Durante décadas, el deporte ha construido una imagen poderosa: la del atleta invencible. Aquel que nunca se detiene, que convierte el dolor en combustible y para quien descansar parece una señal de debilidad.
Es una imagen inspiradora, pero también incompleta. Detrás de los podios, las medallas y los récords existe una realidad que la ciencia lleva años documentando: el burnout en el deporte de alto rendimiento no es un caso aislado, sino un riesgo creciente para atletas de todas las edades.
En 2019, el Comité Olímpico Internacional publicó su primera declaración de consenso sobre salud mental en atletas de élite. Un metaanálisis publicado ese mismo año situó en el 33,6% la proporción de atletas de élite con síntomas de ansiedad o depresión. Por su parte, la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO) documentó que el 38% de los jugadores en activo presenta síntomas de depresión o ansiedad, y que más del 80% considera no haber recibido el apoyo suficiente para afrontarlos durante su carrera.
El problema tampoco comienza en la élite. La American Academy of Pediatrics estima, en su informe clínico de 2024, que cerca del 70% de los jóvenes abandona el deporte organizado hacia los 13 años. El sobreentrenamiento y el burnout son dos de las principales razones. En muchos casos, estamos agotando a los niños antes de que lleguen a la adolescencia.
No hablamos de atletas cualquiera. Simone Biles, Michael Phelps, Andrés Iniesta y Naomi Osaka son algunos de los deportistas más exitosos de la historia. Todos han hablado públicamente del impacto que el agotamiento mental tuvo en sus carreras.
Tras retirarse de varias finales en los Juegos de Tokio para proteger su salud mental, Biles reflexionó meses después sobre aquella decisión con una frase que cambió la conversación: “Aprendí lo valiente que soy: alzar la voz por mí misma y ponerme en primer lugar”.
Estos testimonios no son excepciones. Son la evidencia de un sistema que durante mucho tiempo confundió resistencia con invulnerabilidad. En el deporte existe un principio ampliamente conocido: el rendimiento no mejora únicamente durante el entrenamiento, sino durante la recuperación. Sin descanso suficiente, el cuerpo y la mente dejan de adaptarse, el desempeño disminuye y aumenta el riesgo de lesiones y agotamiento.
La evidencia lo respalda. Investigaciones lideradas por la especialista en sueño Cheri Mah, de la Universidad de Stanford, demostraron que extender las horas de sueño permitió a atletas universitarios mejorar de forma significativa su velocidad, precisión y tiempo de reacción, sin aumentar la carga de entrenamiento.
La recuperación no es una pausa en el rendimiento. Es el proceso que hace posible el rendimiento. Este cambio de paradigma ya está comenzando a materializarse. Recientemente, la Fundación Real Madrid y Vacation is a Human Right (VIAHR) firmaron un acuerdo de colaboración para impulsar la prevención del burnout y el bienestar emocional en programas deportivos y educativos.
Durante años admiramos a quienes parecían no detenerse nunca. Quizá haya llegado el momento de admirar también a quienes saben cuándo hacerlo. Porque el verdadero alto rendimiento no consiste en resistir hasta romperse, sino en construir una carrera que pueda sostenerse en el tiempo. El descanso no es la recompensa después del éxito, sino una de las condiciones para alcanzarlo.
* María Méndez es presidenta y fundadora de Vacation is a Human Right (VIAHR). Dominicana residente en Nueva York. Ha trabajado con figuras y eventos internacionales como Beyonce, Frank Ocean, Joe Thomas, The Mavericks, Raul Di Blasio, Benicio del Toro y la SuperBowl. https://www.viahr.org/

