Al menos 655 millones de personas en el mundo seguían sin acceso a la electricidad en 2024 y unos 2.000 millones continuaban utilizando combustibles y tecnologías contaminantes para cocinar, una situación que evidencia que el mundo no avanza al ritmo necesario para cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) de acceso universal a la energía para 2030.
Según un informe conjunto publicado este miércoles por ONU-Energía, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el acceso mundial a la electricidad se estancó en el 92 % en 2024. Además, el ritmo de crecimiento anual se redujo a la mitad respecto a la década anterior.
África subsahariana concentra la mayor parte de las carencias: más de 560 millones de personas carecen de electricidad y cerca de 970 millones no tienen acceso a sistemas de cocina limpia.
Los autores del informe advierten también de que será necesario «triplicar el ritmo de electrificación» para alcanzar la meta de acceso universal en 2030. Estiman que, de mantenerse las tendencias actuales, unos 1.800 millones de personas seguirán dependiendo de combustibles contaminantes como carbón, leña, queroseno o carbón para finales de esta década.
Con todo, el informe sí destaca avances en energías renovables, que representan ya más del 30 % de la generación mundial de electricidad, mientras que la capacidad renovable alcanzó un récord global de 544 vatios por persona.
Sin embargo, hay fuertes desigualdades: los países de bajos ingresos disponen de apenas 33,6 vatios renovables por habitante, frente a los 1.224 vatios de las economías más desarrolladas.
El informe también alerta de que la mejora en eficiencia energética sigue siendo «insuficiente», y que el avance de la intensidad energética cayó del 2,4 % en 2022 al 1,5 % en 2023, lejos del nivel necesario para cumplir los objetivos.
La financiación constituye otro obstáculo importante, agrega el informe. Los flujos públicos internacionales destinados a energía limpia en países en desarrollo apenas crecieron hasta 24.600 millones de dólares en 2024, mientras que la ayuda dirigida a los países menos desarrollados cayó un 11 %, hasta 3.700 millones.
Los organismos reclamaron «mayor liderazgo político, más inversión y apoyo específico para las comunidades más vulnerables» para hacer que la energía sea «asequible y sostenible», lo cual es «clave para el desarrollo económico, la salud pública y la seguridad energética mundial».

