Mientras las políticas y amenazas del presidente de EE. UU., Donald Trump, protagonista del foro Davos esta semana, parecen alejar a Washington de algunos de sus socios tradicionales, China se ha mostrado contenida en crisis como las de Gaza, Venezuela o Groenlandia, una aparente inacción que ha contribuido a expandir su esfera de influencia más allá de Asia.
El desfile de visitas de los últimos meses, en los que han pasado por Pekín los líderes de Francia o Canadá y lo harán en breve los del Reino Unido y Alemania, puede leerse como rédito de la apuesta por el multilateralismo del gigante asiático frente al «Primero, América» que enarbola el presidente Donald Trump.
En el caso del primer ministro británico, Keith Starmer, la visita se producirá después de que su Gobierno haya dado luz verde a la nueva embajada de China en Londres, un mega-proyecto polémico por las implicaciones de seguridad de su ubicación y al que a la oposición interna se sumaba también la de EE. UU.
Contrastes en Davos
El Foro Económico de Davos (Suiza) que se celebra esta semana ha sido también un escenario clave en el que se han puesto de manifiesto tanto las estrategias radicalmente opuestas de Washington y Pekín como sus consecuencias.
Países de peso que en los últimos años marcaron distancias con China, como Canadá o Francia, han tendido estos días la mano al gigante asiático al mismo tiempo que los asistentes eran testigos de un nuevo bandazo de Trump en sus pretensiones sobre Groenlandia, que amenazó con invadir.
Desde Davos, el viceprimer ministro y jefe negociador chino He Lifeng defendía en su caso la globalización económica, pedía que las reglas se apliquen «a todos» y alertaba contra un retorno a «la ley de la jungla, donde el fuerte intimida al débil».
La polémica con Groenlandia, junto con la intervención en Venezuela y la política hacia Irán «acabarán dinamitando las alianzas tradicionales» de Washington, dice a EFE el profesor Hung Wing Lok de la Universidad China de Hong, quien recuerda que China lleva tiempo encaminando sus acciones a «postularse como una alternativa al orden global liderado por EE. UU.».
Frente a una Unión Europea que ha cerrado filas ante las pretensiones de Trump respecto a Groenlandia, las aguas con China van volviendo a su cauce, al menos en asuntos comerciales que habían tensado los vínculos, como el de los vehículos eléctricos chinos, en el que Bruselas y Pekín han alcanzado un acuerdo de precios mínimos.
Pescar sin mojarse
«China se está beneficiando de mantener un perfil bajo en muchos de los temas de actualidad», dice Hung, quien lo ve comparable a la estrategia de «lograr pescar sin mojarse las manos».
Las oportunidades que abren las disputas comerciales entre EE. UU. y la UE, lo sucedido con la embajada china en Londres, o el pragmático giro de timón que supuso la reciente visita a Pekín del mandatario canadiense, Mark Carney, son algunos de los ejemplos que cita Hung, experto en política exterior China.
Estados Unidos «perderá su clara ventaja sobre China en las relaciones estratégicas con los grandes poderes» para 2035, considera el profesor Yan Xuetong, decano del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tsinghua en su recién publicado libro «Inflexión de la historia: Configuración y Orden Internacional 2025-2035».
Yan, una de las voces más influyentes de la academia china en relaciones internacionales, prevé que en la próxima década Washington verá recortado su peso global, especialmente en materia económica, si bien cree que mantendrá una red de aliados de seguridad mayor que la de Pekín.
La predicción del académico está en línea con el Asia Power Index que elabora anualmente el australiano Instituto Lowy, según el cual «EE.UU. está perdiendo terreno en Asia», donde las políticas de la administración Trump y su guerra comercial indiscriminada han tenido un efecto negativo que ha beneficiado a China.
En 2025 la distancia entre las dos potencias disminuyó hasta su margen más estrecho en un lustro (puntuaciones de 80,5 EE. UU, 73,7 China y 40 la India), con China «bien situada para capear las políticas económicas coercitivas de EE. UU. y posicionándose con éxito como un socio fiable en medio de la incertidumbre sobre la postura estadounidense hacia Asia».
Mientras, el analista de asuntos exteriores singapurense Ja-Ian Chong, dice a EFE que China ha ganado ante los ojos del mundo por la habilidad que ha mostrado para resistir la presión estadounidense y por la impresión de «consistencia, fuerza y resiliencia».
«Para 2035, tener que elegir bandos entre China y Estados Unidos en asuntos concretos probablemente será un fenómeno internacional normalizado», resume Yan Xuetong.

