 150 pandilleros fuertemente armados. Señaló que primero asesinaron a 13 personas que intentaron huir y luego persiguieron a otras 50 que se refugiaron dentro de una iglesia.

“Después de obligarlas a salir del recinto, ejecutaron a 22 de ellas en el patio de la iglesia y a otras 12 detrás de la iglesia”, explicó.

Decenas de personas resultaron heridas, y más de 2.600 quedaron sin hogar.

Las pandillas dejaron en libertad a seis niños y siete mujeres luego de una intervención de líderes comunitarios y la UNICEF, pero decenas siguen secuestrados.

Las pandillas controlan aproximadamente el 70% de la capital Puerto Príncipe y extensas zonas de la región central de Haití. También buscan apoderarse de territorio en Kenscoff.

En total, la violencia de pandillas ha desplazado a casi 1,5 millones de personas en los últimos años en todo Haití, donde se reportó la muerte de más de 3.050 personas de enero a junio, según estadísticas de la ONU.

“Estoy listo para irme”, dijo Juste, uno de los residentes. “Porque después de esto, no creo que podamos sobrevivir a otro gran ataque”

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