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Día de la Tierra: lecciones ignoradas

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Antonieta Cádiz, directora ejecutiva adjunta de Climate Power En Acción.

Hace 56 años, 20 millones de estadounidenses salieron a la calle a protestar por algo que consideraban esencial: una crisis ambiental severa, con síntomas claros como derrames de petróleo y contaminación del aire y de los ríos. El presidente republicano de aquella época era Richard Nixon, quien abusó de su poder en la Casa Blanca y del poderío militar del país. ¿Suena familiar?

Es peligroso no aprender las lecciones que nos ha dejado la historia. Es dañino que estemos perdiendo la capacidad de recordar y revivir, con humildad, las enseñanzas que otros aprendieron a punta de destrucción e injusticia. Para eso creamos los aniversarios, para recordar. Y hoy es más importante que nunca mirar a ese 22 de abril de 1970 y entender cómo cambió la historia, cuando un 10% de la población de Estados Unidos salió a la calle para exigir cambios en la política ambiental del país.

Ahí nació nuestro conocido Día de la Tierra, que hoy, para mí, es una invitación a recordar cómo generaciones pasadas pudieron mover montañas en un tiempo en el que apenas había televisores a color, sin internet, celulares ni redes sociales. Donde el sufrimiento ajeno conmovía y el bienestar se entendía como algo colectivo, no individual.

Cuando hablamos de medioambiente hoy, estamos viviendo síntomas igual de alarmantes que hace 50 años y en un contexto político bastante similar. Los sistemas diseñados para protegernos están siendo desmantelados a plena vista. Se han debilitado las regulaciones sobre emisiones industriales, se han reducido las protecciones de los cuerpos de agua y se han frenado iniciativas clave para la transición energética y la conservación ambiental.

Además, en un momento en que los desastres climáticos son cada vez más frecuentes e intensos, la propuesta de presupuesto federal para el año fiscal 2027 recorta fondos para programas ambientales, climáticos y de respuesta a desastres a niveles críticos. No son solo números en una página. Son decisiones que definirán quién recibe ayuda y quién se queda atrás.

Para las comunidades latinas, lo que está en juego es aún mayor. Tenemos más probabilidades de vivir en zonas vulnerables a inundaciones, calor extremo y contaminación. También enfrentamos más barreras al buscar ayuda. Cuando ocurre un desastre, no golpea de manera igual, golpea más fuerte donde el apoyo ya es frágil.

Las cifras detrás de estos recortes son alarmantes. La Agencia de Protección Ambiental perdería más de la mitad de su presupuesto, un recorte de 4.6 mil millones de dólares, junto con la eliminación de programas de justicia ambiental de los que dependen muchas de nuestras comunidades. FEMA recortaría 1.3 mil millones en subvenciones de preparación para desastres y reduciría programas de resiliencia en múltiples agencias. NOAA enfrentaría una reducción de 1.6 mil millones, debilitando la capacidad de pronóstico del clima y la preparación ante desastres. Además, la propuesta eliminaría por completo el Programa de Asistencia de Energía para Hogares de Bajos Ingresos (LIHEAP), que ayudó a 5.9 millones de hogares a cubrir costos de calefacción y refrigeración en el año fiscal 2024.

En general, la propuesta reduciría el gasto no militar en aproximadamente 73 mil millones de dólares. Legisladores de ambos partidos han expresado preocupación, calificándola como “moralmente inaceptable” y advirtiendo que prioriza el gasto militar por encima de la protección básica de las familias y del medioambiente.

Es imposible ignorar lo que se está priorizando en su lugar. Mientras se recortan recursos para proteger a las familias y los ecosistemas de incendios, inundaciones, contaminación y calor extremo, el presupuesto aumenta el gasto militar a niveles históricos. Mientras tanto, aquí en casa, las comunidades enfrentan riesgos cada vez mayores, con menos herramientas, menos protecciones y menos garantías de que la ayuda llegará cuando más se necesite.

En Chile se usa la frase “todo tiempo pasado fue mejor”, pero la invitación hoy, en este Día de la Tierra, no es mirar el pasado con nostalgia, sino aprender de él. Darnos cuenta de que generaciones pasadas ganaron ciertas batallas por todos nosotros, porque eran necesarias, esenciales para la vida que tenemos hoy, y lo hicieron juntos. Si ellos pudieron, nosotros también. Usemos nuestra voz.

*Antonieta Cádiz es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción. Anteriormente, trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue escritora política nacional para Univisión.

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