Durante la primera semana de mayo, las escuelas en todo el país celebran la Semana de Agradecimiento a los Maestros, un momento especial para honrar y mostrar gratitud al pilar de nuestro sistema educativo. Además de celebrar a sus maestros, la Esperanza Academy Charter School (EACS), una escuela chárter K-12 en Filadelfia, también está celebrando su 25.º aniversario.
La academia agradece no solo a los increíbles educadores que lideran sus salones, tanto en el pasado como en el presente, sino también a los casi 30 exalumnos que han regresado a la escuela como miembros del personal. La escuela realmente cumple su misión cuando sus exalumnos regresan para educar a la próxima generación de estudiantes.
Tuve la oportunidad de conversar con algunos de estos exalumnos que ahora trabajan con estudiantes que recorren los mismos pasillos que ellos alguna vez recorrieron.

Angel Natal, graduado en 2019, ahora es maestro de arte de escuela intermedia en la Academia. Angel se unió a Esperanza Academy en octavo grado y describió su experiencia como transformadora. “Cuando comencé, estar en un edificio recién renovado después de pasar la mayor parte del tiempo en una escuela antigua fue impactante. Ese sentimiento de novedad me impulsó a trabajar más duro”, recordó. “También sentí que los maestros realmente se preocupaban por mí, como si vieran algo en mí, y esa visión especial que tenían de mí hizo que me importara aún más mi trabajo. La única vez que había sentido algo así era con mi familia. Creo que eso me alejó de seguir a amigos que hacían cosas negativas”.
Conociendo de primera mano los desafíos de crecer en Filadelfia, Angel supo desde temprano que quería ser un modelo a seguir y mentor para los jóvenes de su comunidad.
De adolescente, participó como voluntario en programas de verano y dirigió un club de arte en otra escuela local. “Quería mostrarles a los estudiantes a alguien como ellos que está logrando el éxito. Ver cómo reaccionan ante alguien con quien se identifican siempre fue increíble”. explicó.
Desde que decidió dedicarse a la enseñanza, supo que quería regresar a su alma mater, un sueño que se cumplió el pasado agosto. Hoy, los pasillos están decorados con el arte de sus estudiantes. “Enseñar es uno de los trabajos más difíciles, pero también uno de los más gratificantes… no tiene precio”, afirmó.
Aldercy Peralta, graduada en 2014, ahora es maestra de matemáticas en la escuela superior. Siempre quiso ser maestra, pero su experiencia práctica en el programa de educación de maestros de la Academia confirmó esa vocación. “Cuando realmente puedes aplicar todo, eso fue lo que me hizo decidir: esto es lo que quiero hacer”, recordó.
Para Aldercy, regresar a la Academia significa cerrar un ciclo. Hija de padres dominicanos, aprendió inglés durante sus años escolares y fue la primera en su familia en graduarse de la universidad y convertirse en maestra. Hoy, ve reflejada su historia en muchos de sus estudiantes. “Regresar era importante… era como mi misión,” dijo.
Maribel Ramos, graduada en 2015, ahora es maestra de ciencias de 4.º y 5.º grado. Inicialmente quería enseñar en secundaria, pero tras sus experiencias cambió hacia la primaria. Durante la universidad enfrentó momentos en los que se sintió fuera de lugar, pero esos retos la hicieron crecer. Ahora motiva a otros estudiantes: “Si realmente tienes el deseo de enseñar, no dejes que esas situaciones apaguen tu luz”.
Para Maribel, regresar fue como volver a casa. “Ver cómo ha crecido Esperanza me permite ver el impacto que mis maestros tuvieron en mí… y ahora yo puedo impactar a otros”, explicó.
Hayley Robayo, graduada en 2020, es ahora maestra de educación especial de K-3. Su vocación comenzó en el centro de cuidado infantil de su familia. Aunque perdió momentos importantes de su último año por la pandemia, eso no afectó su compromiso con la comunidad. “Quiero ayudar a los estudiantes a creer en sí mismos y recordarles que sus circunstancias no definen su futuro,” señaló.
Además de enseñar, Hayley fundó el primer club de baile de primaria en la escuela y apoya a estudiantes interesados en la enseñanza. “Se siente como cerrar un ciclo y es muy reconfortante,” dijo.
Luis Rosado, graduado en 2011, es ahora asistente de maestro de primer grado. En la escuela superior no pensaba dedicarse a la educación, pero al trabajar con niños descubrió su vocación. Hoy se inspira en maestros que marcaron su vida. Describe la cultura de la escuela como una familia y mantiene vivo el significado de “Esperanza”.