Rachel Kidman experta en estudios de niños y jóvenes en situaciones adversas. Cortesía.

Varios expertos compartieron un modelo estadístico reciente, que muestra que alrededor de 40,000 niños han perdido a su padre o a su madre debido a la pandemia en el país. El estudio estima, por primera vez, el aumento en las tasas de orfandad a nivel nacional. Estos resultados se publicaron en la revista JAMA Pediatrics de la Asociación Nacional de Médicos.

Los autores, Ashton Verdery, profesor de la Universidad del estado de Pensilvania, Rachel Kidman de la Universidad Stony Brook de Nueva York, Rachel Margolis de la Universidad de Western Ontario en Canadá y Emily Smith-Greenaway de la Universidad del sur de California, pusieron de manifiesto la necesidad de apoyo inmediato a estos huérfanos.

La muerte repentina del padre o la madre por COVID-19, puede ser traumatizante en particular para los niños, los cuales tienen un mayor riesgo de suicidio, de aflicción traumática, depresión y bajo desempeño académico. Consecuencias que pueden persistir hasta su edad adulta. Se estima que hay de 37,300 a 43,00 niños afectados, un dato asombrosamente mayor, en comparación con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, que dejaron a 3,000 niños sin uno de los padres. De acuerdo con este estudio, los niños negros han sido los más afectados y de manera desproporcionada, ya que ellos representan solo el 14% de la población infantil de los Estados Unidos, pero el 20% de los que han perdido a uno de los padres por la pandemia.

Según los profesores expertos, se necesitan reformas nacionales de gran alcance que aborden los efectos colaterales en términos de salud, educación y economía que afectan a los niños. También deben recibir el apoyo para ayudarlos a lidiar con su aflicción. En una carta de opinión conjunta al editor del diario The Washington Post, la epidemióloga social doctora Rachel Kidman expresó que las consecuencias de la pandemia de COVID-19 para los niños —desde la violencia física intensificada hasta la inseguridad alimentaria— dejarán una marca en esta generación. “Mostramos que los niños han tenido la creciente experiencia del fallecimiento de uno de los padres, lo cual puede tener consecuencias severas y duraderas”, precisó.

Lo que la pandemia se llevó 1
Fotos ilustrativas de cottonbro, (Pexels).

Debido a la crisis de salud en curso, los niños por lo general, no se han podido reunir con los familiares y amigos que de manera regular brindan apoyo y confort. Los niños que no asisten todo el tiempo a la escuela también carecen del apoyo social de amigos, maestros y consejeros que les pueden ayudar en su dolor intenso.

La doctora Kidman enfatizó que el país necesita movilizar ahora recursos, y realizar esfuerzos para monitorear esta población infantil tan afectada y vulnerable por la pérdida de sus seres queridos. “Ahora mismo, los niños necesitan que se reabran las escuelas para que puedan socializar con sus amigos y tener acceso al apoyo, tales como intervenciones que les ayuden con su aflicción y su salud mental”, declaró la epidemióloga social.

El número de jóvenes haciendo frente a los fallecimientos de sus familias es todavía más grande cuando otros parientes, como los abuelos, han muerto por la pandemia. Con base en modelos publicados por la Academia Nacional de las Ciencias, los autores del estudio calcularon que dos millones de niños han perdido por lo menos a uno de los abuelos debido al COVID-19. Esta muerte súbita de los parientes ha dejado a los jóvenes en duelo y en gran riesgo por su seguridad, en especial aquellos niños que dependen de miembros de su familia cercana como sus cuidadores primarios.

Muchas de las propuestas de las políticas del presidente Biden abordan los daños colaterales causados por la muerte de los padres, tales como la inseguridad alimentaria y la ausencia de cuidado infantil asequible y de alta calidad. Sin embargo, en la lista de prioridades de los autores del estudio, está el brindar los recursos para reabrir con seguridad las escuelas. “Los maestros con frecuencia son los primeros en reconocer las necesidades sociales y emocionales de los estudiantes, y los consejeros están disponibles para dar el apoyo adecuado a la edad de los niños afligidos”. Los expertos concluyeron que se necesitan otras políticas, como el asegurar la expansión equitativa de las vacunas anticovid, lo cual puede ayudar a prevenir más muertes entre los padres de las comunidades marginadas.

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